La conexión Granada-Varsovia de un ingeniero con currículum brillante: «En nuestra ciudad se ha avanzado mucho, pero queda por mejorar»

Alejandro continúa en la fría Polonia una distinguida carrera profesional. /
Alejandro continúa en la fría Polonia una distinguida carrera profesional.

El granadino Alejandro Domínguez trabaja en la capital polaca transformando fibra óptica, que por ejemplo llega a nuestras casas, en miles de puntos sensores | Recuerda que en nuestra ciudad «se están abriendo puertas a proyectos tan interesantes como el del IFMIF-Dones», circunstancia que le ilusiona porque su empleo «podría tener un papel fundamental»

Carlos Balboa
CARLOS BALBOA

Del calor de la tierra propia al frío de Varsovia. Alejandro Domínguez es un ingeniero granadino que trabaja en InPhoTech una empresa joven, que, como él mismo define «es muy innovadora y líder en Polonia en el desarrollo y fabricación de fibra óptica y de sensores de fibra óptica para diversas aplicaciones que van desde la medicina hasta la ingeniería civil». El camino que le ha llevado al país de Chopin y Copérnico está repleto de distinciones especiales en un currículum envidable.

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Alejandro completó la carrera Ingeniería de Telecomunicación en la ETSIIT de la UGR, cursando un año en la Universidad Politécnica de Milán (2009-2010), y otro en la Universidad de Miami (2011-2012), donde llevó a cabo también el proyecto fin de carrera. En 2013 empezó a trabajar en el Grupo de Ingeniería Fotónica de la Universidad de Alcalá (UAH), donde se formó en optoelectrónica y sensores de fibra óptica. Al mismo tiempo obtuvo primero el Máster en Ingeniería Electrónica en 2015, y posteriormente, el Doctorado en Ingeniería Electrónica, con mención internacional, en 2017. Por si fuera poco, habla inglés e italiano fluidos y «chapurrea portugés». Su cuenta pendiente (por ahora) es el polaco: «Por desgracia, aún sólo se comunicarme de manera básica», revela.

«También busco nuevas oportunidades y aplicaciones para nuestras soluciones en cualquier sector a nivel nacional e internacional»

Para los no duchos en la materia, Alejandro explica de esta forma en qué consiste su día a día laboral: «Con los sensores que desarrollamos, podemos transformar la fibra óptica que, por ejemplo, nos trae Internet a nuestras casas, en miles de puntos sensores (ya sea para medir temperatura, deformaciones o vibraciones) sólo conectando nuestro sensor (sin necesidad de modificar nada en la estructura de la fibra). Cuando uno es capaz de medir en tiempo real la temperatura o las deformaciones a lo largo de decenas de kilómetros de fibra, y sabiendo que estas fibras recorren puentes, presas o van a lo largo de vías férreas, puedes tener una herramienta muy poderosa para detectar si hay un fallo estructural antes de que ocurra, y actuar a tiempo para impedirlo«.

En este punto, este ingeniero desvela que con su experiencia en sensores de fibra óptica aporta su «grano de arena» en esta rama. «También busco nuevas oportunidades y aplicaciones para nuestras soluciones en cualquier sector a nivel nacional e internacional», añade.

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Alejandro reconoce que le gustaría «volver a España a medio plazo, e idealmente, a Granada». Sin embargo, matiza que «si bien nuestra ciudad ha avanzado bastante como polo de innovación en los últimos años, todavía tenemos mucho que mejorar». Recuerda que «se están abriendo puertas a proyectos tan interesantes como el del IFMIF-Dones», circunstancia que le ilusiona porque, tal y como avanza, los sensores de fibra óptica que desarollan «podrían tener un papel fundamental». El panorama, eso sí, dista bastante de parecerse al que él experimenta en Polonia. «Aquí la situación es realmente envidiable», confiesa. «Se ha hecho una apuesta clara por la innovación y el país avanza decidido hacia ese objetivo, por lo que es el mejor caldo de cultivo para desarrollar la tecnología en la que me he formado», agrega.

«Aquí la situación es realmente envidiable. Se ha hecho una apuesta clara por la innovación y el país avanza decidido hacia ese objetivo, por lo que es el mejor caldo de cultivo para desarrollar la tecnología en la que me he formado»

«Lo intangible de Granada»

Alejandro, al igual que sucede con muchos paisanos en el extranjero, admite que echa de menos «todo de Granada». Lo primero, evidentemente, la familia y amigos, «algunos de ellos repartidos por el resto del mundo». Además, recalca que añora «la belleza de la ciudad y sus paisajes. La Alhambra, con la sierra al fondo, las diferentes bondades de toda la provincia, como tener mar, montaña y desierto en donde otros necesitan recorrer miles de kilómetros». No obstante, matiza que echa en falta »sobre todo lo intangible, lo que no se puede enseñar en una fotografía, y es el modo de vivir que tenemos, que es muy especial. Es la combinación de todo ello y más, junto con nuestra forma de ser, y en unas proporciones de las que nadie tiene la receta, pero que funcionan«, expresa de forma contundente.

«De Granada echo de menos sobre todo lo que no se puede enseñar en una fotografía, y es el modo de vivir que tenemos, que es muy especial»

En el recuerdo también figura su club de Judo de toda la vida, el Budo, donde ha vivido «muy buenos momentos». Y es que este deporte, que ha practicado desde los 9 años, es su «afición número uno». Según nos cuenta, ha desempeñado un papel importatísimo en su desarrollo personal: «Gracias a él he crecido en valores, he entablado grandes amistades y he podido ver lugares que, sin él hubiera sido difícil conocer. Me ha aportado y aporta salud, persistencia y la energía necesaria para el día a día. Por suerte», sentencia, «aquí en Varsovia puedo seguir practicándolo, y de este modo he podido disfrutarlo, conociendo además a gente extraordinaria».

 

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