El oasis de las malas 'hierbicas'

El oasis de las malas 'hierbicas'

El Parque de la Virgencica, adaptado a toda prisa para que fuera inaugurado antes de las elecciones municipales, no es apto para que la gente se siente a descansar porque en lugar de césped tiene unos hierbajos que superan los treinta centímetros de alto

GUILLERMO ORTEGA

Ubicado algo más abajo del barrio de la Cruz y cerca del que llaman de la Albayda, el parque de la Virgencica fue inaugurado muy poco antes de las elecciones municipales del pasado mayo, después de unas obras de adaptación que se hicieron en tiempo récord (aquí los malpensados podrán decir que había que acabarlo sí o sí antes de los comicios) y que incluyeron otras reformas en la zona, como el ensanche de la avenida Juventudes Musicales o el arreglo de varias aceras. El presupuesto de toda esa actuación fue de 620.000 euros.

El parque en sí tiene 14.000 metros cuadrados, vino a sustituir a un solar que no tenía ningún sentido y se concibió como el nuevo pulmón verde del distrito de Beiro. Puede que lo sea con el tiempo, cuando crezcan los árboles que fueron plantados. Esas cosas terminan por ocurrir, como sucedió en el bulevar de la Constitución, que ahora presenta un aspecto mucho más bonito que hace diez años, o como está pasando en el parque del Realejo y el de Tico Medina, junto al río Genil.

Hablando del Tico Medina, el de la Virgencica tiene una circunstancia en común con él: una amplia superficie verde, largos y anchos espacios donde quienes lo deseen pueden sentarse (o tumbarse) a descansar, hacer un picnic, iniciarse en los juegos malabares, hacer carantoñas con su pareja En fin, un catálogo de posibilidades bastante amplio.

Pero mientras que en el parque Tico Medina todo eso puede hacerse y se hace, en el de la Virgencica es misión imposible. Porque allí no hay césped, sino malas hierbas. Unas especies invasivas que, además, crecen de forma sorprendente tanto si hace calor como si llueve.

Los hierbajos alcanzan con facilidad los treinta centímetros, en algunos puntos hasta más. Así las cosas, nadie en su sano juicio tendrá la ocurrencia de sentarse ahí y la zona queda inutilizable. Su aspecto es bastante bonito si se contempla desde lejos, pero a ras de suelo es un terreno inserviblesalvo para las malas hierbecicas, que ahí están a sus anchas.