Una autoridad en el sector Oil&Gas en Viena: «Es una pena que de Granada salgan tantos jóvenes profesionales y estudiantes»

Alejandro disfruta en Viena de un empleo estable y lo hace, además, junto a la familia que ha formado con su mujer, una catalana que conoció en Madrid. /
Alejandro disfruta en Viena de un empleo estable y lo hace, además, junto a la familia que ha formado con su mujer, una catalana que conoció en Madrid.

Antonio, granadino de 34 años, confiesa que le gustaría volver «algún día» a su tierra, pero admite que a la ciudad «le falta tener un mercado laboral más amplio, diverso y saludable» | Hoy en día disfruta en la capital austriaca de un empleo que le encanta comprando materias primas y biocombustibles

Carlos Balboa
CARLOS BALBOA

Una década fuera de Granada han convertido a Alejandro Llorens en un hombre totalmente diferente a aquel que se licenció en Administración y Dirección de Empresas en la UGR. Ahora, a sus 34 años, el trabajo lo mantiene alejado de su tierra, a la que no descarta volver «algún día» siempre y cuando, matiza, «ofrezca una buena oportunidad».

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Este granadino, nacido para su orgullo un Día de la Cruz, disfruta en Viena de un empleo estable y lo hace, además, junto a la familia que ha formado con su mujer, una catalana que conoció en Madrid y con la que tiene dos hijos, de 3 y 1 año. Su recorrido laboral hasta llegar el pasado mes de julio a Austria empezó en el Reino Unido, con una estancia breve en Lutterworth, y continuó en la capital de España en Trader, otra multinacional del sector Oil&Gas, donde estuvo un total de 7 años.

Alejandro nos explica de esta forma cómo es su día a día. «Mi trabajo es, básicamente, comprar en mercados internacionales una serie de materias primas (biodiesel, etanol, aceites vegetales) para cumplir con los mandatos de biocombustibles que tienen las petroleras en Europa, dictados por la Renewable Energy Directive, y la trasposición de la misma a las diferentes legislaciones de los países miembros de la UE. Como es lógico, las petroleras integradas tienen producción de crudo, que luego refinan en sus plantas para producir entre otros diésel, gasolina, queroseno, LPG, fuel, asfaltos y otra serie de productos petroquímicos».

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Su puesto de empleo, que desempeña «100% en inglés», idioma en el que él se defiende a la perfección, implica también que compre biocombustibles y los venda a terceros intentando hacer un margen en la operación. «Son mercados todavía en crecimiento, poco maduros, por lo que se generan suficientes ventanas de oportunidad», revela. En este punto, Alejandro asegura que disfruta con lo que hace: «Me gusta mi trabajo así como me gusta mi empresa, una de las dos o tres más grandes de Austria». Sin embargo, confiesa que le queda «la espinita» por tener que haber emigrado. Y así lo lamenta: «Es una pena que Granada, una de las ciudades más bonitas que he visto en mi vida, presente una tasa de salida de jóvenes profesionales y estudiantes tan elevada. Tenemos la materia prima (talento) y tenemos la «planta de producción» (Universidad puntera), pero nos falta el último paso: disponer de un mercado laboral más amplio, diverso y saludable».

«Me gusta mi trabajo así como me gusta mi empresa, una de las 2-3 empresas más grandes de Austria»

Esta añoranza de su ciudad se traduce en momentos en los que su imaginación le transporta a «lugares como Plaza Nueva, la Catedral, la Alcaicería, Colón, Reyes Católicos, el Realejo, el Albayzín, el Paseo de los Tristes, la Alhambra o Sierra Nevada. A menudo», añade nuestro paisano, «me visualizo dando un paseo por el centro, disfrutando de un pionono o de una tarde noche de tapeo con mis amigos». Y, por supuesto, también tiene espacio en su corazón para el Granada C.F. «El estar en Segunda División no ayuda, pero es sorprendente cuanta gente lo conoce por haber estado seis años consecutivos en Primera», descubre. En este sentido, señala que se está dando cuenta de la «enorme cantidad de austriacos que conocen Granada». Y no solo por la Alhambra, sino también por las tapas, «las mejores del mundo», según le cuentan al propio Alejandro.