La generación del 'Cruyff de los Balcanes' rompe su barrera

Modric, tras vencer a Rusia./AFP
Modric, tras vencer a Rusia. / AFP

Luka Modric lidera una selección que vuelve a las semifinales de un Mundial tras 20 años, después de varios años de decepciones

JACOBO CASTROMadrid

Cuando la luz de Suker se apagó, comenzó el gran invierno para el fútbol croata. Una selección que irrumpió en el futbol internacional de manera espectacular, con unos cuartos de final en la Eurocopa de 1996 y un tercer puesto en el Mundial del 98, había dejado muy alto el techo futbolístico del joven país. Aquella victoria ante Holanda, que certificó el bronce en la primera Copa del Mundo de su historia, fue el inicio de la oscuridad.

La ausencia en la Eurocopa del 2000, y el no haber logrado pasar de primera ronda, tanto en la de 2004 como en los Mundiales de 2002 y 2006, hizo creer a los balcánicos que jamás volverían a vivir nada como lo del final de los 90. Nada había vuelto a ser igual desde entonces. Faltaba algo. Un líder como Suker. Y ese líder apareció.

En 2006, un rubio de apenas 20 años llegó a la selección. Jugaba en el Dínamo de Zagreb, como tantos otros, pero era diferente. Tres meses después de estrenarse con el equipo nacional, estaba en el Mundial. Eligió el número 14, por su gran parecido con Johan Cruyff. Fue el inicio de su reinado en la selección. La monarquía del 'Cruyff de los Balcanes'.

En 2008 confirmó todo lo que apuntaba. La Eurocopa destapó a un centrocampista brutal, un dominador total del juego. El '10' lo llevaba Kovac, pero Modric era el portador moral de aquel dorsal. Se le sumó otro rubio al que esperaba un gran futuro en Europa: Ivan Rakitic. Aquella selección tenía grandes aspiraciones, pero se quedó a medias en los cuartos de final. Un gol de Turquía en el último minuto de la prórroga y una posterior tanda de penaltis, dejaban a los balcánicos a las puertas de unas semifinales. No sería el último golpe para la nueva generación croata.

Tras no comparecer en Sudáfrica 2010 y caer en la primera ronda de la Eurocopa 2012 y el Mundial 2014, en 2016, Croacia llegó a Francia con la idea de que era su momento. Algo era diferente a otros años. Modric y Rakitic, santo y seña de los balcánicos, eran ya dos jugadores reconocidos mundialmente, que triunfaban en Madrid y Barcelona respectivamente. Pero ya no eran los únicos. Otros, como Mandzukic o Perisic, también disfrutaban de un gran momento en equipos de primer nivel.

La primera gran victoria

La victoria contra España en la fase de grupos de la Eurocopa fue la demostración de que ese equipo iba camino de hacer algo grande. Parecía que por fin se lo habían creído, que se rompía una barrera psicológica. Nada más lejos de la realidad. En octavos, tras haber arrinconado a Portugal durante todo el encuentro, una contra culminada por Quaresma mandaba otra vez a los croatas a casa.

«¿Y si no son tan buenos?» se preguntaba todo el mundo del fútbol tras un nuevo fracaso. Quizás fuese un espejismo todo lo que se esperaba. La fase de clasificación al Mundial tampoco ayudó a pensar en que esa generación croata aún tenía algo que decir. Los balcánicos fueron segundos por detrás de Islandia y tuvieron que jugar la repesca. Pero en Rusia, todo fue distinto. Tres victorias ante Nigeria, Argentina e Islandia fueron la carta de presentación en el Mundial. Una primera fase inmaculada. Pero llegaba lo difícil.

Las eliminatorias volvieron a sacar todos los fantasmas del pasado de Croacia. Aquella eliminación con Turquía, aquel partido perdido contra Portugal. Todo se juntó cuando primero, en octavos, Modric falló un penalti ante Dinamarca a pocos minutos del final, y después, en cuartos, Fernandes empató en la prórroga para Rusia. Dos ocasiones para ganar tiradas una vez más a la basura, como tantas otras veces. Pero en esta ocasión, no iba a ocurrir la misma historia de siempre. Dos tandas de penaltis. Dos victorias. La barrera de cuartos superada. Por segunda vez en su historia, Croacia en semifinales. Súker lo logró en el 98 pero se quedó a un paso de la gloria. Un paso que espera poder dar Luka Modric.El lider que Croacia esperó durante años.

 

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