El Cabrero, más que un cantaor una eminencia

Cabrero muestra su arte con tensión./ALFREDO AGUILAR
Cabrero muestra su arte con tensión. / ALFREDO AGUILAR

El cantaor sevillano arrasa con su presencia, está por encima de todo convencionalismo y se niega a ser conformista

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOSGRANADA

Indomable. A sus 73 años, José Domínguez 'El Cabrero', nos sorprendió el día de ayer con su nuevo disco, 'Ni rienda ni jierro encima', en el 68 Festival Internacional de Música y Danza de Granada, mimando las letras por encima de otros argumentos. Un trabajo que presentó el pasado año en el Auditori de Barcelona, invitado por el Festival de cançó Barnasants, con enorme éxito.

El cantaor sevillano arrasa con su presencia. Está por encima de todo convencionalismo y se niega a ser conformista. Una actitud que le cierra puertas, pero que le abre los corazones de miles de seguidores que conforman una verdadera legión que reverencia su valentía y su coherencia. El Cabrero se constituye así en un poeta del pueblo, en el cantaor ancestral que alzaba su dolor, pero sobre todo su queja. Porque el flamenco como el blues nació de la opresión, de la fatiga y de la denuncia. Y es por este compromiso independiente que el cantaor de Aznalcóllar mueve conciencias.

Entre la tradición y el temperamento, el cantor ofreció un recital de mayor calidad humana que 'artística'. Sus dotes ya no son las de antes, pero su autenticidad sigue siendo la misma. Es carismático y generoso en su entrega. Conserva su potencia de voz, la exclusividad en sus letras (la mayoría propias y de su pareja Elena Bermúdez), pero sobre todo su personalidad aplomada, de riguroso negro, con sombrero, pañuelo rojo al cuello y camperas. Algunos límites traspasa, aunque es lo que incide en su personalidad y su arte, como una cierta inclinación al mono tono o por momentos una falta de afinación, que obliga a Manuel Herrera a seguir sus particularidades con la guitarra en un continuo ejercicio de caza y alcance del artista.

Su entrega comienza con la soleá que le da nombre al disco. Continúa con un soneto con letra de Borges mi música de Alberto Cortes. Amapola del trigo son unas serranas, uno de sus palos predilectos. Los fandangos de Huelva' soy gallo de corral', que es una verdadera declaración de intenciones. Se desgarra por seguiriyas ('Van galopando') del Loco mateo y después los fandangos naturales 'Que devuelvan el dinero' y 'Con la fuerza de un volcán'. Ya templado, aborda uno de sus palos predilectos, la serrana 'Amapola del trigo' y después las malagueñas 'Le da gritos al segaor', rematadas por «trata detrás».

También ha tenido tiempo para otra de sus pasiones, la incursión en el tango argentino, con 'El Orejano', un vals criollo por bulerías. En otro aparte, siguiendo la misma línea, concluye su disco, como Bonus track la canción aflamencada 'La coplera del prisionero', de Armando Tejada y Horacio Guarany. Termina con más fandangos, unas bulerías y otro par de fandangos.