El único barco que ofrece rutas turísticas en la Costa Tropical se marcha a Canarias

El catamarán Boatdil lleva tres años realizando rutas turísticas en la Costa Tropical. :: /BOATDIL
El catamarán Boatdil lleva tres años realizando rutas turísticas en la Costa Tropical. :: / BOATDIL

El empresario del catamarán Boatdil tira la toalla «aburrido de burocracia» tras más de dos años de trámites sin lograr los permisos para poder recoger turistas en la playa

Mercedes Navarrete
MERCEDES NAVARRETE

«La burocracia en Granada machaca a los emprendedores». «Esto en Málaga no pasa». «Aburren a los inversores»... En cualquier foros empresarial de la Costa es frecuente escuchar quejas como éstas que ahora quiere gritar a los cuatro vientos, a través de IDEAL, el empresario sexitano Juan Pablo Fajardo, de la empresa de transportes Grupo Fajardo y propietario también de Servicios Turísticos Boatdil, la sociedad que gestiona el único barco que realiza rutas turísticas diarias y regulares en la Costa Tropical, más allá de veleros que pueden alquilarse de forma particular. Mañana lunes el catamarán Boatdil dejará de realizar excursiones para enseñar a los visitantes los parajes de la Costa Tropical y se trasladará a Gran Canaria, para hacer allí el mismo trabajo. Fajardo se lleva el barco a otra parte y le echa la culpa a la burocracia. Tira la toalla «aburrido», después de que le denieguen los permisos para instalar pantalanes que le permitan recoger a los turistas en las playas, tras más de dos años de trámites.

El catamarán Boatdil tiene capacidad para 70 pasajeros y lleva tres años funcionando en la Costa. Ofrece cinco rutas turísticas distintas que recorren parajes como el Cabo del Sacratif o los acantilados del paraje natural Maro-Cerro Gordo. También venden excursiones para darse un baño en alta mar y una ruta gastronómica a base de mejillones y vino Calvente hecho en la Costa granadina. El barco también oferta excursiones temáticas, rutas educativas para los niños y tercera edad en temporada baja e incluso se alquila para eventos como bodas en el mar.

Según la empresa, en este tiempo ha conseguido mover cerca de 6.000 pasajeros anuales. Podrían haber sido ser muchísimos más pero tienen un handicap importante: el barco sale desde el interior del recinto portuario de Motril, detrás del club náutico, por lo que está bastante «escondido» y tiene difícil acceso para los turistas, que lógicamente se concentran en las playas más concurridas.

La entrada en el recinto del puerto exige pasar una barrera de control y la salida es complicada para quien no conozca la dársena. «Por las tardes la puerta principal está cerrada y los clientes se nos pierden por el puerto dando vueltas», se queja Fajardo. Por eso, la intención de la empresa era instalar pantalanes en puntos más turísticos, concretamente en la playa del Peñón de Salobreña y junto al espigón de Velilla, en Almuñécar, para poder recoger a los pasajeros directamente en estas playas. El barco sería así mucho más visible y la oferta se animaría.

«En Granada se maltrata a los emprendedores»

Juan Pablo Fajardo creó la empresa de rutas turísticas Boatdil porque, trabajando a diario con touroperadores veía que demandaban actividades de ocio en la Costa. «Nuestros vecinos con entornos iguales o peores sacan adelante nuevos productos... ¿Por qué el turista repite en la Costa del Sol y se ha enganchado a Almería? Aquí en Granada tenemos un problema con la administración, su burocracia y sus técnicos sin eficacia y visión. En Granada los políticos se van a las ferias de turismo a perder el tiempo mientras se maltrata a los emprendedores», señala enfadado. «La alcaldesa de Salobreña y la gente de la Autoridad Portuaria son los únicos que nos han ayudado», concluye.

Sin embargo, conseguir los permisos para instalar estas estructuras desmontables se ha convertido en una misión imposible para el empresario, que abandona tras más de dos años de trámites sin éxito.

«El proyecto comenzó su andadura en 2016 y el primer expediente estuvo rodando de administración en administración hasta julio de 2017, cuando Medio Ambiente concluye que en Velilla interfería con una de las calles náuticas de la playa y lo echa para atrás», resume el empresario.

El escollo

A partir de ahí, según relata Fajardo, las competencias sobre el tema cambian de consejería y pasan a la de Fomento, por lo que inicia un nuevo expediente. «Volvimos a empezar de nuevo, salvando el problema de las calles náuticas, tuvimos una reunión con todos los delegados en el Ayuntamiento de Salobreña y finalmente tanto la consejería de Medio Ambiente, como la dirección provincial de Costas como los ayuntamientos de Salobreña y Almuñecar emitieron informes favorables a su instalación, después de presentar todas las memorias y documentos solicitados por segundo año consecutivo», añade Fajardo.

Pero aún quedaba un escollo final y Capitanía Marítima realiza un informe negativo sobre la estructura. «El funcionario de Fomento pidió un informe técnico ajeno a ese órgano que se ha convertido en la excusa para eternizar el proceso y bloquear un proyecto que sí se autoriza en otras zonas del litoral español», lamenta el empresario, que ha perdido una inversión de 90.000 euros en los pantalales, según asegura, además de una subvención de 24.000 euros que ya le había concedido al proyecto la agencia IDEA de la Junta.

«¿Pero cómo queremos ser así un destino turístico potente? Si llevamos más de dos años luchando por un proyecto que ayuda a romper la estacionalidad y todo son trabas», lamenta el empresario.

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