Inma Omiste y la 'fuerza singular' del pelo amarillo

La candidata a la alcaldía de IU-Equo, Inma Omiste, con su perro Roco/JAVIER MARTÍN
La candidata a la alcaldía de IU-Equo, Inma Omiste, con su perro Roco / JAVIER MARTÍN

La candidata de IU-Equo pasea a su perro, mientras su hijo afirma que ella y él son los únicos rubios de la ciudad

Rebeca Alcántara
REBECA ALCÁNTARAMotril

«En Motril sólo hay dos personas con el pelo amarillo». Así lo afirma con rotundidad uno de los hijos de Inma Omiste. Tiene seis años y está convencido de que cuando la gente ve la foto de su madre que cuelga de las farolas de la ciudad la relaciona directamente con él porque son los únicos rubios de Motril. Omiste sonríe mientras lo escucha y no le quita la razón. Así de maravilloso es casi siempre el mundo de los niños. Como lo fue el de Inma y su perra Menta.

La candidata de IU-Equo, novata en batallas electorales (es la primera vez que opta a la alcaldía), nos cita a última hora de la tarde en el parque de las Provincias. Allí espera rodeada de gente y de perros, incluido el suyo, Roco, al que su hijo también quiere convertir en rubio. «¿Roco también va a salir en los carteles», le pregunta a su madre, que le explica que no, que estas fotos son para otra cosa, para un periódico.

«Se hacen amigos paseando a la mascota»» dice Omiste. Y esa es una de las razones por las que a ella le gusta, cuando puede, sacar al suyo. «A veces conoces primero a los perros y luego a los dueños», señala, mientras va presentándolos hablando primero de los nombres de cada can.

Roco tiene dos años y llegó a su casa para completar la familia y para cumplir los deseo de los niños, que fueron también los encargados de ponerle el nombre, aunque su primera opción era Martillo, «como Thor, pero en español».

Es adoptado. Uno de los cachorros de una camada abandonada que Inma y su marido vieron a través de las redes sociales y del que se enamoraron inmediatamente. Ella es tajante en este sentido: «los animales no se compran». Y no parece que sea un mensaje de partido, sino una convicción real. Una idea que comparte con su pareja, Fernando, al igual que muchas otras cosas.

El perro es cariñoso, activo, muy joven y hasta guapo, pero por ahora no han conseguido que acepte a otros de su especie en casa. «Quisimos ser casa de acogida. Nos trajimos a Abril, una perrita que estaba enferma. En la calle se llevaban muy bien, pero dentro era imposible. Fue un drama tener que dársela a otra familia», recuerda Inma, que también recuerda a Menta, la perra que tenía cuando era una niña y que murió ya hace años. Sonríe mientras habla de ella, con esa sonrisa con la que uno rememora las cosas bonitas de la vida que con el tiempo no sólo no se olvidan sino que se vuelven aún más bellas. Los filtros de la memoria son mejores que los de Instagram.

Fernando también aparece en el parque, a los pocos minutos de comenzar la charla, y se queda al cuidado de Roco durante un buen rato. Es lo que viene pasando en las últimas semanas. «Estos días es él quien se encarga de casi todo, el resto del tiempo vamos a medias» afirma la candidata.

A pesar de estos pequeños cambios, Inma no habla de esta carrera a las elecciones como algo pesado y tedioso. Más bien al contrario. La campaña se vuelve ligera en sus palabras y eso que su formación no ha parado. Le gustan las buenas formas, afirma, y por ahora se están manteniendo.

Inma está contenta del transcurso de las cosas. Con su decisión de optar a la alcaldía, con su familia, con su perro, sus paseos por el parque y con ser la única mujer de pelo amarillo de Motril. Y así lo transmite.

«Dudé entre quedar con vosotros aquí o en la playa», indica. Allí pasó el domingo. Fernando hace kitesurf, a ella le da miedo, prefiere el padel surf, por el momento, aunque no descarta afrontar ese riesgo. Sus hijos también se están iniciando en los deportes acuáticos, cada uno a su ritmo y a su edad y trata de convencernos de que nosotros también probemos. Reflexiona entonces, mientras recuerda la imagen del domingo libre de campaña, sobre cómo conseguir que ese atractivo de deporte y mar se impulse en Motril. Y es que por muy cercano que sea el plano, al periodista, aunque esté fuera de servicio, siempre se le escapa la pregunta, y el político, no puede evitar sacar la propuesta. Cada uno a lo suyo, y a veces en paralelo.

Inma se queda con su familia, con sus amigos y con su perro y el resto de perros del parque. Se despide aliviada. «Al principio pensé que íbamos a tener que volver a hablar de propuestas, de programa, de campaña.... Y una ya no sabe qué más contar». Sonríe, se la sigue reconociendo a lo lejos, es la única mujer con pelo amarillo en Motril.