Tenis

En busca de la 'Bola de Oro' en el circuito profesional

Carballés es actualmente en número 97 del ránking ATP top 100./IDEAL
Carballés es actualmente en número 97 del ránking ATP top 100. / IDEAL

Roberto Carballés está viviendo el año más exitoso de su carrera, en el que consiguió hacerse con el ATP de Quito | El granadino vuelve a casa tras la lesión sufrida en el US Open

CAROLINA A. PALMAGRANADA

Durante los minutos previos al partido, el jugador se prepara. Mantiene con fuerza la raqueta, que pesa y evalúa entre sus dedos. Gira al vuelo la empuñadura, la siente, se hace a ella. Respira hondo, toma conciencia del momento y sale a la pista. Este ritual, que cada tenista, sin importar el nivel al que juegue y a veces aún sin darse cuenta, lleva a cabo desde sus primeros partidos, Roberto lo había realizado ya más de un centenar de veces. Pero esta sería diferente. Al situarse en la pista de tierra batida, asir la raqueta al fin con ambas manos y mirar hacia el otro lado de la red se encontraba nada más y nada menos que el ídolo de cualquier joven tenista español, incluyendo al mismo Roberto. Ambos sobre su pista favorita, ambos disputándose el mismo torneo, luchando por escalar puestos en la tabla. Nadal, el número uno del mundo, esperaba impaciente el saque.

Roberto Carballés, natural de Tenerife pero criado a la sombra de la Alhambra, comenzó su carrera en tenis en las pistas del barrio granadino de Bola de Oro, con tan solo cinco años. En este mundo, en torno al cual gira actualmente su vida, lo introdujo su padre, un gran aficionado del deporte de la raqueta, cuyo sueño siempre fue llegar a ver a su pequeño disputándose un Wimbledon, hoy en día al fin cumplido.

Tras una corta temporada en las pistas del 'Bola', pasó a formar parte del club otureño Garros, donde se consolidó como tenista hasta el punto de ser convocado por las federaciones andaluza y española para formar parte de sus respectivos CARs al mismo tiempo. Roberto se decantó por la nacional, pasando a la independencia familiar con tan solo 14 años y a 800 kilómetros de casa. El cambio, la soledad y la lejanía de los suyos acabaron curtiéndolo por completo para lo que acabaría por ser su día a día. «Al decidirme por Barcelona, tuve que hacer un sacrificio muy grande. Son muchos años, hay momentos buenos, otros bastante malos. Pero al final, quieras que no, en la pista estás solo», manifiesta Roberto, hijo único y muy familiar, que tuvo que acostumbrarse a alejarse, a no tener un hogar definido, a prepararse solo y no depender de nadie. A ser un gran tenista en potencia.

Actualmente ha tocado bola en cinco de los seis continentes, en más países de los que pueda llegar a recordar. De hecho, es uno de los dos jugadores del ránking ATP top 100 que más torneos han disputado en la actual temporada -un total de 33, cifra que comparte con el alemán Mischa Zverev-. «Vivo para el tenis, no tengo tiempo para nada más», afirma Roberto, que más allá de ser un simple apasionado, está «enganchado» a este deporte. De hecho, a mediados del actual año tuvo «una mala racha». Dejó la academia en la que entrenaba en Alicante justo después de disputar el torneo Roland Garros, y no tenía pensado jugar por una temporada, pero «estaba rallado» y no pudo dejarlo. «No tenía con quién entrenar, iba jugando torneos sin parar, y al final se me descontroló un poco. Creo que jugué un poquito más de la cuenta, y no me hizo bien», manifiesta.

Una lesión desafortunada

Aún se está acostumbrando al cambio, cosa que tal vez pagó durante el actualmente disputado US Open, que acabó por abandonar la pasada semana al perder en la ronda 64 frente al croata Borna Coric. Influyó en el resultado también la lesión sufrida durante el partido con el que se estrenó en el torneo estadounidense. En el último derechazo que le otorgó la victoria frente a Mitchel Krueger, la potencia empleada hizo que Roberto cayera en una mala posición, que casi le impidió saludar a su contrincante. Los especialistas aún discuten si le ocasionó una rotura total o parcial del ligamento, de lo cual depende que su reposo tenga que alargarse de dos a cuatro semanas.

Este año, sin embargo, fue de los mejores en la carrera profesional de Roberto. No solo tuvo la oportunidad de jugar un torneo de Wimbledon, tal y como siempre había soñado ver su padre, sino que también consiguió hacerse hueco entre los 100 mejores del mundo, y realizó su mejor marca hasta el momento, con una luchada escalada hasta el puesto 72 tras, por cierto, ganar el ATP de Quito el pasado febrero. Torneo para el cual olvidó apuntarse para hacer la entrada directa al cuadro final, y tuvo que disputarlo como el resto desde la previa.

El presente ejercicio, además, lo comenzó entrenando con el mismo Ferrero, uno de sus mayores ídolos de la infancia, «a la altura de Nadal». Tal vez el comenzar el año jugando con dos de los más grandes en la historia de España encaminara ya los primeros pasos en su tan exitoso año, tal y como sucede en los mismos partidos, en los que el contrincante siempre acaba por marcar el nivel de juego. Aún así, a Roberto todavía le queda mucho tenis, aunque este año ya ha «jugado casi todos los torneos que quería». De cara al futuro, sueña con «la Copa Davis, que es el que más ilusión me hace». También espera tener la oportunidad de jugar contra Federer, «al menos una vez en mi vida. Es el referente, el que mejor juega técnicamente y el más completo», afirma. Y, a decir verdad, podría ser fácilmente y pronto otro en su lista de logros cumplidos.

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