El último paseo de Lorca, recreado con versos y música

Participantes en la marcha de 'El último paseo', ayer./RAMÓN L. PÉREZ
Participantes en la marcha de 'El último paseo', ayer. / RAMÓN L. PÉREZ

Más de un centenar de personas recorrió los casi tres kilómetros entre La Colonia de Víznar y el lugar del asesinato del poeta granadino

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

El último paseo no es el último. Y no lo es porque la sombra de Lorca, como la de tantas víctimas de una guerra fratricida que hace ya 80 años desgarró nuestro país, sigue paseando junto a quienes le rinden homenaje en la Fuente Grande de Alfacar, el último lugar donde echó pie a tierra, y bajo cuya tierra algunos le siguen buscando sin éxito. Acompañarle, recordarle, en la que quizá fue su última morada, es el objetivo de la cita que cada año por estas fechas organizan un grupo de partidos políticos, sindicatos y asociaciones memorialistas, y en el que más de un centenar de personas, llueva o truene –esto es difícil– o bajo el impenitente calor, recorren a pie el camino entre el paraje denominado La Colonia, en Víznar, y Fuente Grande, en Alfacar. Este es el sexto año en que tiene lugar.

En el punto de partida, los participantes inauguraron una placa-recordatorio de que aquel entorno, diseñado inicialmente como lugar de vacaciones de verano para las familias de los obreros en tiempos de la Segunda República, acabó convirtiéndose en la antesala de una muerte segura cuando estalló la contienda. Las flores que acompañaron el trayecto de casi tres kilómetros, bordeando ese precipicio al que se asomaron, cayendo fatalmente, tantas personas, fueron depositadas en el paraje de Fuente Grande. Allí, Luis Naranjo, exdirector de Memoria Democrática de la Junta, puso en valor el trabajo desarrollado, reivindicando el derecho a encontrar a los ausentes como la mejor forma de reencontrarnos a nosotros mismos y nuestra historia reciente. También hubo espacio para la música, con una sentida interpretación de 'Mataron a Federico' a cargo de la cantaora Carmen Gersol.

Política y arte

Es este un acto más político que institucional –el de la Diputación tendrá lugar el sábado–, más popular y reivindicativo. Ese carácter político se mezcla con el arte. Y ayer el programa poético-musical fue muy amplio. Ketty Castillo y Jorge Grela ejercieron como maestros de ceremonias, y fueron dando paso a los distintos participantes.

Aún se oían las cigarras en el parque donde se celebró el acto final. A estas pronto les sustituyeron los grillos. Se ha cambiado el Barranco, lugar de paso y homenaje obligado, pero algo más incómodo, por este espacio diáfano. Poco después del horario previsto, a las nueve y media, llegan los expedicionarios. El acto fue introducido por Javier Cuesta con la interpretación de 'Ay, Carmela', la copla del frente por excelencia. Continuó la guitarra de Pepe Agudo, presencia habitual en las peñas flamencas y en el mundo de la música folk, quien tras actuar en solitario acompañó la recitación de Miguel Carrascosa. «Era la noche de Santiago...», comenzó a declamar con voz trémula, paladeando cada verso, como un rapsoda rebuscando en su memoria los ecos de una experiencia feliz. «Le regalé un costurero...», recuerda el cantor ante la mentira de la casada.

La actriz Isabel Humbert, formada en Remiendo, cambió el tercio de los versos, y recitó la 'Gacela de la muerte oscura'. El Federico menos popular, más reflexivo y complejo, con el acompañamiento de Erika Fritz, bailarina chilena. Volvió Carmen Gersol para interpretar por milongas 'El romance de Don Boixo': «Caminaba Don Boixo, una mañanita muy fría, a tierra de moros...». El manifiesto redactado para la ocasión habló del carácter alternativo y popular del acto, con el recuerdo a los 2.000 muertos asesinados en la zona, y los 100.000 desaparecidos de la guerra civil, que continúan estándolo 80 años después. También pidió la derogación de la Ley de Amnistía de 1977, y que se ponga en marcha un plan de búsqueda de restos en el entorno de Fuente Grande y la carretera.

La poeta Erika Martínez cerró el acto leyendo tres poemas propios, dos de ellos pertenecientes a su obra 'El falso techo', y un inédito, 'La sacudida', todos ellos en torno a la memoria y la necesidad de recordar lo vivido, lo por hacer y a los que ya no están.