Cuatro granadinas, atrapadas en Bolivia por culpa de una huelga

Cuatro granadinas, atrapadas en Bolivia por culpa de una huelga

Se encontraban en el pueblo de Uyuni haciendo turismo cuando les ha sorprendido un parón indefinido que no les permite salir al estar cortadas las carreteras

SERGIO GONZÁLEZ HUESOGranada

Cuatro turistas de Granada se encuentran atrapadas en Bolivia. Concretamente en un municipio, Uyuni, en el que una huelga indefinida les mantiene sin posibilidades de salir en dirección a su siguiente destino, la ciudad de Potosí. Raquel Ortega es una de las afectadas y pide ayuda para poder despedir la pesadilla en la que se ha metido contra su voluntad. Una situación «horrorosa» que mantiene al grupo muy «agobiado», según cuenta. Su relato es el siguiente: hace casi tres semanas partió junto a sus amigas (de entre 46 y 66 años) desde Madrid con la intención de realizar una ruta por los países andinos de Perú y Bolivia. Tras culminar la primera etapa de su viaje, que incluía un recorrido de dos semanas por el primero de ellos, arribaron a Bolivia. Concretamente al municipio de Uyuni, donde se ubica su famoso salar, el desierto de sal continuo más grande del mundo.

Tras visitarlo después de contratar un tour de dos días, al volver al citado pueblo se encontraron con la desagradable sorpresa de que toda la actividad estaba completamente paralizada. Se había convocado una huelga indefinida que aún perdura. «Cuando llegamos nos dijeron que había problemas, entonces hicimos lo posible para salir pero ya fue imposible», apunta esta granadina, quien a veces se pregunta si lo que está viviendo no es parte del «guión de una película». La odisea fue tal entonces que nadie pudo salir pero tampoco dormir. Después de esperar una cola de dos horas para coger un autobús, cuando finalmente pudieron hacerlo, acompañadas por otros turistas en su misma situación, se encontraron las carreteras cortadas por piquetes. Después de una hora de ruta se vieron obligadas a volver. Eran las doce de la noche.

Imágenes de Uyuni, donde una huelga mantiene atrapadas a cuatro turistas de Granada

La solución que entonces les dieron fue trasladarlas en vehículos jeep ataviados con pasquines animando a la huelga. Pero ni pasando desapercibidas. La historia se repitió bien avanzada ya la madrugada: se vieron obligadas a regresar. Desde el hotel en el que le han alojado, esta vecina de Granada explica que todo se debe al desarrollo de un bloqueo (como llaman los bolivianos a la huelga) en el municipio de Uyuni (unos 40.000 habitantes), donde parece existir una situación de inestabilidad política muy importante. «Lo único que sabemos es que la huelga solo afecta aquí, que en el resto del país no hay nada y que tiene que ver con la exigencia por parte de los ciudadanos de que dimitan seis concejales del Ayuntamiento imaginamos que por problemas de corrupción. Por lo que hasta que esto no pase todo va a seguir como hasta ahora», expresa algo desalentada esta turista, que ya ha perdido reservas hoteleras y que va asumiendo que lo mismo le va a pasar con el vuelo que tenían previsto coger mañana para completar su itinerario.

En contacto con el consulado sin haber cosechado de momento éxito alguno, estas personas están sobre todo indignadas con la situación de indefensión total en la que se encuentran. Nadie les da información ni soluciones. Se encuentran en un pueblo «en mitad de la nada», a unos 300 kilómetros del núcleo urbano más cercano. Y en apenas cuatro días tienen el vuelo de vuelta a casa. Aunque las cuatro están bien pues no se están produciendo incidentes violentos, no pueden salir de allí, están sin dormir, no tienen la posibilidad de cambiar dinero porque está todo cerrado y se encuentran permanentemente en el hall del hotel al ser este el único sitio en el que disponen de wifi.

Desde este lugar mandan un mensaje de tranquilidad a sus familias y solicitan que alguien se haga cargo de su situación. «El dinero es lo de menos, lo peor es que nos sentimos secuestradas en nuestras propias vacaciones», enfatiza Raquel, que espera poder pronto despertar de la pesadilla en la que se ha convertido su viaje de amigas.