«Después de cuatro años podré visitar a mi hijo en AVE»

Cientos de vecinos han presenciado la llegada del AVE desde la calle/ALFREDO AGUILAR
Cientos de vecinos han presenciado la llegada del AVE desde la calle / ALFREDO AGUILAR

Más de un centenar de granadinos esperaron en Andaluces para presenciar la llegada del tren

PILAR GARCÍA-TREVIJANOGRANADA

Ver para creer. El AVE ha dejado de ser un deseo para materializarse sobre los raíles de Andaluces bajo la mirada atónita de un centenar de testigos. El viaje –esperado durante dos décadas– ya es una realidad y un aluvión de vecinos acudieron a la estación de Andaluces para comprobarlo con sus propios ojos. Con la misma ilusión que si hubieran viajado rodeados de periodistas e invitados excepcionales en los vagones del convoy, los granadinos recibieron al tren dentro y fuera del recinto. Alegría, regocijo y algún que otro chascarrillo tras las vallas y en la sala de espera de la estación, a la que se podía acceder sin acreditación.

A pleno sol. Entrecerrando los ojos para no quedar deslumbrados, Felisa y Ricardo, matrimonio de 60 años, hacían tiempo al otro lado del cordón policial. Frente a ellos, los agentes nacionales y locales se dispersaban para abarcar todo el perímetro de seguridad. «No sé si ponerme las gafas de sol o pedir unos prismáticos. Desde aquí poco vamos a ver», explicaba Ricardo con socarronería mientras señalaba la explanada de la estación. «Con lo que nos gusta quejarnos a los granadinos, nos vamos a quedar sin ideas para las carocas del Corpus. Después de cuatro años, hoy había que venir. Tenía que comprobarlo con mis propios ojos», respondía Felisa al comentario irónico de su pareja.

Los maquinistas de los AVE en pruebas tampoco se perdieron la puesta en funcionamiento del servicio. Orgullosos, tres partícipes del 'milagro' se plantaron en la puerta firmes. Horas antes los operarios cambiaban Andaluces por el bar 'Primera Estación'. Tras meses de exámenes, Juan y sus compañeros se despedían con un último café de Granada. A partir de hoy, los operarios dan relevo a los nuevos maquinistas. La cafetería y los comercios del barrio nunca habían estado tan vivos. El establecimiento rebosaba clientela y en la plaza hacían su aparición los primeros curiosos.

Delante de la estatua en honor al emigrante, que la ciudad de la Alhambra colocó en 2018 para rendir homenaje a los 60.575 granadinos que durante los años sesenta y setenta se marcharon fuera de la provincia, María José, vecina de Pajaritos, se acordó de su hijo. La granadina imitará a talla de cobre, en la que una familia mira a la estación portando dos maletas, y en unas semanas se subirá a la capital para cuidar a su nieta de tres años. «Hoy he madrugado para ver cómo llega el tren. Después de cuatro años podré visitar a mi hijo en AVE. Me siento más cerca de ellos», señaló emocionada.

Al igual que ella, una multitud de vecinos y curiosos se acercaban en la entrada principal ansiosos por ver llegar a las autoridades. El personal de la estación, periodistas y fotógrafos recogían el billete dorado que les daba acceso al interior de la estación. El tumulto frente a la puerta principal se dispersó. La policía despejó la entrada media hora antes de que la locomotora pisara suelo granadino. Entre el público destacaban las caras de ilusión de Francisca Márquez, de 83 años, y su hijo Agustín Gallardo, que esperaban al presidente Pedro Sánchez en la puerta. Madre e hijo, militantes socialistas «hasta la médula», querían felicitar a Sánchez por «hacer posible que el AVE haya llegado por fin». Márquez es admiradora y amiga del presidente. Se conocen porque la octogenaria se afilió al PSOE en los 80 y no ha parado desde entonces.

Protestas en la entrada a la estación
Protestas en la entrada a la estación / ALFREDO AGUILAR

Soterrado

Entre el bullicio se escuchó una reivindicación. Los manifestantes de Marea Amarilla desplegaron las pancartas para pedir el soterramiento ferroviario a su llegada a la ciudad. Las camisetas ocre de Luisa García, portavoz del movimiento, y otras dos vecinas, duraron poco en la inmediaciones de la terminal. La Policía Nacional pidió la identificación a las ciudadanas y e insto a que trasladaran la protesta a la acera de enfrente. Las vecinas acataron la orden con resignación. «Estamos contentos por la llegada del AVE, pero no queremos que sea de cualquier forma. Vivo a 4 metros de la vía del tren y para los vecinos es necesario que se sotierre a su entrada», mantuvo visiblemente «indignada» García. «No quieren que estropeemos la foto del presidente y los ministros. Por eso nos echan de la puerta», lamentó.

La sala de espera de Andaluces era una fiesta. En el acceso a la vía, un grupo de jubilados se pegaba a los cristales para ver como el AVE levantaba la grava a su paso. Con las cámaras en la mano y entre flashes, los granadinos vivieron arremolinados y encima de los bancos el día histórico para la ciudad. Una tímida ovación acompañó la parada del tren frente a las toperas del andén. Oficialmente, «ahora sí» el AVE había llegado a Granada. La llegada del ferrocarril coincidió con la salida de uno de los últimos buses lanzadera a Antequera. Los interventores guiaron a los pasajeros a los autocares. «Ya nos despedimos de las cuatro ruedas. Sólo falta que pongan en marcha los trenes de media distancia», concluyó el supervisor.

En el acceso a la vía, un grupo de jubilados se pegaba a los cristales para ver como el AVE levantaba la grava a su paso. Con las cámaras en la mano y entre flashes, los granadinos vivían este día histórico para la ciudad. Una tímida ovación acompañó la parada del tren frente a los topes del andén. Oficialmente, el AVE había llegado a Granada.

Muchos se han acercado al puente de la Chana para ver el AVE
Muchos se han acercado al puente de la Chana para ver el AVE / JAVIER MARTÍN