Ocho años de exilio del Museo Arqueológico de Granada

Portada de la Casa de Castril, sede del Museo Arqueológico de Granada./FERMÍN RODRÍGUEZ
Portada de la Casa de Castril, sede del Museo Arqueológico de Granada. / FERMÍN RODRÍGUEZ

Durante el largo «cierre temporal» que hoy concluye, las joyas del Arqueológico han podido ser contempladas en Nueva York, París, Madrid, Sevilla o San Sebastián

PABLO RODRÍGUEZ

Desde que en 2010 la Casa de Castril cerrara de manera «temporal», según rezaba un cartel en su puerta, los granadinos no han podido disfrutar de una de las joyas patrimoniales más importantes de la que es para muchos la calle más bella de España. Los ocho años de cierre, sin embargo, han sido de exilio para muchas de las joyas que el edificio contiene, unos fondos que los profesionales del museo, con el director Isidro Toro a la cabeza, han tratado de seguir mostrando aunque fuese fuera de sus estancias originales.

Estos ocho años de exilio obligado han permitido que, de manera temporal y siempre bajo el cuidado de los conservadores del museo, investigadores y espectadores de ciudades como Nueva York, París, Madrid, Sevilla o San Sebastián pudieran contemplar las míticas sandalias de esparto, el astrolabo Ibn Zawal, la ballesta nazarí o las inscripciones de la puerta de la Madraza.

El viaje por el desierto comenzó en la propia Granada y lo hizo en 2012, casi dos años después del cierre. En febrero, el Centro Cultural CajaGranada acogió más de un centenar de piezas representativas de los fondos del museo. Un hueso frontal infantil de Neardental encontrado en la cueva de la Carigüela, no expuesto desde los 60, era la joya que abría una muestra en la que destacaba por encima de todo el tesorillo de denarios encontrado en Cogollos de Guadix y que nunca había sido contemplado por el público hasta la fecha.

Grandes joyas como los capiteles nazaríes, las piezas escultóricas de Salar, el jarrón de Antequera, los vasos griegos del Zacatín, las catanas japonesas o las monedas de Florentia Iliberritana se han podido contemplar fuera del museo en estos últimos seis años

Aquella exposición abrió el camino, pero los siguientes pasos se hicieron esperar más de un año. Entre verano y otoño de 2013, el Parque de las Ciencias, el Museo de la Alhambra y la sala Zaida de Caja Rural acogieron tres exhibiciones especiales centradas en diferentes colecciones. La organizada en comunión con el Patronato de la Alhambra, que se inició en julio, tenía como eje las armas y enseres para la defensa nazarí. Aunque integraba piezas propias del monumentos, contó también con joyas como la famosa ballesta nazarí del Arqueológico, unos estribos de época y fragmentos de malla. Posteriormente, el mismo espacio acogió una exposición sobre el poder que contó con excepcionales enseres como el astrolabio de Ibn Zawal, la pila de Al-Hakem y la famosa inscripción de la portada de la Madraza.

1. Toro íbero de Arjona. 2. Busto de Ganímedes. 3. Astrolabio de Ibn Zawal / ALGARRA / M. ARQUEOLÓGICO / ARCHIVO

Si lo militar y lo cultural tenían cabida en el Museo de la Alhambra, en el Parque de las Ciencias se acogían más de 80 objetos hallados en el yacimiento de Medina Elvira, en Atarfe. Apoyada por el Legado Andalusí, las piezas procedían de excavaciones antiguas y recientes, unos tesoros que permitían hacer un recorrido por los trabajos y que aportaban nueva luz sobre la vida de los habitantes de la zona en el medievo. Por su parte, en la sala Zaida, era la cerámica de Fajalauza la que revelaba una parte de las joyas que guarda la sección etnológica del museo.

Sin embargo, el exilio del Arqueológico no se quedaría en Granada y pasaría también por Sevilla. Aquel 2013 culminó con la exhibición temporal de las sandalias de esparto halladas en la cueva de los Murciélagos de Albuñol. Los visitantes hispalenses del Museo de Artes y Costumbres Populares disfrutaron de uno de los objetos más singulares del museo granadino que llegó bajo la vitola de «obra invitada».

Un viaje por el Atlántico

Aquellas exposiciones espolearon el interés por un museo que entonces se veía sacudido por la polémica. Con las administraciones enzarzadas entre sí y colectivos manifestándose en las puertas reclamando la reapertura, los granadinos apenas repararon en que algunos de sus tesoros atravesaron el Atlántico en un viaje singular. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York exhibió entre septiembre de 2014 y enero de 2015 dos alabastrones egipciones hallados en la necrópolis de Laurita, en Almuñécar. Las dos piezas formaron parte de una exposición que hacía un recorrido desde Asiria a Iberia centrada en la época de la caida de la edad clásica y a su retorno, en febrero de 2015, se mostraron en 'El mundo de las momias' en el Parque de las Ciencias.

También, al mismo tiempo, los parisinos disfrutaban de otra joya del Arqueológico. Y lo hacían en un espacio de tanta altura como el Louvre. Allí, la inscripción de la portada de la Madraza daba cuenta de los lazos entre el reino nazarí y sus vecinos del norte de África como parte de una exposición titulada 'Le maroc medieval'.

Regreso a España

El exilio continuó, con varias paradas en el Bellas Artes y el Carlos V, con otro salto fuera de los límites granadinos. Primero al Centro de Exposiciones Arte Canal de Madri, que acogió los famosos alabastrones egipcios de Laurita; luego al Museo de San Telmo de San Sebastián, que mostró una copia de los Libros Plúmbeos del Sacromonte; y finalmente a Arjona, que exhibió la escultura ibérica tauromorfa conocida popularmente como 'Toro de Arjona'.

Era ya 2017 y el museo acumulaba siete años de cierre y exilio. Fue entonces cuando con más ahinco se produjeron las exhibiciones fuera del Arqueológico. Hasta ocho distintas en diferentes puntos de la provincia de Granada recordaron a los ciudadanos los tesoros de uno de los museos más importantes del género en el país. Ocho oportunidades para contemplar grandes joyas como los capiteles nazaríes, las piezas escultóricas de Salar, el jarrón de Antequera, los vasos griegos del Zacatín, las catanas japonesas, las monedas de Florentia Iliberritana, las terracotas etruscas, la diadema de oro de la cueva de los Murciélagos o la arqueta de taracea, piezas que desde este viernes recupera -al menos en parte, hasta que se afronte la rehabilitación completa- la ciudad en el lugar que siempre debieron estar.

 

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