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El goleador que dribló a la pobreza

Lukaku desborda a Paulinho en el partido de cuartos. /AFP
Lukaku desborda a Paulinho en el partido de cuartos. / AFP

Lukaku, criado en una familia arruinada y que sufrió racismo en Bélgica, es ahora la referencia ofensiva de un país que sueña con su primera final

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMoscú, enviado especial

Antes de jugar contra Brasil Romelu Lukaku se enfadó cuando le preguntó un periodista inglés si consideraba «teatrero» a Neymar. «¡No es un actor! Los rivales son bastante más duros cuando se enfrentan a él. Le dan porque tiene cualidades que no son normales. Estoy seguro de que él será el mejor del mundo un día», dijo en perfecto portugués. Y es que muchos no saben que Adriano era el ídolo de su infancia. «Cuando era niño tenía muchas cosas parecidas: mucha fuerza, era corpulento, le pegaba con la izquierda... Quería ser como él».

Este gigantón, máximo goleador de la historia de la selección belga, con 38 tantos, y también en los Mundiales gracias a los cuatro de esta Copa del Mundo y el conseguido en Brasil 2014, es una caja de sorpresas. Sin embargo, lo que actualmente es una vida de dinero y éxito empezó en un hogar humilde, con una familia con graves problemas económicos y con el fútbol como única manera de escapar de aquella dura realidad. «Con seis años me di cuenta de que estábamos arruinados», confesó Lukaku en una carta en 'The Players Tribune'.

Se suponía que ese no era su destino. Su padre, Roger Lukaku, fue jugador de fútbol en la segunda división belga, pero cuando Romelu era pequeño «estaba al final de su carrera y el dinero se había acabado». Su familia vivía una situación desesperada. «Hubo un momento que me hizo prometerme a mí mismo que iba a ser jugador de fútbol. Un día llegué a mi casa y vi a mi madre mezclando agua en una taza de leche del día anterior para mí. No teníamos dinero ni para comprar leche. No dije nada. Me tomé la taza y me marché. Me juré a mi mismo que no podía permitir que mi madre viviese así», afirma.

Cuesta creer, al oírlo contar sus primeros años de vida, que Lukaku lograse llegar lejos en el mundo del fútbol. «No podía ver partidos porque tuvimos que quitar la televisión por cable. Recuerdo un día que llegué a la escuela y todo el mundo hablaba de la volea de Zidane en la final de la Champions. Yo no la había visto. Tampoco teníamos dinero para botas de fútbol, así que las tenía que compartir con mi padre. Cuando él volvía de entrenar me las dejaba y yo me iba a jugar», confiesa. Sin embargo, eso no hizo que abandonase su sueño. «Un día le pregunté a mi padre a qué edad había empezado su carrera. Me dijo que a los 16. Me puse como objetivo debutar a esa edad».

En ese camino hacia el éxito tuvo de representante a Mino Raiola, pero le dejó por una empresa fundada por el rapero Jay-Z al que siempre idolatró. Lukaku no sólo tuvo que soportar problemas económicos, sino también las burlas y los ataques de los que le acusaban de ser mayor de lo que decía por el desarrollo de su cuerpo. «Cuando tenía once años hubo partidos que otros padres venían a decir que yo no podía jugar, que no tenía la edad que decía tener, que querían saber dónde había nacido. Yo les decía que era belga. No entendía nada », dice Lukaku, cuya madre tenía que presentarse en muchos partidos con el certificado de nacimiento ya que no se creían que pudiera tener edad cadete y más cuando marcaba tres o cuatro goles.

Del Anderlecht al Chelsea

Aunque si algo ayudó al ahora delantero del Manchester United, apasionado de la NBA, fue su llegada a Bruselas para jugar en el Anderlecht. «Es una ciudad multicultural. Había muchos congoleños (Lukaku es de ascendencia congoleña). Me ayudó a crecer», confiesa. Con apenas 16 años debutó con el Anderlecht, con el que brilló en una eliminatoria europea con el Athletic en febrero de 2010, y con 17 con la selección belga. «Año tras año, la gente esperaba 20 goles de mí. Lo he estado haciendo durante diez años seguidos, así que creo que he demostrado lo que hago. Esperas un poco más de respeto, pero es la situación en la que estamos. No lo escucho. Sólo quiero mejorar y mostrar a la gente lo que puedo hacer en el campo. Mientras gane y conduzca a mi equipo a ganar, entonces estaré realmente satisfecho. Como futbolista, no juego para lo individual. Creo que muchos de los grandes jugadores que reconocemos hoy en el fútbol son jugadores que han ganado algo, y quiero ser parte de ellos».

Cumplió su ilusión de ir al Chelsea -idolatraba a Didier Drogba- junto a sus amigos Kevin De Bruyne y Eden Hazard, pero ni André Vilas-Boas ni José Mourinho le dieron opción de hacerse importante pese a su provechosa cesión en el WBA. Sí apostó por él Roberto Martínez en el Everton, pero tras una renovación rota, según el propietario del club, Farhad Moshiri, por una especie de vudú que vio su madre en África, decidió cambiar de aires y firmar por uno de los clubes más importantes del mundo, que desembolsó unos 85 millones de euros por él.

Ya nadie duda de él. «Cuando las cosas iban bien, los periódicos hablaban de mí como Romelu Lukaku, el delantero belga. Cuando las cosas iban mal, era el delantero belga de origen congoleño». Ahora, con 25 años vive un sueño. Está en las semifinales de un Mundial pugnando por el pichichi con Harry Kane. Un sueño cumplido gracias al fútbol. «Estoy en una buena situación. El reto está ahí para ganar y es algo que quería». Para medirse a Francia tendrá la ayuda de Thierry Henry, ayudante de Roberto Martínez. «Cuando era pequeño no teníamos televisión, así que no podía verle los días de partido. Ahora, en cambio, estoy aprendiendo de él cada día en el equipo nacional. Entreno con una leyenda. Me aconseja sobre cómo ganar el espacio como él solía hacerlo. Y, quizás, Thierry es el único tipo en el mundo que ve tanto fútbol como yo». Veremos si sus consejos ayudan a este delantero tanque, cuyo 47,5 de pie también desata las bromas entre sus compañeros. Todo en la vida de Lukaku es excepcional.

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