Halterofilia

Lydia Valentín, el peso del éxito

Lydia Valentín, con las medallas conquistadas en el último Mundial. /Rodrigo Jiménez (Efe)
Lydia Valentín, con las medallas conquistadas en el último Mundial. / Rodrigo Jiménez (Efe)

La haltera berciana vivió un 2018 inolvidable al lograr su segundo oro mundial y proclamarse tetracampeona de Europa

MELISA CABALEIROMADRID

«Lo he tenido todo. Ha sido un año en el que ahora hago balance y casi ni me lo creo», afirmaba Lydia Valentín haciendo referencia al 2018. Un año en el que la deportista de Camponayara se ha superado hasta conseguir casi lo inimaginable: un oro europeo y dos en el Mundial. Además, se colgó la medalla dorada en dos ocasiones en los Juegos del Mediterráneo y volvió a conquistar -ya por decimoquinta vez- el campeonato de España. Unos objetivos casi imposibles de conseguir para cualquier mortal, pero que para Lydia son sólo retos a los que se enfrentó y salió victoriosa.

Primero tocaba hacer frente al Europeo de Bucarest. Y Lydia no se arrugó. La berciana se llevó la presea dorada al levantar 115 kilos en su tercer intento, desbancando a todas sus rivales y revalidando así el torneo del que ya es cuatro veces campeona -además de salir por la puerta grande en 2017 y 2018, la española también se coronó campeona en 2014 y 2015-.

Una victoria que supuso una inyección de fuerza y entusiasmo para continuar en lo más alto en el resto de grandes pruebas que le venían por delante a Lydia Valentín durante el año, como demostró en los Juegos Mediterráneos, la siguiente cita a la que acudió la haltera para revalidar el oro tanto en dos tiempos como en arrancada, una categoría en la que lo ha ganado todo y en la que se adjudicó la presea dorada en su primer levantamiento. En dos tiempos, Lydia elevó -ya en la prueba final- un total de 137 kilos.

«Lo he tenido todo. Ha sido un año en el que ahora hago balance y casi ni me lo creo» lYDIA vALENTÍN

También en España, la de Camponayara volvió a tocar el cielo, esta vez en el campeonato nacional celebrado en la localidad coruñesa de Culleredo. Allí, pasó la prueba con matrícula de honor. Sólo le hicieron falta cuatro intentos de los seis de que disponía para proclamarse reina española de la especialidad por decimoquinta vez. Y es que Lydia lleva desde 2004 dominando el panorama nacional e internacional en cuanto a la halterofilia. Razón por la que reservó sus fuerzas hasta el Mundial de Turkmenistán, celebrado el pasado mes de noviembre. Allí, donde los mejores del mundo exhiben todo su potencial, acudía con el reto de revalidar el oro logrado en Anaheim 2017, un campeonato en el que se coronó como triple campeona mundial en la categoría de 75 kilos. Una Lydia Valentín que enseñó al mundo su famoso gesto del corazón y la sonrisa y que no pudo contener las lágrimas al recibir las medallas de mano del presidente de la Federación Internacional. Y en 2018 no iba a ser menos. La española, aunque llegaba tocada físicamente, intentó hacer historia en una categoría superior a la suya, 81 kilos, y lo consiguió. Fue primera en la categoría de arrancada y en el total olímpico, obteniendo además la medalla de bronce en dos tiempos.

El valor de la constancia

La haltera, prácticamente invencible durante los últimos años, es el ejemplo de que la constancia siempre da sus frutos. Además de conquistar campeonatos europeos y mundiales, Valentín acumula en su palmares varias medallas en Juegos Olímpicos. En Río 2016 alcanzó el bronce, mientras que en Pekín 2008 y Londres 2012 quedó segunda y tercera, respectivamente. Sin embargo, la berciana no llegó a subir al podio ni en la ciudad china ni en la británica, puesto que su reconocimiento vino tras la readjudicación de las preseas olímpicas por diversos casos de dopaje de sus rivales. Un premio a la justicia para Lydia, que finalmente recibirá el próximo mes de enero el oro que le negaron en Londres 2012 y que debería haber lucido en sus vitrinas varios años atrás.

Lydia Valentín, durante su participación en los XVIII Juegos Mediterráneos.
Lydia Valentín, durante su participación en los XVIII Juegos Mediterráneos. / Javier Cebollada (Efe)

Pero si hay algo que forma parte del ADN de Lydia es mirar hacia el futuro, donde sin duda hay una fecha marcada en rojo en el calendario: Tokio 2020. La gran cita para la haltera, que llegará con 35 años a los que podrían ser sus últimos Juegos. Es por ello que 2019 será un año muy intenso para la española, que competirá en el Europeo y en el Mundial en su categoría olímpica, además de realizar las pruebas del calendario internacional clasificatorio para la cita asiática.

«Queda un año y medio y es lógico que todo el foco esté en el verano de 2020, pero primero hay que pasar todas las competiciones que puntúan para la clasificación, aunque todo el trabajo ya está enfocado en Tokio», reconoció Valentín. Una oportunidad de retirarse a lo grande de la halterofilia, un deporte al que la berciana lleva dedicando prácticamente una vida entera y en el que este año todo su sacrificio ha sido recompensado en forma de sonrisas y corazones que quedarán grabados para la historia.