Campeonas

«Como mujer aguanto mucho, en la selección tengo que jugar con falda y no es lo que me pongo»

Candela Arcos tiene un gran futuro en el bádminton internacional. / ALFREDO AGUILAR

Candela Arcos, jugadora cordobesa de bádminton afincada en Granada, es campeona júnior de España y tercera en dobles mixtos

CAROLINA PALMAGRANADA

Cuando era pequeña, Candela Arcos siempre iba a la plaza de su pueblo a jugar fútbol con el resto de niños. Era la única chica que lo intentaba, pero no le importaba. En Rute, el pueblo cordobés que la vio nacer, «los niños jugaban al fútbol y las chicas animaban», recuerda ella. Pero Candela no quería limitarse a mirar desde el borde del campo, ella quería ser parte del juego. Cuando preguntaba si podía participar, muchas veces le decían «que el equipo ya estaba completo y no necesitaban más jugadores, luego llegaba otro chico y le dejaban entrar». Pero a ella no le importaba, sus padres vivían del deporte y desde niña le habían enseñado la misma vida, ella «jugaba desde antes de aprender a caminar» y nada le iba a impedir hacerlo, así que tan pronto como pudo se apuntó al equipo de fútbol del pueblo.

Pronto el resto comenzó a ver lo buena que era Candela y que, no importaba si era una chica, sabía jugar tan bien o mejor que los demás. Así que, todos aquellos que «antes no me querían, se empezaron a pelear por mí». Tal y como lo recuerda la misma Candela, en cuanto a fútbol y deporte ella «tenía las cosas súper claras, pero a veces deseaba ser un niño solo para poder jugar al fútbol sin que me juzgaran». Pronto su hermana pequeña se apuntó a ballet y Candela, que miraba la disciplina con recelo, le siguió los pasos porque su madre le insistía a no cerrarse de mente y probarlo todo. «Me quitaba las zapatillas de tacos y me ponía las de ballet» y así, la pequeña cordobesa, crecía en cabezonería, constancia y disciplina, formándose ya, sin aún saberlo, en lo que hoy es, la mejor jugadora júnior de bádminton en España.

Su historia con el volante comenzó cuando en las pistas municipales de Rute, su pueblo, decidieron instalar una cancha de bádminton por la falta de espacio disponible en el pabellón y, la joven deportista, que había aprendido a darle una oportunidad a todo, fue a probar. Así, la disciplina que, «al principio puede ser un aburrimiento porque no hay continuidad, a mí me enganchó desde el primer momento», admite la ahora competidora, que acabó por dejar el resto de deportes para centrarse solo en este, pues «soy bastante competitiva y decidí apostarlo todo».

Desde el principio ya comenzó a presentarse a competiciones regionales, «pero no ganaba nada». Lo más cerca que estuvo del puesto más alto del podio fue durante un Campeonato de Andalucía que se celebró en Granada, y en el que acabó haciéndose con el tercer lugar, «por pura suerte». El campeonato lo organizaba Salvador Franco, entrenador nacional granadino que, pronto y sin saberlo aún, a Candela le cambiaría la vida. Por un afortunado error de gestión, la medalla de la pequeña nunca llegó y ella, que aún no se podía creer su tercer puesto, movió cielo y tierra para hacerse con su reconocimiento oficial. Así fue como su padre acabó por ponerse en contacto con Salvador y, un año más tarde, cuando la familia Arcos decidió mudarse a Granada, fue al mismo a quien llamaron para que continuara el entrenamiento de su hija.

«A veces deseaba ser un niño solo para poder jugar al fútbol sin que me juzgaran»

«No ganaba nada pero soy muy competitiva y con Salvador Franco todo fue hacia arriba»

«Como mujer aguanto mucho y me da envidia el sentimiento de equipo de otros deportes»

«Cuando llegué a Granada estuve cuatro meses solo deshaciendo todo lo que había aprendido hasta el momento, fue muy duro, pero ahora lo entiendo. Obviamente (lo que soy) fue gracias a Salvador, él fue la clave de ese empujón tan grande en mi carrera», afirma Candela, en quien el entrenador supo ver algo distinto y sacar lo mejor de aquel joven diamante en bruto.

Su vida desde entonces comenzó a girar en torno al bádminton. Hoy en día entrena cada día de la semana tres horas y no ha dejado de ganar títulos desde 2014, cuando se convirtió en doble campeona de Andalucía por primera vez, en mixtos e individual, con doce años, en su segundo año entrenando con 'Salva'. «A partir de ahí todo fue hacia arriba», manifiesta al haber pisado podio temporada tras temporada en campeonatos regionales, nacionales e internacionales, convirtiéndose en la mejor júnior de España en ambas categorías. Su último triunfo fue hace tan solo tres meses cuando, con tan solo 16 años, Candela Arcos se hizo con el primer puesto en un torneo internacional en dobles femeninos.

Consejos y objetivos

Ahora solo juega dobles mixtos e individuales, porque su entrenador le dijo que «si quería títulos europeos e internacionales debía centrarme en una sola cosa. Al principio no me convencía hacerme doblista siendo la número uno en España, pero si sus consejos me han ayudado tanto hasta ahora, debería seguir escuchándole», acepta Candela, cuyos próximos objetivos son jugar en el Mundial de Rusia el año que viene y en el júnior de Nueva Zelanda después, entrando al Europeo de cabeza de serie hasta llegar a, al menos, cuartos en dobles mixtos, algo que «ninguna pareja española ha logrado hasta el momento».

«Las chicas siempre tenemos que luchar un poquito más»

Candela Arcos acepta que «todavía las mujeres tenemos que luchar un poquito más, esto ha pasado siempre, en el deporte y en todos los ámbitos. Y es un orgullo ser parte de ello». Al fin y al cabo, desde el comienzo ella siempre lo tuvo claro, todo se puede conseguir con esfuerzo, constancia y disciplina. Y Candela no dejará que nada ni nadie le hagan creer lo contrario.

Como mujer en bádminton, Candela acepta que a veces es duro y se siente sola. A pesar de no ser un deporte que se estigmatice mucho como masculino, es este el género dominante en el mismo. De hecho, en su club, es la única chica y, «mientras estiro, veo al equipo de balonmano jugar y me da envidia el sentimiento de equipo».

Aún más allá de lo deportivo, en las conversaciones adolescentes que se dan durante las largas horas de viaje hacia las competiciones, «como mujer aguanto mucho», incluso en la elección española, en la que aún le obligan a jugar con falda. «No lo entiendo, no es lo que me suelo poner y no estoy acostumbrada. Creo que, si te dejan elegir tu raqueta, también deberías poder hacer lo mismo con tu vestuario».