La OCG, más cerca de los granadinos

La Orquesta Ciudad de Granada durante el Concierto de Inauguración de temporada que dio anoche en el Auditorio Manuel de Falla./Ramón L. Pérez
La Orquesta Ciudad de Granada durante el Concierto de Inauguración de temporada que dio anoche en el Auditorio Manuel de Falla. / Ramón L. Pérez

Gran afluencia de público al concierto inaugural y gratuito de la Orquesta Ciudad de Granada en el Manuel de Falla

ANDRÉS MOLINARI

granada.En este caso se cumplen las dos partes del adagio: Mahoma va a la montaña y la montaña va a Mahoma. Porque si anoche fueron los granadinos los que subieron la montaña de la Sabika para casi colmar el Auditorio Manuel de Falla y escuchar, con deleite, a la Orquesta de su ciudad, en las próximas semanas será esta formación musical la que baje hasta los barrios más alejados para esparcir la música clásica, también de forma gratuita, entre sus convecinos.

Un acierto realizar el tradicional Concierto de Inauguración de temporada de la OCG bajo techado, porque al menos ayer por la mañana llovió mucho y no era cuestión de sentarse sobre mojado o andar limpiando a calzón quitado. Por eso el Auditorio de este año ha resultado pintiparado, como lo fueron años anteriores la Plaza de Toros, la explanada del Palacio de Congresos y otros lugares al aire libre. Y casi lleno, aunque siempre hay olvidadizos cuando la función es gratuita y se vieron unos cuantos asientos vacíos mientras se quedó gente con ganas y sin entrada. Ciertamente el número de ellas repartidas fue mucho menor que en años anteriores, pero eso permitió incluso que algunos granadinos que todavía no conocían el auditorio por dentro pudiesen disfrutar de su perfecta sonoridad.

Sonoridad que quedó también patente con un somero y tímido vocerío acompasado, durante los aplausos del final, que nadie se enteró de qué decía ni falta que hizo.

Un programa muy clásico centrado en la música centroeuropea, desde el clasicismo de Mozart hasta el romanticismo de Schubert, pasando por la incontinencia sonora de Wagner. El director Lucas Macías Navarro supo domeñar nuestra orquesta para que se pareciese, al menos en evocación sonora, a aquellas que pululaban por los salones vieneses de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, o que ocupaban el pie de la escalera de la casa en la que vivían Richard y Cosima. Una orquesta de dimensiones morigeradas, casi de cámara, con sus cuarenta músicos, sin sobredimensionar familias de instrumentos ni recibir solistas invitados. Para un concierto entre el lucimiento y la intimidad.

Con Mozart aun frialdad y alguna vidriosidad junto a mínimos desajustes en los vientos, que pudieron deslucir la interpretación pero que fueron corregidos a tiempo. Para Wagner un viaje desde el lirismo a la ampulosidad, con una cuerda cavernosa y un metal limpio y potente. Con Schubert una invitación al juego y a la danza, a que el ritmo se adueñe de tendones y de entrañas.

España ausente

A pesar del buen estilo desplegado anoche por la OCG, con un Mozart esquivo pero al final amigable y enjundioso, un Wagner cargado de eros matrimonial pero nunca empalagoso, y un Schubert que siempre es una delicia escuchar, la música española fue la gran ausente. Y se echó de menos.

El jovencísimo director invitado, sin atril pero con batuta, colocó las tildes donde era menester y se dirigió al público felicitándolo y felicitándose por dirigir una orquesta que es un lujo para España y para Europa. Nombró España pero ofreció música de Centroeuropa. Escueto, sereno, atento a cualquier desmán, felicitó a las trompas por su intervención en Schubert, a la cuerda por su brío, a las maderas por su juego y su diálogo. Colocó las violas a su derecha en un afán por parecerse a esa modernidad que hogaño cunde por las orquestas del mundo. Pero no se prodigó en ninguna propina. Ni un amago de lo nuestro.

Clásicos en directo

Ciertamente todo ciudadano debe escuchar, si puede, a los clásicos en directo, pero la retórica sinfónica parece más adecuada para los abonados de la OCG de todo el año, para los eruditos, al menos de palabra, y para los exquisitos incondicionales para los que todo son alabanzas. Hace unos años este concierto inaugural de la OCG se tildaba de Fiesta. Y según mi opinión así debe rescatarse. Que los granadinos lo esperen y lo añoren como se hace con el Concierto de Año Nuevo en Viena. Por eso no sería descabellado insuflarte cierto tono monográfico, puede que algo de zarzuela, tal vez Manuel de Falla, incluso músicos granadinos. Pero seguro mucha música española.

De lo que estoy seguro es de que si el concierto de anoche es presagio de lo por venir, nos espera una gran temporada de la Orquesta Ciudad de Granada.