Baloncesto local

Cuando el talento se abre camino

Marta Morales posa para IDEAL /José M. Puertas
Marta Morales posa para IDEAL / José M. Puertas

Marta Morales continúa su progresión en el Siglo XXI de Barcelona convertida en una de las grandes perlas del baloncesto español

JOSÉ MANUEL PUERTAS Granada

Era febrero de 2017 cuando Marta Morales (Granada, 12 de marzo de 2003), terminaba un entrenamiento de técnica individual junto a Antonio Gómez Nieto. Aún en edad infantil, se le empezaba a mirar como una de las grandes promesas del baloncesto andaluz, a cuya selección había liderado hacia el título nacional semanas antes. Al acabar la sesión observó a sus padres charlando con unos papeles en las manos y al llegar a casa le ofrecieron ir a cenar fuera. Marta se mosqueó por ser jueves, un día en el que no tocaba salir del hogar tan tarde. Lo que ella no imaginaba es que ahí empezaba su gran viaje. El Siglo XXI de Barcelona, la gran fábrica de talento del baloncesto nacional, había llamado a sus puertas.

Pese a que dudó «bastante porque en Granada lo tenía todo», admite a este periódico, fue consciente de que «hay trenes que sólo pasan una vez en la vida». Meses más tarde ya vivía en Esplugas de Llobregat en la misma residencia en la que se han forjado nombres del calibre de Alba Torrens, Laura Nicholls, Laura Gil o la también nazarí Belén Arrojo. La alero nazarí, de hecho, ejerció de intermediaria en aquel 2017 crucial. «Cuando vino a Granada al acabar su temporada nos reunimos y me estuvo contando el funcionamiento y la verdad es que me ayudó a tomar la decisión», evoca la cadete.

Han pasado dos años y, tras aceptar una beca completa en el Siglo XXI, Morales es una de las líderes de su generación a nivel nacional. MVP del Torneo de la Amistad hace un año, en el que guió a la selección española u15 a la victoria ante Francia en Niza, también se ganó un puesto en el Eurobasket u16 de Kaunas pese a ser un año más joven que sus compañeras. De ella, de exquisitos modales fuera de la cancha, cuentan que se transforma cuando pisa una pista de 28x15 metros y que seguramente nunca ha sido del todo consciente del nivel real que tiene. De hecho en el 'G+B', su club de siempre en Granada, la llamaban 'Hulk'. Pero ella, cuando se le consulta, sólo sonríe y reconoce que «lo que mejor se me da es competir», como muestra de su colmillo afilado en los partidos.

Sus exhibiciones en campeonatos autonómicos y nacionales han sido numerosas. Especialmente inolvidables las finales infantil y cadete de 2017 y 2019, ejerciendo de líder andaluza y verdugo en ambas ocasiones de la casi intocable Cataluña, al irse por encima de los 30 puntos quien, por suerte en 3º de Primaria decidió dejar sus flirteos con el ballet y el balonmano para probar con la canasta, a la que llegó «por ser la típica niña alta», admite. Evidentemente, ahí había algo más que centímetros. Había un talento como pocas veces ha visto Granada.

Madurez acelerada

Lógicamente, los inicios en la residencia fueron complicados. «Lo pasé muy mal», reconoce. La exigencia en el Siglo XXI es máxima en lo deportivo y lo académico. Así que, con apenas 14 años, se encontró «en un colegio nuevo en un entorno que no conocía y sin mis padres». Las clases las recibía en catalán, aunque valora que «si necesitaba alguna aclaración, me la hacían en castellano». Dudó, como no podía ser de otra manera, pero asegura que «en apenas dos semanas» ya entendía todo en catalán. Ahora su día a día resulta agotador sólo de leerlo. «Voy a clase de 8 a 12 de la mañana y también dos horas más los lunes por la tarde», aclara, en un colegio sólo para deportistas. Tras ello, toca sudar. «Los lunes, martes y jueves tenemos gimnasio, los miércoles sesión de tiro y los viernes entrenamiento de pista normal». Y cada tarde, vuelta a la cancha salvo un día a la semana.

Mientras, no hay otra que sacar tiempo para el estudio porque «hay que apretar o podemos perder la beca, así que si quiero seguir en el programa, tengo que sacar buenas notas». De su evolución destaca que «como persona he madurado mucho». No queda otra cuando se te obliga a ir a toda velocidad. «Ser responsable de mí misma y organizarme en todo me ha hecho crecer», valora. Deportivamente, subraya su mejora «en defensa, aunque sigue sin ser mi punto fuerte». La explicación, casi darwiniana. «Aquí era la más alta y defendía a las grandes pero en el 'Siglo' juego defiendo exteriores, lo que me obliga más».

Pertenecer al centro de elite le supone jugar siempre contra una categoría superior. Este año, siendo cadete, en junior. El próximo, si nada se tuerce, ya siempre en Liga Femenina 2, donde ha jugado seis partidos este curso, lo que le hizo «especial ilusión» pero le puso, otra vez, los pies en la tierra. Admite que «por físico y talento es muy diferente jugar ahí y toca ser consciente de todo, no vale ir a la canasta porque sí, hay que pensar más». Ahí es una niña en territorio comanche.

La ética de trabajo la tiene clara. El fin de semana está en Granada y lejos de desconectar ha seguido entrenando. El 21 de junio acaba su segundo curso en Barcelona, pero sin apenas vacaciones quiere estar en el Eurobasket u16 de Macedonia del Norte y claro, «hay que entrenar para llegar en condiciones a la concentración». Su presencia en la selección parece clara, pues esta temporada ya ha estado en dos torneos previos, en Zamora en diciembre y en Francia en Semana Santa.

Marta Morales no ve más camino que seguir trabajando por su sueño. «Claro que me gustaría irme a las Maldivas con mis padres», admite. Pero se sabe privilegiada y dispuesta a no ceder. «Soy consciente de dónde estoy y la oportunidad que tengo», asegura. A su alrededor empieza a haber ruido, e incluso el pasado mes de marzo se le concedió en Madrid el Premio Nebrija Promesa como mejor valor de la cantera nacional femenina. Pero a su viaje, que no ha hecho más que empezar, aún le queda lo mejor.