Cantabria, sedienta de inversión

Vista nocturna de la playa de El Sardinero. /Andrés Fernández
Vista nocturna de la playa de El Sardinero. / Andrés Fernández
JUAN LUIS FERNÁNDEZSantander

La bella Cantabria ha sido una de las comunidades más damnificadas por la recesión. Solo en un puñado de trimestres en los últimos diez años el PIB regional ha logrado mejorar la media española. Si bien la fuerte reducción de población activa hace que el paro haya descendido notablemente, a finales de 2018 aún había 20.000 ocupados menos que diez años antes. Podría, pues, alcanzarse pronto la cifra de paro anterior a la crisis, pero no la cifra de empleo. Cantabria es una parte cada vez más pequeña de la economía española.

La región esperaba dar un vuelco a esta situación si el Gobierno retomaba infraestructuras sin las que Cantabria quedará relativamente aislada de los grandes mercados ibéricos y europeos. El marasmo político de 2015-2016 perjudicó mucho a la comunidad con la caída de inversión estatal, pero la llegada del alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, al Gobierno Rajoy como ministro de Fomento puso en marcha proyectos que habrían de asegurar un ferrocarril moderno con la Meseta; un mejor acceso por autovía al valle del Ebro y a Madrid; una ampliación de autovías con Vizcaya y en el eje Santander-Torrelavega; y varias actuaciones de integración ferroviaria que revolucionarían ambas ciudades.

El aterrizaje de José Luis Ábalos supuso la ralentización de unos proyectos y la paralización de otros. En el presupuesto socialista para 2019, Cantabria era una de las cuatro regiones donde iba a caer la inversión del Estado, lo que generó gran malestar incluso entre su socio de gobierno autonómico, el Partido Regionalista.

Cantabria, sedienta de inversión, espera de un nuevo Gobierno que retome y agilice los proyectos abandonados, y que cumpla otros ya en curso, como la sede asociada al Museo Reina Sofía o el pago de los sobrecostes del Hospital Valdecilla. En 2016, el PP obtuvo 2 diputados, por uno el PSOE, uno Podemos y uno Ciudadanos. Ahora las novedades son el ascenso de Vox, que perjudica al PP; la caída de Podemos, que beneficia al PSOE; y la concurrencia del regionalismo, que podría restar a todos sin garantía de sumar para sí. La incertidumbre es máxima.