Murió el hombre, no sus ideas

Cazorla, en el despacho de su casa tras su jubilación./
Cazorla, en el despacho de su casa tras su jubilación.

Fallece en Granada José Cazorla Pérez, catedrático emérito de Derecho Político de la Universidad

VICTORIA FERNÁNDEZ

El próximo 29 de marzo hubiera cumplido 85 años, de los que la mitad los dedicó a la enseñanza universitaria; primero, en la Facultad de Derecho y, más tarde, en la de Ciencias Políticas y Sociología, de la que fue su gran impulsor y primer decano. Pero estas líneas no están escritas para enumerar la larga lista de cargos, medallas y distinciones que recibió a lo largo de su vida, sino para recordar a este hombre, José Cazorla Pérez, que ayer abordó el tránsito a la muerte sin dejar indiferente a varias generaciones, pasadas y venideras, por el valor de sus creencias y pedagogía.

Apuntes biográficos

-Estudios. Premio Extraordinario del Doctorado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada (1964). Catedrático de Ciencia Política (1969).

-Universidad. Decano de la Facultad de Derecho (1980-82) y primer decano de la nueva Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (1988-92). Catedrático emérito de la UGR.

-Distinciones. Premio Andalucía de Periodismo (1985). Premio Nacional de Ciencia Política y Sociología (1988). 'Plácido Fernández Viagas' (1995). Posee, entre otras condecoraciones, la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica (1996).

A su padre le hubiera gustado que, como él, hubiera sido médico, un «gran médico» y, de hecho, cuando aún estaba en el instituto asistió con su progenitor a varias operaciones en el Hospital de San Juan de Dios. Pero aquello no era lo suyo. A aquel joven pensador lo que en verdad le apasionaba era la ciencia política y la sociología, unos estudios sin apenas arraigo en la sociedad española de los años 50, pero a los que entregó su vida desde la soledad de quien era hijo único y desde la atalaya de ser un crítico observador de la realidad española.

Su percepción sobre la clase política era tan clarividente que, hoy día, se puede constatar su plena actualidad. «Creo -decía- que es una de las profesiones más difíciles que existen, porque en su camino se presentan circunstancias que no se dan en otras con tanta facilidad. A un abogado o a un médico, se le puede presentar la ocasión para defraudar o engañar a costa de la salud o de los ahorros ajenos, pero en política se tienen muchas oportunidades de hacer cosas deshonestas que queden ocultas».

Ni que decir tiene lo que pensaba hace apenas 20 años cuando alguien le preguntaba si, verdaderamente, el poder corrompe: «Sí, y en la medida que el poder es más grande corrompe más porque las tentaciones son más mayores y más ocultables. En otras palabras: tienen más probabilidades de ser corruptos».

José Cazorla hablaba y apabullaba. Irradiaba fuerza, energía, vitalidad y su voz era como un 'gong' que provocaba el silencio de quienes le oían. Pero detrás de este gran hombre, de amplia formación, sólidas ideas y gran visión de futuro, se ocultaba un ser entrañable y familiar, que no dudó en asumir durante un tiempo -cuatro años- la dirección de una agencia de viajes en Granada para darles a quienes tanto quería una buena posición económica; como tampoco lo hizo el día en que se le presentó la ocasión en dejarla, ganando un tercio menos, para irse a la Universidad a enseñar e investigar, las dos grandes pasiones de su vida junto a la propia institución universitaria y los valores que representa.

«A veces me preguntaba si me había equivocado pero hice lo correcto. Aquellos que hemos tenido la oportunidad de hacer lo que nos gusta somos unos privilegiados. ¿Qué si hay que seguir la vocación? Siempre. Uno tiene que pensar para qué sirve y que es lo que le gusta, y no aquello a lo que la sociedad le obliga».

Luchar por la democracia

Le dolía España, Andalucía y Granada y siempre estaba junto a los que luchaban por la libertad y la democracia, sobre todo, en momentos en los que esta pelea no resultaba nada fácil, como fue la Transición o el proceso autonómico andaluz.

A la pregunta de que si prefería una imperfecta democracia a una perfecta dictadura, siempre recordaba una frase de Churchill que decía: «La democracia es un desastre, pero es el sistema menos malo de todos los que conocemos».

Con los años le llegó una cierta desilusión, mejor dicho, «un menor grado de ilusión» que cuando era joven. «Entonces yo pensaba que lo que decía podía servir de algo para que esta tierra tan maravillosa, que tanto me duele, no se hundiera mientras que ahora me pregunto si valía la pena». Algo parecido le llegó a pasar con la amistad sobre la que parafraseaba a Sócrates para afirmar que «tener amigos es muy importante en la vida, pero su número no puede ser muy grande. En cualquier caso, los amigos tienen que demostrar que lo son».

José Cazorla nació en Granada el 29 de marzo de 1931 y ha muerto en ella catorce días antes de su aniversario. Amaba profundamente esta tierra y aquí tenía sus raíces. El país donde más tiempo vivió, además de España, fue en Estados Unidos y allí pensó trasladarse en 1975 porque aquí, afirmaba, comenzó a perder la esperanza.

Pero cambió de opinión e hizo bien en quedarse, porque fue precisamente en Granada, en su Universidad, en las aulas, en sus escritos o investigaciones donde creó la cepa de lo que es la sociología política española contemporánea y aquí, en esta tierra que tanto amaba y por eso le dolía, nos dejó sus mejores enseñanzas y experiencias.

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