Simon Rattle, espléndido magisterio

Simon Rattle dirige a la Orquesta Sinfónica de Londres en la actuación que ofrece el elenco británico anoche en el Palacio Carlos V./
Simon Rattle dirige a la Orquesta Sinfónica de Londres en la actuación que ofrece el elenco británico anoche en el Palacio Carlos V.

Brillante despedida del ciclo de orquestas londinenses por este año con un programa integrado por las 'Variaciones sobre un tema original opus, 16', 'Enigma', de Edward Elgar, y la 'Sinfonía número 2' de Rachmaninov

JOSÉ ANTONIO LARCÁRCEL

Anoche se puso el punto y final al ciclo de grandes orquestas internacionales en la presente edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Es bien cierto que todavía resta una actuación de la Orquesta Ciudad de Granada, pero la referencia la hacemos en relación con las agrupaciones extranjeras de élite que, esta ocasión, nos han visitado y han tenido un indudable protagonismo dentro de la programación. Hay años en los que la oferta orquestal es menos importante. En esta ocasión se ha apostado fuerte por la programación de orquestas y el resultado ha sido francamente bueno. Las londinenses son las que han tenido todo el protagonismo y me imagino que mi buen amigo el ilustre profesor Manuel Titos se encontrará bien contento, pues dos de sus ilusiones -la presencia de Florez y la de las tres orquestas londinenses- se han cumplido, y además con buenos resultados, que es lo que al fin y al cabo importa.

Tras la actuación de la Royal Philarmonic Orchestra y la de la Orquesta de la BBC, anoche cerró el ciclo, en el que también han tenido legítimo protagonismo la OCG y la Orquesta de la Radiotelevisión Española, la London Symphony Orchestra, que fue la que puso el broche de oro a la presencia de las agrupaciones londinenses en el Palacio de Carlos V. Y, además, teniendo en el podio a uno de los directores más importantes del momento, Simon Rattle, con un atractivo programa compuesto por obras de Elgar y de Rachmaninov, dos estilos diferentes y, al mismo tiempo complementarios, de entender el mundo de la composición.

Así, no nos puede extrañar la gran entrada que registró el renacentista palacio alhambreño, escenario donde tantas y tan grandes agrupaciones orquestales han contribuido a escribir las mejores páginas de la historia del Festival. Y con la actuación de anoche, tanto la orquesta como el director sir Simon Rattle, entran por propio derecho en los momentos estelares del Festival a lo largo de su dilatada historia de sesenta y cinco años.

Fue una actuación excepcional que nos hace pensar en las otras grandes actuaciones, como la de la Orquesta del Concertgebouw con un gran Haitin, o la de Leningrado con Mavrinkski en el podio; o la mítica Filarmónica de Berlín, con Karajan, o la Nacional de París con Pierre Boulez. Momentos irrepetibles que jalonan con brillantez el Festival. Y a éstos se viene a añadir ahora esta excepcional noche que nos deparó la London Symphony y su genial director Simon Rattle.

Vayamos por partes. La London Symphony es una orquesta de una enorme calidad. Tiene un sonido brillante, de una gran musicalidad. Es compacta, homogénea, con unos vientos sencillamente formidables, con una cuerda robusta y segura y, sobre todo, muy musical. Con una percusión brillante y eficaz. Con estos mimbres, evidentemente se pueden hacer grandes cosas. Claro que para poder sacar el máximo partido de un elenco de esta categoría, tiene que haber un director que haga vibrar a la orquesta, que consiga que se confíe, que esté segura y siga fielmente las indicaciones que emanan del podio. Es lo que pasó anoche en el Carlos V. Que orquesta y director se entienden a la perfección. Hay una simbiosis, hay una complicidad -vaya, ya me salió la palabreja-, hay una colaboración tan estrecha que se advierte desde los primeros compases.

Se advirtió desde los primeros compases de las hermosas Variaciones de Elgar, uno de los compositores británicos más brillantes y convincentes. Una obra deliciosa que debería programarse más por estas tierras. Ya desde el comienzo, como escribía antes, se notó esa unión, esa simbiosis entre orquesta y director. La expresividad de Rattle es excepcional y además sirve muchísimo para que la orquesta le siga totalmente segura.

Alegría

Llamó la atención la manera magistral con que dominó las dinámicas, consiguiendo unos efectos de una belleza extraordinaria. La maestría de Rattle quedaba bien manifiesta. A sus órdenes, disciplinadamente, diría que con una gran alegría, la orquesta siguió todas sus indicaciones y el resultado no pudo ser más impresionante. Una versión que pasará a la historia del Festival. ¡Qué belleza tímbrica, qué seguridad en la afinación, qué derroche de calidad tanto en la orquesta como en un director excepcional que nos llevaba al séptimo cielo del disfrute más auténtico de la mejor música!

El público, con toda lógica, ya estaba totalmente entregado ante la magia de un director excepcional que recreaba la obra haciéndola disfrutar en toda su dimensión, y una orquesta que sonaba de una forma impecable, brillantísima, sin la menor mácula ni el menor pero que oponer. En el descanso los comentarios elogiosos, apasionados, eran la comidilla de todas las conversaciones, y todos nos preparábamos para seguir disfrutando de una noche de música excepcional.

Como efectivamente así fue. Una segunda parte que tenía la hermosísima Sinfonía nº 2, de Rachmaninov, como motivo para seguir disfrutando de la música, diríamos que con letras mayúsculas. De nuevo una brillantísima orquesta respondiendo a las órdenes de un director que ha sabido leer como nadie esta hermosa página del sinfonismo ruso, que tiene todas las características habituales en el género en Rusia pero que cuenta con la fuerte personalidad del autor que consigue unos resultados asombrosos.

La versión no pudo ser más brillante. Seguros, potentes, bien timbrados los vientos, con un metal poderoso y una madera equilibrada. Excelente la cuerda y acertada, muy acertada, la percusión. Y al frente de la orquesta un director sencillamente formidable, un músico excelente que demostró una vez más el por qué de su brillante carrera. Nadie le ha regalado nada. Como diría Cisneros, ahí están sus poderes. De nuevo nos ofreció el rico sonido de la London Symphony. De nuevo consiguió los mejores resultados de toda la masa orquestal, de nuevo estuvo pendiente de la dinámica, pendiente de la musicalidad en cada uno de los momentos que componen esta sinfonía, e hizo que la orquesta fuese capaz de ofrecer la mejor versión de una obra tan hermosa. Grande Rachmaninov, grande la London Symphony y grande, grandísimo, Simon Rattle.

Noche para el recuerdo. Broche de oro de las grandes orquestas londinenses. Disfrutamos como hacía tiempo que no sucedía. La magia de un director, la belleza de un programa y la calidad de una orquesta. Nos felicitamos por ello.