«La poesía actual bebe de Cernuda, García Montero y Ángel González»

Remedios Sánchez, autora de 'Asi que pasen treinta años'./J.A.M.
Remedios Sánchez, autora de 'Asi que pasen treinta años'. / J.A.M.

Entrevista con Remedios Sánchez, profesora de la UGR y escritora, quien acaba de publicar 'Así que pasen treinta años', donde hace una radiografía de la poesía actual y sus antecedentes

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Remedios Sánchez (Barcelona, 1975) es, probablemente, una de las intelectuales más inquietas del microcosmos literario granadino. Una presencia constante en foros como la Asociación de Críticos, la Colegial de Escritores, y que además ha organizado, solo en el último año, tres encuentros poéticos de nivel nacional, amén del Festival Internacional de Poesía, que codirige junto a Daniel Rodríguez Moya. Columnista de IDEAL, aún le queda tiempo para escribir libros. El más reciente, una radiografía de la poesía española contemporánea titulada 'Así que pasen treinta años', publicada por Akal.

¿Qué papel ha tenido la ideología en la conformación del fenómeno poético en el último medio siglo?

–Una función capital. No se puede entender la literatura al margen de la ideología. Muchas veces a favor, y las más de las veces a la contra. Los poetas han escrito siempre a la contra. En muchos casos, son sujetos comprometidos con su entorno y con lo que este refleja. El poeta usa la sociedad como un espejo para construirse a sí mismo, e integrar al lector en su concepción del mundo.

¿Ha habido mucho postureo estético y político en la poesía española?

–Ha habido determinadas corrientes que han jugado a eso, sin duda. El problema existente en ocasiones es el que les acontece a ciertos poetas que no se sienten integrados en ninguna de las estéticas dominantes, y buscan un punto de fuga que los aleja del lector. Una situación que, sobre todo en determinadas épocas, abrió un abismo insondable entre autores y lectores.

Usted dice que la nómina de poetas que han cambiado el rumbo del verso en España son pocos...

–Si me apura, los dedos de una mano, o tal vez menos. La masa de poetas se suma a la corriente que satisface al público. Habrá quien diga que no se deja guiar por las preferencias de ese público, pero eso es una falacia. Todos escriben para que les lean, porque la construcción de su discurso se basa en ello. Algunos sustentan su poética en un bordear los límites del discurso, y otros intentan desfragmentarlo, como una estrategia para hacer algo distinto de lo que ha sido la estética dominante en los últimos 30 años.

¿Qué poetas de la segunda mitad del siglo XXestaban verdaderamente proscritos?

–Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, la mayoría de los del 27. En el caso de Juan Ramón, la primera antología de José María Castellet, '20 años de poesía española', le excluye, incluso después de haber ganado el Nobel. Castellet hace un libro que va del 39 al 59 y quita al autor de 'Platero y yo' porque afirma que no estaba aportando nada a la poesía escrita en castellano, a pesar de que Juan Ramón ya se encontraba en esa etapa metafísica que le coloca en comunicación con Dios y estaba haciendo aportaciones indudables. Intentaban provocar el escándalo de los canonistas, y lo consiguieron. En cuanto a Lorca, al régimen no le preocupaba 'Poeta en Nueva York', sino 'Romancero gitano', porque el primero no lo entendía, y el segundo sí. Por eso, la edición argentina de Aguilar era peligrosa.

¿Por eso triunfó 'La otra sentimentalidad', porque se entendía?

–Indudablemente. Había un profundo discurso ideológico de izquierdas detrás, construido por Juan Carlos Rodríguez. Aunque dura muy poco como movimiento y corriente estética, lo que subyace detrás ha durado más de 20 años, y se ha adaptado al nuevo discurso. Hubo casos de radicalización como el de Javier Egea, que le llevó a su autoexclusión, y otros, como el de Luis García Montero, consiguen moldearla ayudando a interpretar la realidad tal cual es.

Lazos generacionales

¿Qué une a una generación poética, además del carné de identidad?

–Las generaciones poéticas duran 30 años, lo dice Ortega y Gasset. Cada tres décadas se produce un cambio ideológico brutal en nuestro país. Así, la Generación del 50 se conforma con niños que no vivieron la Guerra Civil Española, o que la vivieron más como un juego que como un recuerdo traumatizante. Gil de Biedma la vivió como una ampliación de las vacaciones de verano. La Generación del 80 quiere respirar la libertad que proporciona la democracia y llevarla a sus últimas consecuencias. La de 2010 son los herederos de ellos, y no se plantean otro perfil de vida que extender esos límites hasta el máximo. Ortega, Julián Marías, etcétera, dicen que entre generaciones hay promociones literarias que van modificando el discurso ideológico.

¿Hasta qué punto la pertenencia a un grupo le corta las alas al creador?

–Formar parte de un grupo abre puertas. Quien no se integra, se puede quedar fuera. Claudio Rodríguez no se integró en la Generación del 50, pero con su primer libro ganó el Adonais. Javier Egea convirtió su poesía en vida; cuando llegó al límite, languideció y murió. Cuando Gil de Biedma se dio cuenta de que se ha convertido en un personaje, dejó de escribir.

¿Quiénes son los padres de la poesía actual?

–Ahora se está construyendo una generación que parecía querer romper con la Poesía de la Experiencia, y de ahí surge La Estética del Fragmento y Poesía ante la Incertidumbre. La primera la representan quienes siguen a Valente en la búsqueda de los límites del lenguaje. La segunda respeta los ancestros y adapta a la realidad contemporáneo. Uno de los indiscutibles padres de la poesía actual es Luis García Montero, y si hay que buscar abuelos, estaríamos hablando de Ángel González y la Generación del 50. Y si nos remontamos más atrás, nos encontraremos con Luis Cernuda y la Generación del 27. Los escritores de hoy son hijos de sus lecturas, y los personajes que he citado están entre ellas.

¿Cómo se convierte hoy un autor en un autor maldito?

–Confiándose al marketing, y aquí sí que está el postureo. El fingimiento ha llegado con las redes sociales, y hay un grupo de poetas que escribe para un lector atemporal, y desde ahí construye una identidad propia. Y luego están quienes al calor de las redes hacen realidad la máxima de Pessoa de que el poeta es un fingidor hasta sus últimas consecuencias. Y con ese fingimiento, buscan convertirse en seres malditos y atraer más lectores. ¿Por qué los narradores no se pelean? Porque la tarta económica a repartir es mucho más grande. ¿Por qué sí lo hacen los poetas?Porque los poetas no se juegan el dinero, sino la eternidad. Por eso buscan fórmulas que les hagan permanecer en el tiempo.

¿Qué papel tienen los medios de comunicación en este 'teatro'?

–Uno importantísimo. Los suplementos culturales y las críticas de los periódicos y revistas están construyendo el nuevo canon: los poetas que van a alcanzar esa deseada posteridad. La función del crítico literario, en el mundo de hoy, es distinguir el trigo de la paja, yendo más a fondo de la semblanza que sobre un título determinado ofrece un suplemento cultural.