El pajarito de 'El bueno, el feo y el malo'

El pajarito de 'El bueno, el feo y el malo'

El accitano Emilio Bújez conserva la cámara empleada en la 'escena de la foto' de la mítica película de Leone

JORGE PASTORGranada

Emilio baja la cámara de la peana como si se tratara de una frágil escultura de porcelana china. «Hay que hacerlo con mucho cuidado, que siempre esté sostenida por el trípode», advierte ante la atenta mirada de Lourdes, su esposa. Emilio y Lourdes son conscientes del valor de esa caja de madera que fue alquilada décadas atrás a los productores cinematográficos para el rodaje de escenas como aquella en que el avezado fotógrafo inmortaliza a los oficiales de infantería norteños en El bueno, el feo y el malo, la mítica película de Sergio Leone, con banda sonora de Ennio Morricone, que fue estrenada hace ahora cincuenta años. Un fotograma que vale su peso en oro. Un fotograma que ha multiplicado el valor histórico de una reliquia con casi siglo y medio de antigüedad. Un fotograma que recuerda el glorioso pasado cinematográfico del desierto de Tabernas, en Almería, convertido en la árida Arizona en más de 200 películas de indios y vaqueros.

La cámara

datos

Se trata de una cámara construida entre 1890 y 1910. El diafragma es de fabricación suiza y el objetivo, alemán. En el interior se encuentran los tanques de fijación y revelado. Después de utilizarla en El bueno, el feo y el malo se repuso el trapo. Bújez la está poniendo a punto para utilizarla en algunos eventos.

Emilio Bújez forma parte de una saga de fotógrafos de Guadix con 125 años de historia. Él es la quinta generación. La familia acapara una enorme cantidad de material que desde hace unos meses muestran al público en la Caja Negra. Emilio es un profesional de referencia con cientos de trabajos comerciales y artísticos.

El bueno, el feo y el malo, protagonizada por Clint Eastwood, forma parte de la Trilogía del dólar. Está considerada una obra maestra del western. El filme, dirigido por Sergio Leone con banda sonora de Ennio Morricone, fue estrenado en 1966. Este año se cumplen cincuenta años.

La cámara de El bueno, el feo y el malo, fabricada entre finales del siglo XIX y principios del XX, es el principal reclamo de La Caja Negra Bújez, un recorrido por la historia de la fotografía desde Juan Bújez hasta Emilio Bújez, desde tatarabuelo hasta tataranieto, cinco generaciones de profesionales que durante siglo y medio han inmortalizado el paisaje y el paisanaje de Guadix y comarca. «Vinieron buscando una cámara de aquella época, de la Guerra de Secesión, y mi abuelo les alquiló la más vieja que tenía y que guardaba en un almacén, ya que las que se usaban por aquel entonces, en 1966, cuando se rodó El bueno, el feo y el malo, tenían ya una tecnología más avanzada», relata Emilio, inmerso en un proceso de documentación del equipo más valioso de su colección, donde también destacan piezas como una cámara utilizada por los espías en los años cincuenta o una panorámica dotada de motor para capturar imágenes de 180 grados.

«Durante el rodaje no sufrió muchos desperfectos, la conservaron bien y, posteriormente, mi abuelo le hizo algunos arreglos para ponerla en funcionamiento como la reposición del trapo en el fotograma se ve al fotógrafo introduciendo la mano en el paño y midiendo la exposición con un reloj dorado de faltriquera y la instalación de una chapa para proteger el cajón del óxido que producen los químicos», explica Emilio. Y es que aquel ingenio, con un diafragma fabricado en Suiza y el objetivo made in Germany, permitía completar todo el proceso fotográfico: desde la captación del momento, normalmente algún retrato, hasta el procesado gracias a que los tanques de revelado y fijación están integrados en el propio cuerpo de la cámara. De seis a ocho minutos entre que se mira al pajarito y la imagen queda impresa en el papel. Ese instante maravilloso en el que las tres dimensiones se convierten en dos... para toda la vida.

El hallazgo

La cuestión es que Emilio Bújez no fue realmente consciente de la importancia de aquella cámara hasta que, años atrás, la recuperó del desván para colocarla como elemento decorativo en su negocio. Fue entonces cuando varios de sus clientes, los más mayores, le comentaron que con aquello se habían rodado unos cuantos largometrajes. Uno de ellos fue Raimundo Santiago, aún vivo, uno de los extras de El bueno, el feo y el malo. Fue entonces cuando Emilio se fue al videoclub, alquiló la película y eh voilà!, allí aparecía la cámara. «Repasé la escena varias veces y, en efecto, era ella». Ahora Emilio sigue investigando para descubrir otras producciones cinematográficas donde pudo salir su gran estrella del celuloide. No había muchos estudios en la zona y era normal que cuando grababan alguna secuencia en la estación de La Calahorra, donde aún se conservan restos del poblado del oeste, acudieran a Guadix en busca de atrezzo. Los llanos del Marquesado fueron el escenario de grandes títulos que forman parte de la historia del séptimo arte como Doctor Zhivago o La muerte tenía un precio.

Emilio tiene la firme intención de poner a punto todos los mecanismos de la cámara y utilizarla, incluso, para ocasiones especiales. Ahora mismo es uno de los grandes reclamos de la Caja Negra. Un proyecto donde se muestra el impresionante patrimonio de la saga Bújez y donde Emilio, con el apoyo de su hermano Sergio, ha puesto esfuerzos, ilusiones y dinero. Un auténtico santuario de la fotografía. De la fotografía mágica. De la fotografía de siempre.

 

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