Mi realidad

Black Mirror prepara un capítulo al estilo de las novelas de 'elige tu propia aventura'. Un capítulo sobre, exactamente, lo que hacemos todos los días en casa para informarnos

Mi realidad
JOSÉ E. CABRERO

«Lo siento por interrumpir, sólo he venido a preguntar: me dice que soy infeliz, ¿qué puedo hacer por mejorar?» Esta canción de Lori Meyers siempre me pareció un acierto. 'Mi realidad', se llama. A veces me sorprendo tarareando su estribillo como si fuera un mantra, sin pensar en lo que dice. Y dice mucho: «¿Qué puedo hacer por mejorar mi mundo que es mi realidad?»

La tecnología ha hecho posible que podamos ser más conscientes que nunca de la realidad que nos rodea. Ha abierto la posibilidad, digo. Porque, irónicamente, ahora que tenemos las herramientas para discernir el grano de la paja, elegimos sesgar la realidad en fragmentos interesados -no siempre interesantes-. Convertimos la realidad en 'mi realidad'. Y es entonces, justo en ese momento, cuando nos volvemos imbéciles.

Charlie Brooker, el creador de Black Mirror, está escribiendo un episodio que imitaría los libros de 'elige tu propia aventura'. Ya saben, capítulos que terminan con un «si quieres saltar al otro edificio pasa a la página 7» o «si quieres quedarte y mirar pasa a la página 14». Estoy deseando ver cómo resuelven la idea, tanto técnica como narrativamente. Esta serie es un maravilla.

Sin embargo, cuanto más pienso en la idea de Brooker, más entiendo que no es un simple divertimento. Que, como es habitual, porta detrás un concepto potente, vírico y desestabilizador: elegir nuestra propia realidad. Cambiar de un informativo a otro para ver a una foca pegando con un pulpo a un tipo subido en un kayak. Cambiar justo cuando sale otra vez lo de la corrupción. Justo cuando nos dicen que hay una tragedia en Indonesia. Cuando otra patera repleta de niños atraca en el puerto. Cambiar justo cuando quiero que mi realidad sea otra.

Hace unos días recibí en un grupo de whatsapp una noticia falsa sobre inmigración con tintes bastante racistas. Lo hice saber. Y la respuesta fue, literalmente, «bueno, podría ser real». Eso, un espejo roto. Elegir tu propia realidad, qué mundo.

 

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