De la ciudad de la Alhambra a codearse con un premio Nobel

Durante su estancia en Granada, en el mirador de San Nicolás./
Durante su estancia en Granada, en el mirador de San Nicolás.

Granada, un punto de inflexión en la vida de Luz

CRISTINA GONZÁLEZgranada

Dice Luz Milbeth Cumba, sin dudarlo ni un segundo, que si la cosa mejora, le encantaría volver a España a trabajar. Y no son palabras vacías. A sus 24 años, esta jovencísima puertorriqueña puede presumir de haberse recorrido ya medio mundo en su afán de formarse en su especialidad de Inmunología, rama que eligió cuando se decantó por la Biología Celular Molecular en sus estudios en su país de origen. Ese periplo para ampliar horizontes científicos la ha llevado por Alemania, Brasil, China, Estados Unidos y España, en concreto la ha traído a Granada en dos ocasiones. Una ciudad de la que sólo guarda buenos recuerdos y sobre la que se deshace en elogios. «Es como mi segundo hogar. Estoy deseosa de volver pero aún no he podido», explica en una videoconferencia vía Skipe.

La primera vez que desembarcó en la ciudad de la Alhambra fue en el verano de 2010 para realizar un internado de dos meses en el Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra, gracias a una beca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fue un aterrizaje estudiantil en toda regla. En piso compartido con otros jóvenes que llegaban en otras facultades con ganas de estudiar pero también de disfrutar. «La primera vez que vine viajaba todos los fines de semana», relata. En la segunda ocasión fue distinto. Tanto les gustó su buen hacer que le ofrecieron un contrato de un año. Más responsabilidad era igual a menos fiesta. «No salía todos los días porque terminaba agotada del trabajo y me fui a vivir con una pareja que era como mi familia, mis papás españoles», recuerda.

Enamorada del Albaicín

Aún así, se unió a la asociación ESN de estudiantes Erasmus para realizar actividades y visitar Portugal, Ibiza, Valencia o Almería. Pero se queda con Granada, siempre con Granada. «No podía creer que estuviera en un sitio así. Quedé enamorada de la Alhambra y del Albaicín, era de mis partes favoritas. También fui muchas veces a los baños termales», cuenta. Ese idilio duró un año. Su camino siguió hacia Alemania, hacia el Centro Alemán de Investigación Oncológica en Heidelberg, donde trabajó en 2011 con el premio Nobel Harald zur Hausen. «Fue increíble, aprendí muchísimo», afirma sobre una experiencia que vivió con sólo 18 años.

Ahora, tras su paso por Brasil, para otro internado de verano, y China, donde dio clases a estudiantes del primer año de universidad, trabaja y prepara el doctorado en la prestigiosa Clínica Mayo de Estados Unidos, en Minnesota. «Me dieron una beca que me cubre la matrícula, las clases y, a cambio, trabajo en el laboratorio», explica. Aquello no tiene nada que ver con el sur de España. «Es muy americano, la gente es muy tranquila, no le gusta el bullicio ni la fiesta y hace un frío horrible», subraya. Y Luz, puertorriqueña, lleva en la sangre un carácter más similar al andaluz que al estadounidense. Por eso no le costó nada adaptarse a Granada. Ni a las tapas. Añora muchas cosas. ¿Cómo cuáles? «Los quesos, el jamón, el vino», dice. «He ido a muchos lugares y ninguno como Granada», sentencia.