«Contracorriente» crítica

García Montero mantiene una demanda contra el Partido Popular de Granada en el Juzgado de Instrucción número 7 de la capital

En la imagen, a la derecha, Juan García Montero./RAMÓN L. PÉREZ
En la imagen, a la derecha, Juan García Montero. / RAMÓN L. PÉREZ
QUICO CHIRINO

García Montero, que no acudió ayer al congreso, aún mantiene una demanda en el Juzgado de Instrucción número 7 para «suspender» el cónclave que se celebró ayer y en el que Sebastián Pérez renovó con el 97,2% de lo votos. La dirección tendrá que reconducir a partir de ahora al sector disidente.

El 22 de noviembre de 2008, en la clausura del XII congreso provincial del PP, Sebastián Pérez se dirigió al entonces alcalde de Granada y pidió a José Torres Hurtado que volviera a encabezar la candidatura popular en las municipales de 2011. Quedaban tres años, pero el reelegido presidente quiso espantar la especulación que siempre le persiguió como una sombra por más que públicamente lo negase: que, verdaderamente, aspiraba a reemplazar a su entonces amigo Pepe en la alcaldía.

Cuando se clausuró el cónclave de 2012, en el que Sebastián Pérez volvió a ser reelegido por el 97% de los compromisarios y ningún voto en contra –igual que ayer–, fue Torres Hurtado el que se pronunció en estos términos desde la tribuna: «No nos equivocamos con Sebastián, un hombre que no da puntada sin hilo».

Tres años y medio después, acorralado por la «Operación Nazarí» y suspendido cautelarmente de militancia, Torres Hurtado abandonó el Ayuntamiento y puso como contrapartida que Sebastián también dimitiera pese a no estar investigado. Al presidente provincial, número dos de la lista, le habría tocado asumir la alcaldía salvo moción de censura.

Torres Hurtado tampoco daba puntada sin hilo.

Probablemente, ese mismo 18 de abril de 2016 Sebastián Pérez amarró a modo de compensación el apoyo de la dirección nacional a su continuidad en la presidencia del partido. Tan sólo un mes después, el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maíllo, vino a Granada para arroparle y agradecer el «gesto de generosidad cuando no era necesario», en referencia a su renuncia.

Sebastián Pérez ha recibido el apoyo de Mariano Rajoy, que presidió en enero la convención regional que el partido celebró en Granada, y la dirección andaluza se decantó públicamente por él como candidato a la reelección este mes de mayo. Enfrente ha tenido la precandidatura de Juan García Montero, que aunque niegue que haya estado auspiciada por Torres Hurtado, sí que ha estado respaldada visiblemente por el exalcalde y su entorno.

«No hay sitio para todos»

Juan García Montero no pasó el filtro de la primera vuelta y se quedó en el 27,5% de los votos frente al 71% de Sebastián Pérez. Ayer, ni el último portavoz de Torres Hurtado –que era miembro nato– ni el grueso de quienes se señalaron en su defensa asistieron al XIV congreso que se celebró en el Palacio de Deportes, donde Sebastián Pérez logró el 97,2% de los 1.124 compromisarios que votaron –estaban convocados 1.540–.

Sin embargo, García Montero mantiene una demanda contra el Partido Popular de Granada en el Juzgado de Instrucción número 7 de la capital. Es la misma que anunció el 22 de abril, a 48 horas de la primera vuelta, pero que no fue notificada al partido hasta el pasado 10 de mayo. La dirección dispone de 20 días para presentar alegaciones a los seis puntos supuestamente irregulares por los que García Montero solicita que se suspenda el congreso que se celebró ayer.

Según el reglamento marco del partido, el comité de derechos y garantías es el órgano competente para resolver estos conflictos y sus resoluciones pueden ser –después– impugnadas en los juzgados. En Granada, no se ha seguido este orden.

¿Qué pasará a partir de mañana? Sebastián Pérez apeló ayer a la unidad aunque advirtió –sin lugar a demasiadas interpretaciones– que no hay sitio para todos. En el comité ejecutivo –un órgano masivo– han entrado todos los concejales de la capital menos Fernando Egea –es independiente–, Telesfora Ruiz y el propio Juan García Montero.

La fricción es patente en el grupo municipal; pese a que apenas si se producen encontronazos porque casi nunca coinciden –unos van más que otros–. Y la dirección –también la regional– tendrá que decidir si pasa página o tira de estatutos.

Toca reconducir a la corriente crítica. Reducida a «contracorriente».

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