Los botellones ensucian enclaves históricos del Albaicín, pese a las cámaras

Grafitero cazado en el aljibe del Zenete por la Policía Local a través de las cámaras. /IDEAL
Grafitero cazado en el aljibe del Zenete por la Policía Local a través de las cámaras. / IDEAL

Las cámaras no evitan el consumo de alcohol en zonas como el Zenete o la puerta de Monaita, donde se acumulan las botellas y restos de comida

Javier Morales
JAVIER MORALESGRANADA

Las cámaras instaladas en el Albaicín han frenado –en parte– la plaga de pintadas. Salta a la vista en un recorrido por los puntos en los que en febrero empezaron a funcionar los puntos de vigilancia: el arco de Elvira, el aljibe del Zenete, el arco de las Pesas y el palacio de Dar Al-Horra y la puerta de Monaita. Desde que se instalaron hay tres nuevos grafitis –dos en el arco de las Pesas, otro en el aljibe del Zenete y uno ya tapado en Dar Al-Horra–, un daño que los vecinos consideran «impropio» para un barrio Patrimonio de la Humanidad pero que es muy inferior a los registrados en los meses de calor de años anteriores.

Las cámaras parecen cumplir con la función de disuadir a los delincuentes del spray. Pero hay quien no se percata de la presencia de estos dispositivos –y de los llamativos carteles amarillos de 'zona videovigilada'– y sacan los botes para ensuciar el patrimonio. Es aquí donde entra en juego la segunda función de las cámaras:detectar las infracciones e identificar a sus responsables.

El último ejemplo ocurrió en la mañana del 15 de junio. La Policía Local vio a las 7.20 a través de las pantallas a un joven que pintaba sobre el aljibe del Zenete, un entorno Bien de Interés Cultural (BIC) que data del año 1517. Una unidad se trasladó hasta la zona y comprobó que había trazado las letras «HEK», en blanco y negro, sobre la bóveda del aljibe. Localizaron allí a un hombre de origen británico con cinco botes de spray y dos guantes de látex. Casi había culminado la 'obra', que tapa los ladrillos de un murete. Fue detenido y puesto a disposición judicial como un presunto autor de delitos de daños contra el patrimonio histórico.

Pero al margen de los grafitis, los jóvenes siguen aprovechando los miradores con vistas, aunque estén protegidos por cámaras, para pasar la noche. La prueba son los restos que ensucian el entorno de estas zonas que quedan en el ángulo muerto de las cámaras.

El ejemplo más notable es el del propio aljibe del Zenete. Sobre él hay un mirador conocido como Ojo de Granada que sirve como punto de encuentro para los grupos de jóvenes. Una improvisada terraza con vistas al Centro. La escena allí está dominada por las bolsas y los litros y latas de cerveza que quedan 'atrapados' entre las chumberas, además teñidas de blanco por la plaga de la cochinilla. «Van allí y dejan la basura poco a poco», denuncia la portavoz de la asociación de vecinos Bajo Albayzín, Lola Boloix.

Han alertado de ello al Ayuntamiento en varias ocasiones, al tiempo que han reclamado limpiezas con mayor profundidad en esta zona. A estos restos se suman los muebles que en las últimas semanas se han acumulado en las calles.

Otro de los puntos conflictivos es la puerta de Monaita, también protegida por una cámara. La subida hasta la puerta, frecuentada por turistas, está repleta de cristales de botellas de cerveza. Un perímetro de tierra en la subida es el punto más sucio, porque los cristales –que pueden prender la hierba seca en cualquier momento– conviven también con latas y excrementos. Más de una veintena de 'cacas' de perro cuyo olor se percibe desde el mismo carril de la Lona. «Hay gente todos los días», asegura Boloix. Entran desde la frontal del Palacio de Dar Al-Horra –también vigilado por cámaras– y se suben a la zona superior de la puerta, desde donde lanzan la basura.

En cuatro meses, la Policía Local ha registrado nueve denuncias por botellón gracias a las cámaras.En otros lugares, como el Huerto del Carlos, no queda más remedio que vigilar a pie. Como pudo comprobar IDEAL en la noche del pasado miércoles, son habituales los botellones de madrugada en este punto. Las papeleras y poyetes del mirador amanecen cada mañana –no sólo en los fines de semana, cuando la actividad se intensifica– llenos de litros de cerveza. Una veintena quedaron amontonados en una papelera del mirador aquella noche.

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