Campeonas

La niña que encontró su 'moana' en Granada

Vera Izquierdo posa con su tabla de surf en brazos con las olas de Salobreña tras ella. /JAVIER MARTÍN
Vera Izquierdo posa con su tabla de surf en brazos con las olas de Salobreña tras ella. / JAVIER MARTÍN

Vera Izquierdo practica surf desde los nueve años en el club 18 Nudos de Salobreña

CAROLINA PALMAGRANADA

Para una familia nacida en la costa, un hijo que odie la playa parece la mayor ironía de todas. Que prefiera la piscina al mar o el bordillo a la arena no tiene ningún sentido. Sin embargo, para los Izquierdo Prados, esa era su realidad. De sus dos hijas, la menor, Vera, odiaba pasar las tardes en la playa. Si la llevaban, obligada, ella se sentaba bajo la sombrilla y no salía para nada de la misma. Un día su padre quiso forzarla a tocar el agua del mar y descubrir la maravilla del mismo, su calma, posibilidades y belleza, pero Vera tuvo la mala suerte de que en ese primer rifirrafe obligado con el agua salada le picase una medusa. Odiaba la playa y, si podía evitarla, lo hacía. Sin embargo Vera se equivocaba en algo muy importante. En realidad adoraba el mar, pero no su calma.

Hace tres años la pequeña de los Izquierdo pisó por primera vez el club que un amigo de sus padres estaba echando a andar, en la punta más oriental de Salobreña, pegadito a la arena. Se trataba del 18 Nudos, el club de surf de esta localidad de la Costa Tropical. Fueron para apoyar la causa y pasar el día y Vera descubrió lo que pasaría a ser su vida. Allí entre las olas se encontraba Pablo, instructor y 'surfer' en cuerpo y alma. Cogía las olas y las montaba haciendo que aquel vaivén pareciera la cosa más sencilla del mundo, y algo en todo aquello dejó prendada a la joven salobreñera, que se giró abruptamente pidiendo a su madre que le alquilara una tabla. Se colocó el neopreno, se ató el instrumento y se fue directa al que pronto sería su nuevo hogar. Al principio la empujaba su padre, cuando aún no disponía de la técnica necesaria como para remar por sí sola. Más tarde ya quedó todo en sus manos, y el mar que hasta el momento había rechazado siempre se convirtió en su 'moana'.

Vera Izquierdo lleva, con el presente, tres años surfeando, que no se quedan sólo en 'veranos', pues hasta con el más crudo invierno la niña se sigue metiendo en el mar a coger olas. De hecho, ha recorrido toda la costa sur de la península hasta llegar a Sagres (Portugal) solo por pillar las mejores. Esta es su casa. «Me da la vida», afirma procurando encontrar con dificultad las palabras correctas para describir todo lo que el surf le hace sentir. Su ejemplo, quien afirmó esta pasión en ella, fue Bethany Hamilton, la famosa hawaiana que sigue surfeando con tan solo un brazo, sin miedo a nada tras haber perdido el otro en la boca de un tiburón. Sobre esta misma se realizó la película 'soul surfer', la misma que inspiró a la pequeña Vera a encontrar su alma surfista.

La deportista surfea con estilo.
La deportista surfea con estilo. / JAVIER MARTÍN

Adrenalina y emoción

Aunque el corazón de Vera la tira al agua, su técnica y mente siempre han sido de gimnasta. La pequeña granadina practica desde los cuatro años gimnasia rítmica y ha sabido colocarse entre los cinco mejores puestos de Andalucía durante los últimos años, habiendo alcanzado el bronce en 2018. Ella dice que en su interior conviven dos 'Veras'. Sobre las olas está «la atrevida, con deseo de experimentar más», y, sobre el tapiz, «la que busca el perfeccionismo y se deja llevar por la emoción». La piel se le pone de gallina en ambos casos, pero en el futuro ella se ve cogiendo olas. Asegura que haber nacido en Granada le da «más facilidad para ser surfista», algo que tal vez sólo pueda decir una persona que creció conociendo un club como el de Salobreña. Para el resto, antes de 18 Nudos, surfear resultaba en un ejercicio que comenzaba con un viaje en coche de más de tres horas. Vera tuvo esa suerte.

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