El cartero llamó decenas de veces

Emilio Calatayud repasa las decenas de postales que han llegado a su juzgado./PEPE MARÍN
Emilio Calatayud repasa las decenas de postales que han llegado a su juzgado. / PEPE MARÍN

Emilio Calatayud logra llenar su juzgado de postales de aliento a los niños encerrados | Harto de los 'selfies' y de los mensajes de whatsapp, el magistrado pidió a través de su blog un nostálgico empujón al correo tradicional y funcionó

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

Los 'selfies' y los mensajes no han logrado matar a la correspondencia tradicional, la de letra escrita a mano, papel y sellos. Quizá esté agonizando, pero todavía hay personas que echan un vistazo a su buzón para ver si alguien -que no sea un banco o una compañía de lo que sea- les ha enviado una carta o una postal, dos métodos para comunicarse que antaño no tenían rival y hogaño están en franca decadencia.

Pero aún hay quien espera postales y cartas. Emilio Calatayud, titular del Juzgado de Menores 1 de Granada, conoce a alguno de esos nostálgicos que no se resignan a la defunción del correo. No son marcianos, existen. Se llaman Sabino, Pedro, Eloísa... El propio Calatayud, aunque también ha caído en la red de las redes, valga la redundancia, echa de menos aquellas tarjetas que solían arrancar con la siguiente fórmula de cortesía: «Espero que al recibo de la presente estéis bien, nosotros lo estamos pasando de miedo», etc.

Ahora, en cambio, todo son mecánicos 'me gustas', 'autofotografías', caritas sonrientes o cabreadas... Las llamadas nuevas tecnologías de la comunicación han arrasado a las tradicionales. Harto de esa situación, el magistrado utilizó su blog para darle un nostálgico empujón a la caligrafía y los carteros. Es decir, que utilizó las armas del 'enemigo' para dar una modesta batalla por el pasado. «Me ha dado por pensar que ya casi nadie envía postales. ¡Qué pena! Ya solo llegan selfies de esos a través del 'guasap'. Pero si ya estoy harto de verte la cara hijo-hija-hermano-hermana, amigo-amiga, etc ¿'pa' qué me envías fotos en las que solo se te ve a ti... Yo quiero postales. De esas que empezaban así: 'Estamos en Zaragoza, ya hemos visto a la Virgen del Pilar...' Por supuesto, la imagen de la postal era de la Basílica del Pilar. Lo difícil es encontrar un buzón para echarlas, pero haberlos, haylos... Hay que patear, pero así veis las ciudad de que se trate al completo», explicó el jurista en www.granadablogs.com/juezcalatayud/, el sitio de Internet en el que deja a diario sus reflexiones y desahogos.

Así las cosas, Calatayud lanzó la siguiente petición al ciberespacio: «Si alguien quiere enviar una postal para animar a los niños que están encerrados por haber vulnerado la ley podéis enviarlas al Juzgado de Menores 1, calle Marqués de la Ensenada, 18004, Granada».

En unas pocas semanas, el despacho del magistrado quedó tapizado de tarjetas llegadas desde muchos puntos de España y del extranjero, caso del país del sol naciente: «Os escribo desde Japón, país fascinante y lleno de contrastes. He disfrutado de sus paisajes y de sus monumentos, pero lo que va a quedar en mí como un tatuaje son sus gentes. Me han demostrado que con bondad, perseverancia y educación se llega muy lejos».

En resumen, que el cartero llamó decenas de veces. Habrá quien diga que la iniciativa es una gota de agua en el océano, un gesto decadente. Puede que sea cierto, pero ha merecido la pena... o, mejor dicho, la pena de estar encerrados lo merecía. «Hola, chicos, somos unas granadinas que hemos estado haciendo el Camino del Santiago. Desde aquí os animamos a seguir luchando y a conseguir los sueños que tengáis».

Desde Ayamonte, provincia de Huelva, apuntaban en la misma dirección: «Ánimo de los errores también se aprende».

De nuevo más allá de las fronteras españolas, un amigo que estaba en Frankfurt, Alemania, remitió el siguiente texto: «Con mi mayor deseo de que esos chicos hoy internos se transformen en hombres y mujeres de peso».

Y de la gallega Costa de la Muerte llegó esta otra píldora revestida de poesía. «Queridos chicos, ojalá algún día podáis ser libres como los faros».

Más. Este ha de leerse con acento francés. «¡Hola chicos! Este verano hemos hecho un viaje muy especial a París. Subimos a lo más alto de la Torre Eiffel y allí arriba me acordé de vosotros porque todo era increíble y a la vez insignificante. Y por eso me acordé, porque las cosas pueden ser diferentes dependiendo de la perspectiva con la que se miren. Tratad de ver la vida con otra perspectiva y sed felices».

Más al sur, en Guipúzcoa, un cartero recogió este saludo para enviarlo todavía más al sur, a Granada. «Hola, chicos, os escribo desde un pueblo pequeñito del País Vasco llamado Oñati. Hasta aquí llega vuestro grito de lucha y de esperanza, una esperanza que la vida os debe por no haberos tratado como os merecéis. Fuerza, amor, valor, confianza, poder, querer.... Sí se puede».

Y aquí una reflexión que puede ser muy útil para los chavales con cierta tendencia a meterse en líos. «Yo estuve en una cárcel de niños y no me gustaría estar en una de verdad». Vino de Málaga.

Suma y sigue. De Rascafría, en Madrid, una postal cálida. «Deciros que todos tropezamos alguna vez... y más de una, pero tenéis lo más importante: pocos años y tiempo para rectificar».

Y de Ponferrada, León, un sabio consejo: «Al mal tiempo, buena cara. Aprovechad y sacad todo lo positivo de vuestra estancia ahí y salid dispuestos a que el sol brille cada día en vuestras vidas, que no haya más nubarrones ni días grises».

Este otro pensamiento llegó desde un lugar desconocido: «Hoy metisteis la pata, no os preocupéis: lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla dentro».

Y ahora Sevilla: «Que encontréis vuestro camino, no dejéis pasar este tren, hay trenes que solo pasan una vez en la vida».

A continuación, una buena dosis de sencillez desde la blanca Ibiza: «Sed buenos, que la vida es muy bonita y hay que disfrutarla».

A estas alturas, toca abreviar porque se acaba el espacio.

Burgos: «No estás solo».

Roquetas de Mar, Almería): «Fui una adolescente rebelde y estas palabras me hicieron muy bien: 'Levanta anclas, no te quedes en la orilla, ni con la nostalgia de no haber pescado nada, ni con la mirada puesta en la barca, ni con las manos ocupadas en lavar redes. ¡No te conformes con ser marinero en el Parque del Retiro! ¡Rema mar adentro!».

Algodonales, Sevilla: «Somos franceses/españoles. Vosotros, a escuchar al juez, aprender a leer y escribir».

Granada: «Con propósito de enmienda, casi todo se puede perdonar».

Andorra: «Nos han contado que sólo había 30 presos en todo el país. Esperamos que llegue el día en que en España nos encontremos en la misma situación»

La Gomera, Canarias: «Y si hay que empezar de nuevo, pues se empieza».

Bulgaria: «Este es un país muy bonito y los búlgaros son muy amables. Tenéis toda la vida por delante, aprovechadla, estudiad y formaros, así, en unos cuantos años, seréis vosotros quienes escriban postales desde cualquier lugar del mundo».

Bilbao: «Un saludo desde una ciudad que ha sabido aceptar su pasado y transformarse para disfrutar de su presente, y soñar con un futuro aún mejor».

Aracena, Huelva. «No os rindáis nunca, el principio del cambio es siempre la parte más difícil».

Oviedo, Asturias: «Hola a todos y todas. Con esta idea de don Emilio, vamos a conocernos un poco y a conocer el mundo de la comunicación por correo».

El cartero sigue llamando...

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