Balonmano | Mundial

Corrales encierra los miedos de España

Gedeon Guardiola, trata de frenar junto a Joan Canellas a Hiroki Shida /AFP
Gedeon Guardiola, trata de frenar junto a Joan Canellas a Hiroki Shida / AFP

El guardameta, con una actuación antológica, evita males mayores de una selección atascada ante un rival hiperactivo

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Recordaba Barrufet antes del Mundial que España fue campeona del mundo en Túnez gracias a que Sterbik paró un balón que, de no haberlo atajado, nos hubiera mandado a pelear por los puestos de la nada. El domingo, ante Islandia, los Hispanos marcaron territorio tras el insulso inicio ante Baréin. Este lunes, segundo partido en 24 horas, el peligro sobrevolaba. Los equipos como Japón crecen según se ruedan en un campeonato. La duda estaba en si los nuestros transitarían por la misma senda o se detendrían en el arcén. Ni lo uno ni lo otro, pero el equipo sigue dando la sensación de que jugar con los menos importantes se le atraviesa.

26 España

(10+16): R. Corrales y Pérez de Vargas; J. Cañellas (4), R. Entrerrios (5), E. Gurbindo (1), V. Morros, A. Dujshebaev (3), D. Dujshebaev, Sarmiento, Aguinagalde (1), Figueras (2), Guardiola (1), A. Fernandez, Solé (8), Gómez (1), Ariño

22 Japón

(11+11): Kai y Kubo S. Tokuda (7), Doi, Watanabe (1), Tamakawa (1), Narita (1), Kadoyama (), Agarie (2), Kasahara (1), Baig, Yoshino (2), Okamoto (), Miyazaki (2), Shida (2), Motoki (3),

Árbitros
Los argentinos Lenci y Grillo.

La primera mitad tuvo mucho de 'deja vú', de comprobar como los Hispanos se atascaban después de un buen partido –el de Islandia el día anterior– para ir remando sin pausa y con un punto de estrés. Ocho minutos tardaron los hispanos en anotar el primer gol. Sobre todo por su empecinamiento en convertir a Kai en el nuevo gobernante supremo de las porterías de 3x2. El cancerbero japonés las detuvo de todos los colores y de todos los tipos.

Los nipones tienen un balonmano sencillo: mucha potencia de piernas para acelerar los desplazamientos defensivos y mucha finta y juego combinativo sobre el muro rival. Y con algo tan elemental, pero muy bien ejecutado y a gran velocidad, fue un permanente quebradero de cabeza para los españoles. Los nipones son más bajos, pesan menos y son menos fuertes, pero en el balonmano no todo es potencia.

La gran suerte, lo que salvó la papeleta durante el primer acto, fue que Rodrigo Corrales consideró oportuno cerrar la verja y competir de tú a tú con su colega del otro lado del campo. Pero Japón seguía siendo indescifrable para España, que no se atrevía ni a salir al contragolpe después de comprobar un par de veces que esos pequeños de ojos rasgados eran mucho, pero mucho, más rápidos. Y como tampoco andaban Entrerríos y Sarmiento especialmente inspirados, el entreacto sorprendió a los de Jordi Ribera uno abajo en el marcador.

La esperanza estaba en que si Kai había acabado los primeros 30 minutos con más de un 50% de paradas, era muy complicado que pudiera mantener el ritmo. Y, a mayor abundamiento, el físico de unos jugadores profesionales en las mejores ligas del mundo debía imponerse tarde temprano a unos jugadores talentosos, pero inferiores en preparación a los españoles.

Y fue volver de los vestuarios y todo cambió. El 3-0 de parcial fue ahora para los españoles, que además salieron con Sarmiento y Entrerríos, dos organizadores, para enloquecer a la agitada defensa nipona. Y todo empezó a fluir. Ahora fueron los japoneses los que gastaron 8 minutos para anotar un gol. Y ante España eso es problemático.

En 6 minutos la defensa consolidaba la ventaja y, oh sorpresa, los contragolpes salían con más facilidad y los defensores japoneses no llegaban. Y todo por la confianza en el ataque, que provocó como reacción una defensa más activa y que los asiáticos empezaran a verlo todo de color oscurito.

Pero nunca debe subestimarse la capacidad de un español para complicarse la vida. Hasta que Corrales y Solé tomaron los mandos y sostuvieron al equipo en los momentos malos y, por fin, España se soltó y se tranquilizó y logró controlar el tiempo del partido. Sin genialidades, pero con cabeza.

 

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