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Tres décadas de luchas en Maracena

El Club de Luchas de Maracena cumple 30 años formando deportistas bajo el mando de Ramiro Sampedro./APM
El Club de Luchas de Maracena cumple 30 años formando deportistas bajo el mando de Ramiro Sampedro. / APM

El club cumple 30 años y fue fundado el 15 de septiembre de 1986, desde entonces han pasado por el mismo más de 4.000 personas

CAROLINA A. PALMAGRANADA

Si imaginas un momento así, visualizas a todo un público granadino en pie, ovacionando a su único representante en una competición mundial en la que ni uno de los presentes imaginó llegaría tan lejos. Casi puedes ver a Raúl ahí, plantado en mitad de la zona de combate, haciendo todos los amagos y combinaciones posibles para presentar el mejor espectáculo de su vida. Contemplas a su entrenador, Ramiro, entre el asombro y la emoción exacerbada, animando al joven pupilo que comenzó en la lucha cuando solo era un niño. Ves los minutos, que pasan como segundos y parecen horas. Y entonces ocurre. Los gritos, las lágrimas, los actos descontrolados... y Raúl Álvarez, que consiguió entrar a la competición casi de pura suerte, se convierte en Campeón del Mundo de Lucha Libre con tan solo 18 años.

Ramiro Sampedro, fundador y entrenador del Club de Luchas de Maracena, que este mes cumple ya los 30 años, no podía conformarse. Desde el momento en el que se enteró de que el Campeonato del Mundo se celebraría en Granada, no dejó de insistirle al presidente de la federación andaluza: «Ya que estamos en casa, deberíamos tener algún representante», repetía incansablemente, pues ninguno de los luchadores de la región había conseguido superar la clasificación del equipo español. Poco antes del Campeonato, por causa de una baja, quedó un hueco en el peso inmediatamente inferior al del luchador Raúl Álvarez, y el de Maracena se puso manos a la obra. «¿Podemos hacerlo? Pues vamos a por ello», fueron las palabras del entrenador que dieron pie a semejante hazaña. Una vez bajado el peso necesario, pasaron apenas unas cuantas semanas cuando el joven luchador granadino del que nadie esperaba nada, acabó llevándose la máxima medalla del Campeonato.

Sin nada que perder

«Ese fue el primer momento clave del club», en 1994, recuerda el entrenador Ramiro Sampedro sin poder evitar que se le llenen los ojos de lágrimas. «Aquello fue algo totalmente inesperado, no nos había dado tiempo a entrenar bien. Pero te das cuenta de que no tienes nada que perder, y entonces eres capaz de dar más de ti que si vas con la presión», asimila el mismo en cuanto a una clave de éxito que lo persiguió durante los 30 años que ya lleva en esto. De hecho él, cuando descubrió el mundo de la lucha, venía de ser entrenador nacional de judo, arte en la que también era tercer DAN y que lo formó como deportista desde los trece años. Pero estaba harto de «la competición por dinero» entre los diferentes clubes, que había sustituido la pasión real por el arte, por lo que decidió enfocarse en algo totalmente nuevo y amateur. «En ese momento no existían otros clubes de lucha, así que la Federación apostó mucho por nosotros», dice Ramiro, a quien enviaron al CAR de Barcelona para poder especializarse más en ello en lo que, hasta el momento, solo había experimentado en «algún campeonato que otro». Cuando empezó, además, «había pocas actividades deportivas en un pueblo que no llegaba a los 10.000 habitantes»; por lo que, otra vez, no había nada que perder.

«Estos 30 años los resumiría en una sola frase, se han pasado volando»

Ocho años después llegó el triunfo de Raúl Álvarez, e inmediatamente Ramiro se dio cuenta de que el siguiente paso lógico sería «tener unas instalaciones en condiciones». De nuevo la insistencia, traducida esta vez en papeleos, múltiples negociaciones con la Federación y la Junta de Andalucía y miles de kilómetros recorridos entre Granada y Sevilla, con el fin de poder recibir las ayudas necesarias para construir lo que hoy es el Pabellón de Luchas de Maracena, que «sin el Ayuntamiento del pueblo no existiría. Fue una inversión millonaria», asegura el entrenador. «Me dijeron los de la Junta que me olvidara de todo eso, pero yo me negaba a dejarlo y, al final, lo conseguimos».

Las instalaciones se finalizaron en 2008, veinte años después del nacimiento del club, y desde entonces el mismo siempre ha rondado los 100 inscritos, a pesar de las múltiples bajas a causa de la edad, el trabajo o los traslados; pero «que los hijos de aquellos que empezaron contigo, ahora entrenen también es una gran satisfacción», afirma el fundador de un club por el que, a lo largo de los últimos 30 años «han pasado más de 4.000 personas».

«Somos una gran familia, cuando alguien tiene un problema, nos volcamos todos»

Caso contrario fue el de José Corona, actual Campeón de España junior y miembro de la selección española. Su padre, José Carlos Corona, se había dedicado al boxeo durante toda su vida, y ya con 35 años comenzó a traer a sus hijos a entrenar lucha, cuando el pequeño José solo contaba con tres. Un día, tras muchos entrenamientos presenciados como espectador, decidió entrar a la zona de combate, y desde entonces se especializó junto a Ramiro en la lucha grecorromana. Hoy en día «es uno de los mejores árbitros nacionales», y colabora con su antiguo entrenador en la preparación del equipo de competición.

Una gran familia

«La lucha para mí es una forma de vida», afirma el entrenador del club de Maracena, y «lo mejor que tiene es que la gente no se gana la vida con ella. No está infectada. El que se dedica a esto no está corrompido, porque no hay dinero en juego. Al no ser profesional, no estamos muy arriba, pero somos una familia y, cuando alguien tiene un problema, se vuelca todo el mundo», manifiesta, y a esto achaca el resto de su éxito, al ambiente familiar que se respira en el club, donde actúa como «entrenador y educador. Te ven y están viendo en ti a un segundo padre». Recuerda de hecho diversos momentos en los que tuvo que actuar como tal. «Cada vez que viven algo que no se atreven a contarle a sus padres, vienen y me lo dicen a mí», afirma con cierta satisfacción el que también ha visto a muchos de los chicos llegar sin «autoestima, sentirse inseguros y, en el momento en el que comienzan a ver resultados en la lucha, se arrancan y se sueltan, y cambian por completo». Parecido fue el caso de otro de sus chicos, que «no iba a sacarse ni la ESO y ahora es doctor de educación física».

«Estos 30 años los resumiría en una sola frase: Se han pasado volando. Algunas veces tienes problemas, pero los olvidas por las otras muchas satisfacciones», afirma. En su club, además de los ya mencionados, se han gestado deportistas de la talla de José López, el campeón de España que se quedó a la puerta de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Además de los numerosos títulos nacionales e internacionales que conforman el palmarés de los miembros del club, el cual por sí solo supera los 200 trofeos y cuenta con el título de campeón de España en todas las categorías. Y, como ya le sucedió en aquel primer Campeonato del Mundo en 1994, para Ramiro son cosas que «no asimilas al momento, sino a los días. Todo lo que hemos conseguido. Esto es por lo que estás haciendo tu trabajo. Al fin y al cabo eres el timón del barco y, cuando te da el bajón, muchas veces no tienes a nadie. Este tipo de cosas son las que te ayudan a seguir tirando hacia adelante cuando lo único que quieres es tirar la toalla, y más cuando es algo totalmente amateur», afirma el mismo, que si ha seguido hasta aquí, volcando su vida y su tiempo en algo por lo que «no sacas más que las medallas» ha sido puramente por su pasión, la cual indudablemente ha sabido transmitir y traducir en 30 años de constantes éxitos.

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