Luis García Montero, un pozo con fondo

El poeta recibe el Pozo de Plata de manos de José Entrena, presidente en funciones de la Diputación./JULIO GROSSO
El poeta recibe el Pozo de Plata de manos de José Entrena, presidente en funciones de la Diputación. / JULIO GROSSO

El poeta recibió el Pozo de Plata en el ya histórico acto 'Cinco a las cinco' en recuerdo de García Lorca

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Volvió a llegar el cinco, y volvieron a llegar las cinco. Hace tiempo que el acto que recuerda el natalicio de Lorca a la hora más taurina de Sánchez Mejías no comienza a esa hora, pero dos vueltas de minutero más tarde, se inició el acto por excelencia del año cultural en la población que vio nacer a Federico. Este año, con un protagonista granadino, además: el poeta y a la sazón director del Instituto Cervantes, Luis García Montero. Primero, firmó en el libro de honor de la casa, y se fotografió con el Pozo de Plata en el marco en el que se solía entregar, el patio de la casa natal de Lorca. Fue un momento emotivo, donde García Montero estuvo acompañado por sus padres, esos mismos que tenían en el salón de las visitas una edición, de Aguilar, con las obras completas del fuenterino.

Y tras la firma, una visita protocolaria que sirvió para inaugurar la muestra 'Federico, santo y señas', repartida entre la Sala Granero de la casa natal –donde permanecerán un año los recuerdos de la vida infantil en la vega–, y el Centro de Estudios Lorquianos –donde se pueden observar, y pisar, los planos de las viviendas granadinas del poeta–. Una visita dirigida por el comisario de la muestra, Alejandro Víctor García, quien afirmó que «la principal enseñanza que extraigo de esta exposición es la necesidad de reivindicar y recordar el pasado. Los lugares donde vivió Federico deben conservarse, para evitar la amenaza del olvido».

El pueblo que vio nacer a Federico abrió un nuevo espacio para la celebración, en la plaza situada frente al teatro, junto a las antiguas escuelas, hoy Centro de Estudios Lorquianos, y la puerta de atrás de la casa natal del poeta. Así lo destacó el alcalde de la localidad, José Manuel Molino, quien recordó las dificultades que trajo consigo aquella primera celebración del Cinco a las Cinco en 1976, arropada por los fuenterinos. La diputada de Cultura, Fátima Gómez, hizo una glosa de la figura de Luis García Montero, y su posicionamiento de siempre con los más desfavorecidos. También recordó un pasado en el que el poeta colaboró en la creación de iniciativas culturales punteras, como el Festival Internacional de Poesía. Acto seguido, se produjo la 'segunda' entrega del galardón, ante el público congregado en el amplio espacio.

La puerta equivocada

Inmediatamente, se hizo el silencio, y sin papeles, García Montero inició su discurso recordando al otro gran protagonista de la jornada: «En una conferencia donde Lorca presentó 'Poeta en Nueva York', dijo que siempre que le tocaba hablar en público pensaba que se había equivocado de puerta al entrar». El director del Instituto Cervantes huyó de una disertación oficial, y convirtió su intervención en un despliegue de recuerdos propios y sentidos en el alma de Federico. «En el elogio que hizo de Fuente Vaqueros en 1931, dijo que le debía mucho a la infancia que pasó entre estas calles, entre estos caminos. Por mi parte, todo lo que soy se lo debo al poeta. También mis recuerdos de cuando mi madre, con seis hijos, todos varones, y todos muy 'trastos', tuvo que prohibirnos entrar en el salón de las visitas para preservar cierto orden, al menos en una zona de la casa, donde descubrí aquellas obras completas de Federico».

A partir de aquel descubrimiento, relató García Montero, sintió que se podía dialogar con los libros, y más tarde, tuvo el placer de dialogar con algunos de sus autores favoritos. Aquellos que definió como «mis hermanos mayores», que organizaron el primer acto del Cinco a las Cinco aquel 1976, con el cadáver de Franco aún caliente. «Por la mañana, se le hizo un homenaje a Lorca en la Universidad de Granada, y en él me encontré a Blas de Otero», recordó. «Le dije que gracias a personas como él había aprendido a amar la poesía. Me dio un abrazo y me dijo que esperaba que algún día pudiera perdonarle».

Luego, por la tarde, siguió recordando, «cogí el autobús, que se adentró por la vega, con los Jeep de los grises como escolta a ambos lados de la carretera». Y vio allí a Otero como Otero vio a Federico en 1936 en Bilbao. «Frente al tiempo de usar y tirar, defiendo mi herencia poética. Me siento heredero de Bécquer, de Rosalía de Castro, y también de Lorca. No creo que haya ningún poeta que le haya dedicado tanto tiempo, y dedicárselo me trajo suerte», destacó.

En 'Completamente viernes', García Montero escribe un poema donde cuenta cómo presentó a Almudena Grandes, su esposa, a la familia de sangre, y luego, cómo la llevó a Víznar y Alfacar, a mostrarle el lugar donde murió esa parte de su familia que se llamaba Federico. E hizo cuentas: «Han pasado 43 años desde 1976, y llevo 38 años como profesor. He publicado muchos libros, en mi vida han pasado muchas cosas. Llevamos 40 años de democracia; no podemos tener nostalgia, porque quien haya conocido aquellos tiempos sabe que no deben volver. Homenajear a Lorca es reafirmar nuestro compromiso con la democracia a través de la cultura, mirar hacia delante, hacia el progreso». Y concluyó: «Aquel niño que entró en el salón de las visitas y encontró a Lorca es el mismo que hoy les da las gracias».

El presidente de la Diputación en funciones, José Entrena, definió al galardonado como «un hombre con una sensibilidad especial, con auténtica conciencia social, una voz crítica que forma parte esencial del panorama cultural y de las letras en España, un poeta cuyas reflexiones siempre son necesarias para descifrar los tiempos complejos que nos ha tocado vivir». Un autor comprometido, en definitiva.

El acto de este Cinco a las Cinco de 2019 finalizó con la bailaora Belén Maya, quien ofreció una actuación amparada por la voz de Enrique Morente, los versos lorquianos y un verde –verde que te quiero verde–, mantón de Manila, que fue su cómplice y compañero de juegos, junto al viento, que apareció periódicamente en el patio.