El viaje por Italia que dio forma a la Alhambra de hoy

Torres Balbás, en su casa de la Alhambra./ARCHIVO
Torres Balbás, en su casa de la Alhambra. / ARCHIVO

El gran restaurador del monumento, Leopoldo Torres Balbás, se trajo de allí ideas que aplicó en los palacios nazaríes, según el trabajo realizado por María del Mar Villafranca

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Leopoldo Torres Balbás es, probablemente, uno de los más importantes restauradores del mundo. De hecho, su influencia en los actuales modelos de actuación ante cualquier restauración es inmensa, pues fue una de las 'voces cantantes' en la famosa Conferencia de Atenas. Sin duda, una de las mayores expertas en su vida, trayectoria y legado es la investigadora y profesora María del Mar Villafranca, quien está desarrollando en los últimos meses un trabajo en la Academia de España en Roma, que ha dado como resultado 'Cuaderno de viaje. Leopoldo Torres Balbás en Italia, 1926', una publicación que relata el proceso que representó para el arquitecto madrileño, como afirma la investigadora, «no solo tomar contacto directo con los trabajos de restauración desarrollados en importantes monumentos italianos por personalidades del prestigio de Gustavo Giovannoni, Antonio Muñoz, Alberto Terenzio, Orlando Grosso y tantos otros, sino conocer al influyente historiador del arte Adolfo Venturi».

El resultado de estos contactos fue «llevar a la práctica, en sus intervenciones en el Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife, algunas de las ideas y soluciones de mayor audacia de la historia de la restauración del patrimonio en Europa», tal y como defendería algo más tarde el propio arquitecto en la ya mencionada Conferencia de Atenas. El trabajo de Villafranca es, pues, reconstruir ese viaje, el contexto histórico y cultural en el que se produce, y elaborar una 'cartografía', lo más completa posible, de esa experiencia fecunda y fundamental en su trayectoria profesional.

El punto de partida fue la localización de las notas manuscritas que le sirvieron para redactar el informe que le hizo acreedor de la ayuda económica y de la beca concedida por la Junta de Ampliación de Estudios. Dichos documentos se encuentran en el Archivo de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Para completarla, la investigadora ha precisado una ampliación del periodo inicial de trabajo de un mes, ya que ha recorrido decenas de archivos y bibliotecas especializadas ubicadas en Roma, así como la realización de entrevistas a expertos, tanto en España como en el país transalpino. Del mismo modo, el trabajo incluye fichas pormenorizadas con los monumentos restaurados que recorrió Torres en su viaje, y que luego le sirvieron para aplicarlas en su labor diaria en la Alhambra.

Nos encontramos, pues, ante un personaje en permanente comunicación con la meca de la restauración, no solo europea, sino mundial, cual era la Italia de la época, y con ideas que aún hoy continúan siendo imprescindibles para entender las técnicas de restauración actuales, donde, tal y como ocurriera la semana pasada en el edificio que fuera sede de la Caja General de Ahorros en la plaza de Villamena, se descubren yacimientos que interpelan al experto, obligándole a hallar soluciones de musealización que no interfieran con el uso diario de los edificios.

Fotos únicas

La autora ha encontrado algunas fotos históricas de la estancia en Italia, y ha tenido acceso a archivos de algunos de los protagonistas. Una exposición del trabajos en la propia Academia de España en Roma y la realización de un documental, de aproximadamente 20 minutos de duración, y donde se entrevista a expertos como Julián Esteban, biógrafo de TorresBalbás, Carlos Vílchez, Javier Gallego Roca o Calogero Bellanca, mostrarán el resultado de un trabajo que certifica la influencia capital de este viaje en la actuación posterior del arquitecto en la Alhambra. «Él se encontró lugares en serio peligro, como el patio de Machuca, el del Harén, o la torre de las damas en el Partal. Empezó a trabajar con el programa de Velázquez Bosco, pero de repente, puso freno y reestructuró su trabajo después de hacer este viaje. Fue un trayecto hacia la modernidad, marcada por un respeto hacia el trabajo de Viollet-le-Duc, pero a la vez, crítico con su actuación, y sobre todo con la de sus seguidores», comenta Villafranca. La utilización de muros vegetales a partir de lo perdido en los palacios, y el modo, sobre todo, de restaurar el Generalife, son hijos de este periplo italiano.