La granadina de dos años superdotada que toca el piano, lee y escribe

Claudia, de dos años y medio, es capaz de ubicar su ciudad en los mapas y leer pentagramas. / JAVIER MARTÍN

La pequeña aprendió a leer antes de tener un año ante la perplejidad de sus padres, que tratan de estimularla para que continúe con su aprendizaje sin que deje de disfrutar de su infancia

REBECA ALCÁNTARAMotril

Claudia Aranda González tiene dos años y medio y vive en Almuñécar. Le gusta jugar en el «parque bonito de La Herradura» y pintar y están intentando quitarle el pañal. En su casa tiene una habitación llena de juguetes y dibujos. Hasta ahí nada excepcional. Sin embargo, en la sala, que es su pequeña guardería, hay un piano, libros de Primaria, un atlas o un ajedrez. Todo es suyo. Sólo echando un vistazo se nota que hay algo extraordinario allí. Claudia es una niña como las demás, pero con un coeficiente intelectual muy superior a la media. Con once meses sabía leer, ahora escribe al dictado y también redacta sus propias poesías, toca el piano, localiza países, ríos y otros accidentes geográficos en un mapa del mundo, recita y reconoce más de trescientas obras de arte. En unos días se publicarán los primeros ejemplares de su primer libro, Calíope, en el que sus padres, Sandra y Fran, han recopilado los textos que ella iba escribiendo en su libreta. Están analizando si puede entrar en el Guinness de los récords. Claudia es una niña asombrosa, pero no deja de ser una niña.

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Sandra González, la madre de la pequeña, afirma que empezaron a detectar que la niña aprendía más rápido de lo habitual antes de cumplir un año. Lo que empezó casi como una anécdota, cuando sacaron el Micho para aprender a leer después de que la pequeña se hubiese aprendido de memoria sus cuentos de 'Frozen', se convirtió en una gran aventura. Conforme avanzaban las semanas la niña requería más conocimientos. Leía libros que habitualmente usan niños de Primaria y con dos años ya sabía escribir. «Cualquier cosa que tenga un razonamiento lógico se le puede enseñar. En quince minutos ha aprendido algo nuevo. A veces yo estudio por las noches, para poder ayudarle a aprender cosas nuevas por la mañana», afirma su madre.

Leer pentagramas

La pequeña sabe leer un pentagrama y reconoce las notas musicales. Toca canciones en su teclado y cuando se equivoca es consciente y se enfada. Cuando su madre le recita algunos versos de las Fábulas de Samaniego, ella es capaz de continuarlos. También reescribe en un folio sus propios poemas. O cualquier nombre que le digan en el mismo momento.

«A veces yo estudio por las noches para poder ayudarle a aprender cosas nuevas por la mañana» sandra gonzález, madre de claudia

Los informes médicos, firmados por un psicólogo, pedagogo, psiquiatra y logopeda, apuntan que Claudia tiene un cociente intelectual de 146. La directora de la clínica Isep de psicología clínica y salud en Granada, Noemí Fernández, indica que menos de un 1% de la población llega a ese cociente. Fernández señala que los parámetros medios están entre 90 y 110, a partir de ahí, según los estándares que se utilicen, se considera que una persona tiene altas capacidades a partir de 120 o de 130. En cualquier caso, con 146, como es el caso de Claudia, «el potencial es muy elevado». Explica que tiene unas capacidades excepcionales, pero que es necesario que cuente con motivación y que el estímulo vaya acompañado de un desarrollo emocional y social adecuado. También es clave la atención que se les da a niños con estas altas capacidades una vez que entran en el sistema educativo.

Esa, precisamente, es una de las preocupaciones de Sandra y Fran, los padres de Claudia. Quieren que su hija tenga una formación adecuada cuando comience a ir al colegio y saben que no es fácil. Por ese motivo, entre otros, quieren dar a conocer que niños como la suya existen y que para que su potencial no se diluya es imprescindible que el sistema educativo esté preparado para prestarles la atención que necesitan. «Es importante que se atiendan sus necesidades. Que tenga una respuesta educativa», aseguran.

«Es un poemilla con todo un corazón»

Claudia es, ante todo, una niña. Se cansa de escribir y leer y quiere ir al parque a jugar, como hace todos los días. Pide patatas y después de colocar las piezas para jugar una partida de ajedrez, las lanza al aire para jugar. Pero también es capaz de reconocer la 'Bailarina Basculante' de Edgar Degas, que ella ha mismo ha reproducido en un óleo. «Es un poemilla con todo un corazón», es uno de sus versos. Cuando habla de abrir el pueblo se refiere a su balcón y a su madre, en tono de broma, la llama «marrullera», por uno de los poemas que lee con ella.

Claudia se ríe y observa curiosa con unos ojos enormes y llenos de inquietud. Con la inocencia de un niño de dos años, pero con una inteligencia extraordinaria. Mientras la graban, acerca su dedo a la cámara, «Canon», repite. Y se puede evitar decir en voz alta: increíble. Ella lo repite, «es increíble», y sonríe. Después, cada vez que acierta sobre el mapa (casi siempre acierta), choca la mano y recibe un aplauso. Más de una hora después de mostrar que es capaz de escribir, leer, tocar el piano o localizar ríos y ciudades, está cansada. «Ahora nos vamos al parque bonito», le dicen sus padres. Y ella sonríe. Claudia tendrá su primer libro publicado antes de cumplir tres años, es extraordinaria, pero ahora le toca jugar.