Granada dice hoy adiós a la LAC con un plano de buses que aspira a recuperar 10.000 usuarios

Algunos autobuses 'LAC' ya se 'vistieron' ayer de rojo. / RAMÓN L. PÉREZ

La capital estrena el nuevo plano de buses urbanos, en la que es la tercera modificación sustancial desde 1984

Javier Morales
JAVIER MORALES

Este lunes a las 06.20 de la madrugada, el bus número 15 de la línea 4 iniciará su primer viaje con pasajeros. Saldrá del PTS y llegará a la rotonda del Timbre. Y con él entrará en vigor el tercer gran cambio en el plano de autobuses de la capital en 34 años. Granada dice adiós a la Línea de Alta Capacidad (LAC), cuya implantación generó un agujero de 18 millones de euros en las arcas municipales y sacó del transporte público a 10.000 viajeros al día, y da la bienvenida a la línea 4. Además, vuelven las circulares 11 y 21 y la línea C32, Alhambra-Albaicín. En el resto, 14 líneas quedan intactas y cuatro mantienen recorridos anteriores fusionándose con otras.

A grandes rasgos, el área de Movilidad retoma la filosofía y algunas nomenclaturas de la estructura de autobuses que dejó de funcionar en 2014 con la llegada de la LAC. Y que, a su vez, también en lo básico, mantenía las bases del modelo transversal que adoptó la ciudad en 1984.

Por entonces se fraguó el cambio de líneas radiales a transversales. El entonces concejal de Transportes -luego alcalde y ahora presidente de la fundación PTS-, Jesús Quero, remodeló cinco líneas. No sin algún problema: la implantación del nuevo mapa se retrasó unos días a causa de un problema con los folletos informativos. El cambio llegó en el mes de marzo y en diciembre hubo una segunda modificación parcial -aumento de flota y cambios leves en el recorrido- que afectó a tres líneas y que llegó de la mano de la ampliación de los carriles bus en Camino de Ronda y avenida de la Constitución.

Un año más tarde, el Ayuntamiento dio a conocer el conocido como Estudio Integral del Tráfico, un documento que ya advertía de los problemas de circulación y la necesidad de invitar a los granadinos a aparcar el vehículo privado. Hubo 33 propuestas de cambio que iban desde cambios de sentido en las calles, agrupación de las paradas de autobuses interurbanos o mejora de los accesos a los urbanos.

Fue la primera 'revolución' de la movilidad con vistas al final de siglo. Pero en febrero de 2013 llegó el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS), un extenso dosier con el que el tráfico en la capital volvía a pasar examen y replanteaba su futuro con una batería de propuestas que incluía la Línea de Alta Capacidad (LAC) y todos los cambios derivados de su puesta en marcha. Se elaboró para cumplir con la ley de Economía Sostenible, que condicionaba las subvenciones al transporte público desde 2012 a que los ayuntamientos con más de 50.000 habitantes dispusieran de un plan de movilidad sostenible.

De la línea Palacio de Congresos-Villarejo se empezó a hablar en paralelo a la redacción del plan. En 2012 ya se conoció que la intención del PP, con mayoría absoluta en el pleno municipal, era trazar una línea con vehículos híbridos que recogieran a los viajeros de las líneas radiales. Plantearon incluso una línea 'M' que sustituyera al metro hasta su apertura. El objetivo, dijo entonces la responsable de Movilidad, Telesfora Ruiz, era «evitar duplicidades».

El sistema llegó con un año de retraso con respecto a las primeras fechas propuestas, bajo el objetivo de «definir la ciudad de 2025». A finales de 2012 los vecinos de la zona Norte ya expresaron su disconformidad con el boceto del plano de autobuses. Luego levantaron la voz los comerciantes del Centro, que temían que el 'blindaje' del barrio se tradujera en pérdida de clientes. La LAC eliminó 15 líneas de Gran Vía. La directora de la Alhambra, María del Mar Villafranca, también pidió que no se retirara la línea Alhambra-Albaicín, una de las que hoy vuelven a funcionar.

La reordenación obligó a adquirir quince vehículos articulados de 20 metros de longitud, por un total de 7,8 millones de euros aportados por Rober y que la empresa amortizaría en diez años. También hubo que reformar una quincena de paradas para dejar el pavimento a la altura del bus y evitar así las rampas. Además se incorporó el sistema de validadoras externas.

Entró en funcionamiento en junio de 2014 y desde el primer día cosechó críticas, no sólo entre los usuarios habituales, obligados a un trasbordo que incrementaba los tiempos de viaje. Por ejemplo, de los bomberos del Parque Sur tuvieron incluso que llamar a la Policía para que despejara de autobuses la entrada al parque. Los vecinos de La Chana recogieron 2.000 firmas contra la LAC y los del Violón pidieron el traslado de la parada.

En noviembre llegó la primera modificación parcial del mapa que presentaron Telesfora Ruiz y José Torres Hurtado, y varias líneas de conexión norte-sur regresaron a la Gran Vía, donde los medidores habían certificado la reducción de los gases contaminantes. Luego, ya con María Francés como titular de Movilidad, otras dos líneas volvieron a Gran Vía y una tercera cambió su recorrido.

Mientras el equipo de gobierno defendía el ahorro parejo a la llegada de la LAC, la oposición hablaba de agujeros millonarios -18 millones de euros en año y medio- y Rober exigía 1,5 millones para soportar el gasto. En número de pasajeros, la pérdida se cifró en 10.000 viajeros anuales. Los que la actual corporación pretende recuperar con el plano de autobuses que hoy, a las 06.20 horas, entra en vigor.

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