«Me parece una burrada que no se haga el proyecto de la entrada a la Alhambra»

Campo asegura que la entrada a la Alhambra es una necesidad../ALFREDO AGUILAR
Campo asegura que la entrada a la Alhambra es una necesidad.. / ALFREDO AGUILAR

El catedrático, desplazado a Granada para dar una charla en la Escuela de Arquitectura, diseñó el 'Cubo' de CajaGranada, su mayor obra

ANDREA GARCÍA PARRA

Nació en Valladolid, donde su abuelo era arquitecto, y vivió desde los dos años en Cádiz, ciudad en que vio la luz. Así es como empieza el perfil, en su página web, de Alberto Campo Baeza. Nada más entrar en la sala del hotel en la que se hace esta entrevista lo primero en lo que se fija es en la luz natural. Ha viajado a Granada para impartir una charla en el día de la Escuela de Arquitectura. En su 25 aniversario, sita en un edificio histórico en el Realejo, Campo Baeza la califica como «una escuela estupenda, que además tiene ya una solera». Cita al fallecido Antonio Jiménez Torrecillas y a Juan Domingo Santos, que se formaron en Granada, como dos arquitectos de «primerísimo orden».

Campo Baeza, catedrático, ha recibido premios y ha proyectado edificios en diversas ciudades. En Granada firmó el conocido como Cubo, dice que su mayor obra y la que mayor prestigio le dio. En esta ciudad le hubiera gustado, además, firmar junto a Álvaro Siza y Juan Domingo Santos la entrada a la Alhambra (Atrio). Repasa en esta entrevista cómo surgieron como «hongos» las escuelas de arquitectura.

Mantiene, como hizo en un texto hace años, la necesidad de socializar el suelo, cerrar las fábricas de coches y se confiesa feliz sin coche, tele ni teléfono móvil. Del metro en Granada dice que conoce lo que le han dicho sus amigos y es que «funciona mejor de lo esperado». Y del AVE apunta que no entiende que Granada no lo tenga aún.

Imagen de archivo del Cubo de CajaGranada en 2010.
Imagen de archivo del Cubo de CajaGranada en 2010. / ALFREDO AGUILAR

–¿Cuántos lenguajes tiene la arquitectura o es un lenguaje universal?

–Diría que el lenguaje de la arquitectura es universal, en principio. En mi charla 'Renuncia y universalidad' defiendo que cuando el arquitecto renuncia un poco a las cosas excesivamente personales, es más universal el resultado. Eso es para cualquier creador ya sea arquitecto, escritor o pintor.

–Le conocen y es habitual que le pongan la etiqueta de arquitecto de la luz.

- Como un piropo lo admito, lo agradezco. Pero entonces provoco un poco y digo que yo no soy el arquitecto de la luz, no porque no crea en la luz, sino porque la luz es un material indispensable para cualquier arquitecto. Cualquier arquitecto tiene que trabajar con la luz.

«En el Cubo se puede hacer un banco, unas oficinas, un aulario para la Universidad o un hotel»

–A los futuros arquitectos ¿qué les recomienda?

–No recomiendo, les digo que no pueden olvidarse de la luz.

–¿Está contento con la valoración del Cubo con el paso del tiempo?

-Sí. Creo que el paso del tiempo es favorable si una obra merece la pena. En cambio, ahora mismo estoy pensando en arquitectos, que no voy a decir nombres porque no me gusta hablar mal de los arquitectos, que en un momento son muy famosos, pero pasa el tiempo y dices bueno, aquello que era tan famoso y aquel señor que era tan famoso, esa obra que era tan, ya no es nada. El paso del tiempo no les va a favor. Yo tengo la suerte de que me pasan las cosas a favor.

«A mis alumnos siempre les digo que el primer instrumento de un arquitecto es la razón»

–¿El Cubo está más integrado en la ciudad?

–Creo que sí.

–Si tuviera otros usos ¿cuáles les gustaría?

–Primero aprovecho porque a quien tengo que dar unas gracias inmensas es a Julio Rodríguez. La culpa del Cubo la tiene Julio Rodríguez. El concurso lo hizo Manolo Martín, que se portó muy bien, pero después llegó Pepe Olea, que cortó y dijo que no, que no convenía a la ciudad hacer eso. Pasaron seis años y entonces cambió todo, entró Julio y dijo que a la Caja le convenía hacer el edificio. O sea el culpable es Julio Rodríguez, que no se lo agradeceré yo lo suficiente en toda mi vida. Además, es una persona excelente en lo personal y con una cabeza privilegiada.

«Ha puesto una escuela privada quien ha querido, cobrando lo que ha querido»

–¿Si tuviera ese otro uso sería, por ejemplo, un hotel?

–Sí, se habló de hotel en cierto momento. La ventaja que tiene el Cubo es que la planta, la organización es muy sencilla. Es alrededor de un patio, una galería, que está metida dentro, y con piezas alrededor que toman la luz de las fachadas. Con ese esquema se puede hacer un banco, unas oficinas, un aulario para la Universidad o se puede hacer un hotel también. Quizás para hotel la profundidad de las crujías es demasiado grande.

–¿En Granada qué le hubiera gustado hacer?

–A mí me hubiera gustado hacer, y ahora provoco un poco, la entrada a la Alhambra con Juan Domingo Santos y con Álvaro Siza. Me parece una burrada que no se haga. Hay una necesidad en la Alhambra, clarísima, por unas razones, de millones de visitantes. Hay una necesidad de aparcamiento, de dotaciones, de servicios como cualquier monumento con tantísimos visitantes. Se hace un concurso internacional, lo ganan dos arquitectos que son magníficos, con un proyecto también magnífico. Evidentemente es un proyecto que tiene que tener unas dimensiones. Entonces, de repente, que algunas fuerzas vivas de la ciudad se opongan y tengan suficiente poder como para que eso se pare, eso me parece que no está bien. No es adecuado.

–¿El arquitecto ha recuperado el prestigio que la crisis se llevó por delante?

–No. Pero también porque había un prestigio del arquitecto antiguo, que era un prestigio más económico, era un artista y encima ganaba mucho dinero. Ese concepto del arquitecto es equívoco. Yo he tenido, personalmente, excesiva suerte. Sin buscarlo me ha venido un prestigio, pero que lo único que he hecho ha sido intentar hacer las cosas con sentido común, con lógica. Como les digo a los alumnos el primer instrumento de un arquitecto es la razón. Y después a eso se añadirían otros factores. Por ejemplo, la Universidad, claro que hay el derecho a que la gente estudie, me parece maravilloso, pero una vez que el concepto de Universidad está claro, que la gente se forme, después también vendrá el político de turno, que si tuviera algo de inteligencia, que falta bastante, diría bueno, vamos a ver cómo distribuyo el tema de los estudios.

–¿Ha crecido en exceso la oferta de escuelas de arquitectura?

–Como hongos. Hay una proliferación de escuelas privadas. Ha puesto escuela privada quien ha querido, cobrando lo que ha querido y enseñando lo que le da la gana. Conozco una escuela privada, que no diré el nombre, dirigida por un señor que ni siquiera es doctor. Antiguamente, no pongo nombre y apellidos, se exigía para una privada que tuviera un porcentaje de catedráticos de la pública para garantizar la enseñanza. Entonces, había muy poquitas privadas porque no se podía conseguir. Eso que podía ser restrictivo a quien más beneficiada era a las clases sociales más bajas. En plan periodístico, lo que decía a mis alumnos y que lo he dicho mil veces: hijo tonto de padre rico va a una privada de estas de medio pelo, que las hay así –señal de muchas–. Además, para colmo después de que aparecieron las privadas como hongos aparecieron las públicas como hongos también, tampoco voy a decir cuáles, que no había en Alcázar de San Juan, pero casi.