El año que Granada se convirtió en un barrizal

El año que Granada se convirtió en un barrizal

Los daños causados por riadas y trombas de agua en la provincia este 2018 superan ya los treinta millones de euros

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

Este 2018 pasará a la historia por varias cosas. Fue el año en que el legado de Federico García Lorca llegó a Granada. Fue el año en que desapareció cualquier rastro de la emblemática Caja de Ahorros de Granada, fundida en Bankia. Y fue el año en que el Consejo de Ministros aprobará, al menos dos veces, la declaración de zona catastrófica por trombas de agua que han causado más de treinta millones de euros en pérdidas. Sí, este 2018 fue -lo está siendo- el año de las riadas y de las tormentas. Riadas como la del Genil del 18 de marzo, que devastó mil hectáreas de cultivos e infraestructuras agrícolas -cinco millones de euros-, o como la del pasado día 14 en Riofrío, que asoló esta pedanía de Loja -cinco millones de euros en desperfectos, según las primeras estimaciones-. Y tormentas como la de Baza y Cúllar del 3 septiembre, que dañó 7.120 hectáreas de cultivo en la comarca -casi diecisiete millones de euros-. O como la de este miércoles en Granada y el cinturón metropolitano -cuarenta litros en diez minutos- La lista de episodios meteorológicos desastrosos es larguísima: avenida en la Rambla de Baza de Guadix, pedriscos del tamaño de puños en Íllora, crecida súbita del río Moro en Campotéjar, cinco inundaciones en Valderrubio, etcétera, etcétera, etcétera.

Sí, etcéteras 'traducidos' en quebrantos millonarios para el erario público y también para los ahorros de los agricultores, que en muchos casos han sufragado de su propio bolsillo el arreglo de caminos con socavones de hasta un metro de profundidad, de infraestructuras de riego desarmadas por la corriente o de explotaciones agrícolas que se cocieron bajo el lodo. El primero de los expedientes de 'zona afectada gravemente por emergencia de Protección Civil', que así se llama ahora lo que antes se conocía como 'zona catastrófica', la del desbordamiento del Genil, está en la fase final de su tramitación. De hecho, la previsión era que el Consejo de Ministros la abordara este mes. Cuando se termine el peritaje en detalle de lo ocurrido en Riofrío, se iniciará el segundo de los procesos. Estas declaraciones implicarán, básicamente, que se liberarán recursos y que se pondrán en marcha actuaciones por parte de diferentes ministerios.

Granada -y otras provincias- tienen un problema. Un problema que debe analizarse desde una doble perspectiva. ¿Por qué está lloviendo tan fuerte y por qué las consecuencias son tan dañinas? Vayamos con lo primero. José María Sánchez, director del Centro Meteorológico del Aemet en Málaga -que da cobertura a la zona oriental de Andalucía-, comenta que la situación 'anómala', que no excepcional a tenor de los parámetros del clima, se originó a raíz de las intensas precipitaciones que hubo a finales de febrero. La circulación de los vientos del oeste se desplazó hacia latitudes subtropicales. Los frentes entraban una y otra vez por el Golfo de Cádiz. En ese momento se rompió el vértice polar estratosférico. Después se formó un anticiclón en latitudes altas de Europa, que se extendía desde Escandinavia hasta las islas británicas, lo que impedía el paso de las borrascas procedentes del Atlántico que, sin embargo, desprendían lenguas de aire frío que, en última instancia, son las que producen las Depresiones Aisladas en Niveles Altos o Danas en la península. En Granada. Este bloqueo continúa y por eso se repiten con tanta frecuencia las Danas o 'gotas frías' -el miércoles, sin ir más lejos-.

Según José María Sánchez, las Danas han continuado ahí durante estos meses, mientras se iba calentando la tierra por la radiación solar durante el verano. «Esto produce mucha inestabilidad», asegura. Lo más positivo de esta coyuntura es que en junio y julio tuvimos unas temperaturas más moderadas a las que estábamos acostumbrados en el siglo XXI debido al cambio climático. Éste es un vector que también explica la virulencia del tiempo. «Lo que está sucediendo se relaciona con la variabilidad interna del clima, pero la capa de gases de efecto invernadero cada vez es más opaca, con lo que la capacidad de retención del calor es mayor», explica. Es decir, el termómetro cada vez apunta más alto, pero es que la capacidad de la atmósfera para retener la humedad también es mayor. «Hay más 'combustible', por lo que el agua cae con más fuerza», concluye José María Sánchez.

El segundo factor que explica el poder destructivo de los torrentes se relaciona con el mal estado de los cauces. Las corrientes arrastran de todo -electrodomésticos, basura, árboles, piedras...-. Los puentes se obturan, como pasó en Riofrío, y el caudal escapa por donde puede. Muchos alcaldes apuntan a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), aunque el mantenimiento de ramblas, arroyos y ríos atañe a varias administraciones, aunque sea la CHG quien tenga que autorizar las intervenciones. Cuando se trata de zonas urbanas, la responsabilidad es de los ayuntamientos. «Esta competencia está refrendada por jurisprudencia del Tribunal Supremo», recalca el organismo regulador de la cuenca. En tramos que no afecten a vías de comunicación cuya titularidad sea de terceros, la CHG actúa «discrecionalmente, según disponibilidad presupuestaria», asignando los fondos que anualmente se reparten y cuya inversión viene determinada por los criterios de la Comisaría de Aguas atendiendo a la seguridad de las personas, las infraestructuras o la posibilidad de daños en bienes.

Vaya un dato por delante. La CHG ha invertido cinco millones de euros desde 2012 en tareas de limpieza en ocho municipios granadinos. ¿Mucho o poco? Saquen ustedes sus propias conclusiones. Este 2018 la CHG ha actuado en el Río Baúl (Bácor), Barranco del Magón (Albolote), Guadiana Menor (Pozo Alcón), Barranco del Merre (Cijuela), Barranco del Membrillo (Peligros), Río Genil (Fuente Vaqueros), Barranco Hondo y Pensadores (Valderrubio) y Rambla de Baños (Marchal y Cortes y Graena). Lo más habitual son las restauraciones fluviales para disponer del espacio necesario en caso de avenidas -se eliminan barreras transversales y longitudinales-; la mejora de la estructura de la vegetación de ribera; o los trabajos para asegurar la capacidad hidráulica de cauces que han visto reducida su sección.