Baloncesto

La gran aventura del líder de los Capitanes mexicanos

Ramón Díaz muestras las pizarras de CBGranada, 'Raca', México y Capitanes /Ramón L. Pérez
Ramón Díaz muestras las pizarras de CBGranada, 'Raca', México y Capitanes / Ramón L. Pérez

Tras llegar al país junto a Sergio Valdeolmillos, Ramón Díaz goza ya de un gran prestigio en el baloncesto mexicano

JOSÉ MANUEL PUERTASGranada

En el verano de 2013, Ramón Díaz (Granada, 10 de diciembre de 1982), era uno de tantos jóvenes entrenadores que pelean por una oportunidad que normalmente en muchos casos acaba sin llegar. La extinción del 'Cebé' había sacado la tierra nazarí del foco nacional y la Fundación CB Granada no era más que un proyecto romántico que jugaba en el Veleta. Díaz, de la misma escuela que Pablo Pin en el desaparecido club rojiverde, acababa de terminar la temporada como entrenador de un 'Raca' que todavía veía la LF2 como un sueño lejano. Además, había montado una empresa junto a su hermano y sus proyectos de futuro pasaban casi todos por su ciudad. Fue entonces cuando sonó el teléfono, con Sergio Valdeolmillos al otro lado. «¿Te vienes de ayudante a la selección de México?». De aquello hace seis años y hoy el granadino es uno de los técnicos más prestigiosos del país azteca.

«Sergio ya había sido seleccionador en 2011, y entonces le volvieron a llamar para jugar un torneo con países del Caribe y posteriormente el Torneo de las Américas en Venezuela, pero esta vez le permitieron llevarse un asistente», recuerda Díaz sobre lo que en principio «apenas iba a ser un mes y medio, así que no me cambiaba demasiado la vida». Pero todo salió demasiado bien. Tras tumbar a Argentina en semifinales, México se alzó en Caracas con el título de campeón americano ante Puerto Rico, con Díaz dirigiendo desde la banda desde el inicio del segundo cuarto ante la expulsión de Valdeolmillos. «Eso seguramente cambió la perspectiva de mucha gente hacia mí, deje de ser el asistente y empecé a ser Ramón Díaz», evoca el granadino. México había conseguido un hito no visto en décadas, con el título continental y la clasificación para la Copa del Mundo en el zurrón.

Tras ello, el ex técnico del 'Cebé' firmó por Halcones de Xalapa, uno de los clubes más prestigiosos del baloncesto azteca. Díaz, de nuevo, fue su mano derecha. Ya no era un mes y medio. «Pero no me costó decidirme, pues era la ilusión de mi vida, y ahí es cuando empecé a pensar que podía hacer carrera en México», admite. Alcanzaron la 'Final Four' de la Liga de las Américas y en verano, nuevamente en clave selección, conquistaron el Centrobasket y llegaron a los octavos de final en la Copa del Mundo, cayendo en el Palau Sant Jordi de Barcelona ante la intratable Estados Unidos, partido cuya acta aún conserva Ramón Díaz. «Fue el mejor verano de la historia del baloncesto mexicano, jugamos a muy bien nivel», recuerda.

La vida en México

El entrenador suma ya seis años al otro lado del Atlántico. Acaba de finalizar su segunda campaña al frente de los Capitanes de Ciudad de México, la última gran aspiración del baloncesto en el país, con el que suma ya dos subcampeonatos de liga y este curso una sorprendente clasificación para la 'Final Four' americana. «Me ofrecieron dirigir el gran proyecto de la capital con control total en lo deportivo, algo que no es normal en México y más en una ciudad así, con 25 millones de habitantes, donde tienes que hacer las cosas bien para llamar la atención pues la oferta es muy grande, pero ahora llenamos el pabellón en cada partido», presume Díaz, al que se le escapa en el discurso más de un mexicanismo. Sin embargo, el éxito deportivo va inexorablemente asociado a las dificultades de una ciudad como el antiguo Distrito Federal. Allí, el día a día es «caótico» para el granadino, obligado a moverse «siempre en Uber por motivos de seguridad» desde su residencia en la colonia Polanco, «una pequeña burbuja llena de rascacielos en la que parece que estés más en Estados Unidos que en México», afirma. Y es que, reconoce, en un país donde se estima que hay cerca de 200 secuestros cada mes, es obligatorio crear «unas normas de seguridad, evitando salir a ciertas horas a determinados sitios especialmente si vas solo».

Debutando en los Capitanes también le tocó vivir el terremoto del 19 de septiembre de 2017, con más de 200 muertos y 40 edificios colapsados en la capital. «Era el primer día de pretemporada en la historia del club, estábamos haciendo pesas y el techo empezó a caerse, salimos del gimnasio y en tres minutos estaba toda la ciudad en la calle, fue la peor experiencia de mi vida», reconoce. «Llamé rápidamente a España para avisar de que estaba bien, pero enseguida se cortó la telefonía y nos quedamos aislados, con la ciudad volviéndose un caos y habiendo robos y saqueos toda la noche», rememora. Cómo sería lo vivido que los tres extranjeros del equipo llegaron a pedir romper su contrato.

Ante el escenario señalado, y pese a contar con una importante oferta para seguir en su actual equipo dos años más, Díaz admite que su cabeza «empieza a pedir un pasito más» y afrontará en el próximo mes la decisión de renovar o emprender un nuevo reto. «Argentina, Brasil, China o Japón y por supuesto España son grandes opciones y yo estoy dispuesto a todo», vaticina. También a volver a ser entrenador ayudante, si el proyecto es interesante. «Claro que quiero ser primero, pero estoy donde estoy por haber sido segundo», analiza.

Y en el horizonte, siempre Granada, donde subraya que «lo logrado por Óscar Fernández y Pablo Pin es de 'chapeau'» y sueña con que «ojalá algún día se pueda poner el colofón de volver a la ACB». Palabras de uno de los mayores exponentes de la nueva hornada de entrenadores nazaríes en la elite del baloncesto que, apunta, «ya tocaba que saliera». Para ello, sentencia, hubo una clave: «era importante que los veteranos nos ayudaran a dar el paso». En su caso, aquella llamada de Sergio Valdeolmillos en 2013 le cambió la vida.