Un amor de colección que va hasta el infinito y más allá

Laura Yeste posa con la colección de más de cuarenta figuras de 'Toy Story' que su novio y ella aumentan desde hace años./RAMÓN L. PÉREZ
Laura Yeste posa con la colección de más de cuarenta figuras de 'Toy Story' que su novio y ella aumentan desde hace años. / RAMÓN L. PÉREZ

Sergio González y Laura Yeste son una pareja granadina que acumula más de cuarenta figuras originales de la saga de animación 'Toy Story'

Diego Callejón
DIEGO CALLEJÓN

El juguete es el regalo estrella de la Navidad. Cada año, millones de niños rompen miles de envoltorios al unísono para encontrar dentro esa figura que tanta ilusión les genera. Desde el momento en el que la sacan de su caja, comienza una relación especial que, si es lo suficientemente intensa como para descubrir que «hay un amigo en ellos», jamás será olvidada. De esa pasión por los juguetes saben mucho el ingeniero informático Sergio González (1984) y la técnico de laboratorio Laura Yeste (1988), una pareja granadina que desde hace años ha ido juntando una enorme colección de figuras de la famosa saga de animación 'Toy Story' que, a día de hoy, supera la cifra de cuarenta ejemplares.

Esta afición por el coleccionismo de 'Toy Story' empezó precisamente cuando se conocieron, y ha ido creciendo al mismo ritmo que su amor. «Laura siempre ha sido muy fan de las películas de la saga, y cuando empezamos a salir decidí regalarle un juguete del vaquero Woody», explica Sergio. Desde ese momento, comenzaron poco a poco una colección en la que «no vale todo», ya que, como cualquier buena selección, se rige por unas normas muy estrictas.

Número de piezas
Más de 40.
La que más costó
El Buzz Lightyear original, por 150 euros.
Pieza más preciada
Un modelo de Jessie, la vaquera de la película, que habla en japonés al accionarla.

La idea sobre la que se cimenta la colección de juguetes de Laura y Sergio es que «todas las figuras pudieran ser compradas por Andy», el niño protagonista de las películas. De esta forma, la totalidad de los muñecos que componen su pequeño museo tienen que tener las mismas medidas que tenían supuestamente los de la saga, estar hechos del mismo material y cumplir con las mismas funcionalidades. Del mismo modo, intentan que las cajas también sean idénticas a las de las cintas.

Un ejemplo de este riguroso filtro lo pone Sergio al explicar cuánto les costó encontrar la figura original de Buzz Lightyear, ya que en la película el astronauta venía en la misma caja que su nave espacial. «Hay cientos de juguetes de Buzz Lightyear, pero nosotros queríamos justo el que le regalan a Andy en 'Toy Story', que incluía la nave en el mismo embalaje que la figura», explica Sergio. Finalmente, a través de Internet, consiguieron dar con esa pieza del astronauta de juguete, «la que más les ha costado conseguir», y la compraron por 150 euros, cuando su precio de lanzamiento «no superaba los treinta».

A la caza del mono

A pesar de que la figura original de Buzz Lightyear se les resistió y les acabó saliendo cara, Laura y Sergio cuentan que «solamente las más raras cuestan tanto dinero», y que la mayor parte de su colección la han hecho con juguetes que cuestan en torno a los veinticinco euros.

Repasando otras figuras curiosas de su colección, y algunas que aún tienen en el punto de mira, la pareja explica que sus objetivos no solamente son los muñecos protagonistas, sino todos los que aparecen en las tres cintas de 'Toy Story'. De esta forma, si en la película sale un coche de la marca Playskool, buscan el modelo exacto de la firma que se lanzara en esa época. Esta minuciosidad lleva a que existan algunas piezas casi imposibles de conseguir, como ocurre con el modelo original de la torre de donuts o con el mono 'Jolly Chimp', una de las mayores aspiraciones de la pareja. «Estamos detrás de un mono con platillos que aparece en la tercera película, y cuyo modelo original, que data de los años sesenta, se vende en Japón por 300 euros», narra Sergio.

Sin embargo, la figura más querida de la amplia colección de estos granadinos no es la más cara, sino una que tiene una curiosa particularidad. Se trata de un modelo de Jessie, la vaquera de la película, que habla en japonés al accionarla. «La compramos en un viaje a Japón y nos trae un recuerdo especial», cuentan. No cabe duda de que en su numerosa familia hay juguetes para todos los gustos.