«Los chicos de educación especial son superdotados emocionales, todos los días te dicen: 'Maestro, tú me quieres'»

Juan, rodeado de varios alumnos muy especiales. /RAMÓN L. PÉREZ
Juan, rodeado de varios alumnos muy especiales. / RAMÓN L. PÉREZ

Entrevista a Juan Jiménez Solera, profesor de educación especial | «Demandan mucho cariño porque también lo dan», explica el docente del Colegio Ave María San Cristóbal del barrio del Albaicín

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

«Prohibido tirarse pedos en clase, empujar, tirar a alguien por la ventana, dar voces, dar golpes en la mesa, hacer la peseta, insultar, decir palabrotas, poner motes a los compañeros...». Este sensato decálogo cuelga en la pared de una de las aulas de educación especial del Colegio Ave María San Cristóbal, en el Albaicín, un centro que, entre otros empeños, prepara a una treintena de chicos y chicas discapacitados (palabra que les rechina, dicho sea de paso) de entre 16 y 21 años para que transiten hacia la vida adulta.

La verdad es que la relación de mandamientos escritos en el cartel escolar podría estar en cualquier oficina, en cualquier lugar de trabajo. Incluso no desentonaría nada en el Congreso de los Diputados. A Juan Jiménez Solera (Granada, 1978), coordinador del equipo de docentes y especialistas que atiende a los treinta campeones, la sola idea de ver pegado en las Cortes el letrero que ordena no tirarse pedos ni hacer la peseta le causa un ataque de risa de unos cuantos grados en la escala de Richter. No es complicado, porque Juan es de carcajada fácil. Conserva una alegría infantil que no logra empañar la dureza del trabajo que desarrollan él y sus compañeros. Convivir a diario con personas sin dobleces ni esquinas, que sienten y van de frente, no es una tarea sencilla.

Un ejemplo: Juan ve a uno de los estudiantes inusualmente serio y le pregunta: «¿En qué piensas?». «En cosas privadas mías», responde el muchacho, para pasar inmediatamente al contraataque: «'Profe', ¿escaparse es grave?». «Pues claro», contesta el maestro con prudencia y gesto de 'vamos a ver a dónde me lleva esta conversación'. «¿Escaparse podría ser incluso delito?», insiste el chaval. «También, claro», devuelve Juan como puede la pelota a su sagaz interlocutor. Para alivio del docente, otro joven irrumpe en el diálogo llamándole 'cantante'. «Es que a veces les doy la clase cantando por Los Chichos para que no pierdan la atención», explica Juan. Es sabido que cada maestrillo tiene su librillo.

-¿Ha visto la película 'Campeones'?

-Sí, la tengo muy trillada. 'Campeones' ha hecho mucho bien. A mí me gustó el 90% y el otro 10%, no tanto. Hay toques humorísticos que... Estos chicos son muy naturales. Son muy literales. No entienden los dobles sentidos y son muy transparentes. Mucha gente se reía viendo algunos momentos de la película y yo lloraba. Hombre, es verdad que esto te lo tienes que tomar con humor porque si no te afecta. Te llevas los problemas a casa y te afecta. Aunque no nos gusta poner etiquetas, aquí tenemos todo tipo de síndromes. Es un cajón de sastre. Autismo, Asperger, síndrome de Down... pero cada uno de ellos es un mundo, igual que cualquier persona normal es un mundo. Y digo normal entre comillas, porque yo no sé dónde está el umbral de la normalidad. Aquí hablamos de las capacidades que tienen e intentamos potenciarlas. Nunca hablamos de discapacidad.

-¿Usted es 'normal'?

-No, no soy normal, ja, ja, ja.

-Lo que hacen se llama educación especial, ¿cómo son de especiales sus alumnos?

-Lo que caracteriza a la gran mayoría de ellos es que son superdotados emocionales. Normalmente, todos los días te dicen: 'Maestro, tú me quieres'. Es que ellos empiezan a funcionar cuando tienen un apego seguro. Cuando se sienten seguros y queridos, empiezan a aprender. Eso es vital. Buscan mucho el contacto físico: el abrazo... Si tú eres maestro de chicos de educación especial y te dicen que te quieren, es que te quieren de verdad. Son capaces de ver cuando tienes un mal día. Igual ni tu familia ni tu pareja se han dado cuenta, pero ellos sí lo notan. Y te lo dicen: 'Profe', tienes los ojos tristes, ¿qué te pasa?'. En eso, en inteligencia emocional, nos golean. Demandan mucho cariño porque también lo dan.

-¿Qué es ser adultos para estos jóvenes?

-Estos chicos quieren ser tratados como uno más. Quieren ser tratados como niños cuando son niños, como adolescentes cuando son adolescentes y como adultos cuando son adultos. A ellos les gusta que les traten con normalidad porque se sienten normales. Entienden sus discapacidades, pero se sienten normales. Estos chicos son adultos cuando consiguen que les traten como adultos.

-¿Qué sería de estos chicos si no existieran este tipo de programas?

-Aquí, lo primero que intentamos es que sean felices, porque estos chicos se sienten un poco perdidos en la ESO. Y no es una crítica a otros centros educativos sino al sistema. No tienen la capacidad de asimilar y aprender a la misma velocidad, y se desmotivan. Esto les ha pasado a muchos de estos niños en la enseñanza reglada, en la ESO. Se pierden. Y también son herméticos, aunque, como decía antes, cuando llegas a su corazón, lo dan completamente todo. Pero tienen que aprender a relacionarse.

-¿Qué título obtienen los alumnos de un programa de transición a la vida adulta y laboral?

-Pues no les dan ninguna titulación y es muy triste, porque estos chicos alcanzan unos objetivos que pueden ser similares a los de la ESO. Los políticos se jactan mucho de apoyar la educación especial y el trabajo protegido, pero luego la realidad es muy distinta. Tienen un informe, pero no un título.

-Un informe es algo muy frío, ¿no?

-Totalmente. Y cuando se lo dan, los padres nos dicen: '¿Y ahora qué?'

-¿Y qué les responden?

-Los padres caen en depresión porque no saben dónde meterlos. La educación reglada se acaba y están las asociaciones, que muchas pueden ser gratuitas y otras no... Y lo del empleo protegido, que yo me lo creo a medias.

-¿Por qué?

-Sí ya es difícil que encuentren empleo las personas aparentemente normales...

-¿Le hacen pensar mucho sus alumnos?

-Mucho. Me hacen pensar mucho y sentir mucho. Preguntan a menudo: 'Profe', ¿eres feliz? Porque yo soy muy feliz'. Es impresionante. Nuestra misión es enseñarles a vivir. Y no todo el mundo está preparado para recibir a estos niños. Todavía hay gente que ve al niño de educación especial y huye. Es como si se asustasen. Es curioso. Nosotros aquí los tenemos integrados con la ESO y con Primaria, y nunca hemos tenido ni un problema. Se relacionan unos con otros y eso enriquece a todos: a los niños de educación especial y a los que no lo son. Eso es la integración.

-Además de coordinar el programa, usted también es el profesor de teatro, ¿ya tienen algún Bardem y alguna Penélope Cruz?

-Sí, mi asignatura es el teatro. Y hacemos obras propias. Somos un poco originales y reivindicativos. Y sí, tenemos muchos actores y actrices tremendos. No tienen que fingir mucho.

-¿Han cogido alguna vez a algún alumno copiando?

-Claro que sí, ja, ja, ja. Se copian los trabajos de ordenador. Y se bajan películas que no se tienen que bajar...

-¿Serían estos chavales el reverso de los 'ninis', esos jóvenes que ni estudian ni trabajan porque no les da la gana?

-Yo valoro más el esfuerzo que el resultado. El esfuerzo también es inteligencia. Me corroe cuando oigo eso de que 'mi niño puede, pero no quiere'. Los niños de educación especial siempre se esfuerzan. Siempre tienen ganas de mejorar. Y te demandan mucho trabajo. Son un poco como los niños de Infantil, que no los puedes dejar parados ni medio minuto. Aquí no se duerme nadie. No quieren estar parados ni perder el tiempo. Si estuviéramos con ellos 24 horas, estarían pidiendo tarea las 24 horas. Eso lo valoro muchísimo. Estos chicos no quieren estar subsidiados y que les den una paguita.

-O sea, que aquí 'ninis' no hay.

-Aquí 'ninis' no hay, no, no, no, ja, ja, ja.

 

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