La violencia de los ultras vuelve a poner en jaque al fútbol croata

Hinchas del Hajduk Split encienden bengalas durante un partido ante el AEK en 2010. /
Hinchas del Hajduk Split encienden bengalas durante un partido ante el AEK en 2010.

Un 'hooligan' enmascarado entró el fin de semana en el campo del Hajduk Split armado con una barra de hierro y amenazando al árbitro del encuentro ante el Rijeka

COLPISA / AFPZAGREB

Los ultras croatas, entre los más violentos del mundo, dieron que hablar de nuevo este fin de semana, cuando un 'hooligan' enmascarado entró en el terreno de juego del estadio del Hajduk Split con una barra de hierro.

Casi cada jornada del campeonato croata queda empañada por la violencia, provocada principalmente por los ultras de los tres grandes clubes del país; el Dinamo Zagreb, el Hajduk Split y el Rijeka, que además utilizan habitualmente consignas pronazis.

El pasado fin de semana un ultra enmascarado entró en el campo del Hajduk Split armado con una barra de hierro, amenazando al árbitro del encuentro ante el Rijeka, la otra gran ciudad de la costa adriática croata. "Los clubes, la selección y la federación son los rehenes de los hooligans", reconoció la Federación Croata (HNS), invitando a los medios de comunicación, a los responsables de los clubes y a los aficionados a "condenar con firmeza estos comportamientos y tomar distancia con respecto a los hooligans".

El partido, que finalizó con empate a uno, se desarrolló bajo una atmósfera agitada. La 'Torcida' (ultras de Hajduk) y la 'Armada' (Rijeka) intercambiaron insultos y se lanzaron proclamas racistas contra un jugador gambiano del Hajduk, Hamza Barry. Ambos grupos ultras unieron su voz para hacer un llamamiento a la muerte de los serbios y los habitantes de Zagreb, capital de Croacia. Además del hincha que saltó al campo con una barra de hierro a falta de 20 minutos, otras 20 personas fueron detenidas durante y después del partido.

El pasado mes de diciembre, el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, viajó a Zagreb y amenazó a la federación con duras sanciones si no ponía fin al problema de la violencia en el fútbol.