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De la trata para la explotación sexual

El programa que plantea Granada Noir es un buen reflejo de la filosofía del festival: aunar cine, literatura y compromiso social

JESÚS LENSGRANADA

El festival Granada Noir se convierte en itinerante estos días y, gracias a la colaboración de la Diputación de Granada, viaja por diferentes pueblos de la provincia: Pinos Puente, Zagra, Guadahortuna y, hoy jueves, Monachil.

El programa que plantea Granada Noir a los vecinos de dichas localidades es un buen reflejo de la filosofía del festival: aunar cine, literatura y compromiso social. Y para ello cuenta con la inestimable colaboración de la cineasta y escritora Mabel Lozano.

La proyección de 'Chicas nuevas 24 horas', nominada a la mejor película documental en los Goya de 2016, va seguida de una tertulia sobre la cinta y sobre 'El proxeneta', el libro con el que Mabel ganó el premio Rodolfo Walsh de Semana Negra a la mejor obra de no ficción y del que regalamos una veintena de ejemplares a las bibliotecas y clubes de lectura de los municipios seleccionados para la extensión de Granada Noir por la provincia.

Lo escribía en este mismo espacio, hace unos meses: se trata de un libro imprescindible que todo el mundo debería leer. Publicado por Alrevés, una de las editoriales capitales en la difusión del mejor noir que se escribe ahora mismo en España, 'El proxeneta' cuenta la historia de Miguel, apodado El músico y de profesión... tratante de mujeres.

Escrita en primera persona, esta historia basada en hechos radicalmente reales, más que invitar al lector a leer sin desmayo, le obliga a hacerlo. Desde la primera página hasta la última. Porque todo lo que cuenta es verdad, toda la verdad y nada más -y nada menos- que la verdad. Y la verdad que subyace detrás de la prostitución es brutal, salvaje y descarnada.

Como la verdad que muestra 'Chicas nuevas 24 horas'. Resulta duro, al encender las luces después de la proyección, ver las caras del público: desolación, rabia y dolor. Cuesta arrancar a hablar, justo después de ver la película. Con una pregunta flotando en el aire: ¿cómo es posible que pase esto? ¿Cómo se permite?

Lo explicaba la propia Mabel Lozano en su charla en el Teatro CajaGranada: el ejercicio de la prostitución es alegal. Se encuentra en un marco de indefinición jurídica, en un limbo que hace muy complicado luchar contra la trata. Que el tinglado montado por El Músico y sus colegas está muy bien armado.

Recordemos, por ejemplo, que la 'patronal' de la prostitución se organizó en torno a ANELA, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, que hacía una importante labor de lobby en favor del sector, con argumentarios sobre el derecho de las mujeres a prostituirse libremente, por ser un trabajo cualquiera. Pero Miguel recuerda un pequeño detalle: «estas mujeres no llegaban a la prostitución por voluntad propia ni en libertad, sino por la precariedad en la que vivían, por la necesidad de sus familias y porque nosotros, conociendo su vulnerabilidad, les dábamos caza como si fueran animales indefensos».

Esa caza es la que cuenta 'Chicas nuevas 24 horas'. Y lo hace partiendo de un punto de vista provocador: la formadora de un equipo de ventas explica a sus alumnos cómo optimizar el negocio de la prostitución, una actividad lucrativa que mueve tanto o más dinero, a escala global, que el tráfico de armas o el tráfico de drogas.

Una caza que sitúa a los proxenetas al otro lado de la línea, por mucho que la sociedad tolere y mire hacia otro lado en todo lo referente a la prostitución: «No existe línea más fina que la que separa el bien del mal. Una línea que yo crucé hace muchos años de manera consciente. Me instalé en el mal, monté mis negocios en el mal y construí mi forma de vida en torno al mal. Y, como yo, lo hicieron otros muchos delincuentes. Todos sabíamos lo que hacíamos. Sabíamos que tratábamos con mujeres para su explotación sexual, que comerciábamos con ellas, que las esclavizábamos...».

Y otro factor esencial: los prostituyentes. Los consumidores de sexo de pago. Los depredadores. Hombres que incurren en una responsabilidad compartida y que, por desgracia, cada vez son más jóvenes. Lo denunciaba una espectadora al finalizar la proyección del documental: chavales de veinte años o menos que consideran a las prostitutas como una banal diversión, hablando de ellas con asco y desprecio. Y la nefasta influencia de la pornografía, capítulo aparte de esta historia.

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