Lorca y Morente caben en un tango

Lucila Juárez de pie, entona, con Soleá Morente a su lado./ALFREDO AGUILAR
Lucila Juárez de pie, entona, con Soleá Morente a su lado. / ALFREDO AGUILAR

Ambos granadinos ilustres son recordados en la gala inaugural del Festival Internacional de Tango de Granada

ANDRÉS MOLINARIGranada

Noche de cita astronómica con la primavera por estrenar y de miscelánea por aquellos mundos del trasnoche y de la remembranza. Un potpurrí de temas y de nombres para abrir este trigésimo primer Festival Internacional de Tango de Granada. En el aire recuerdos a los grandes que fueron, por los que intentan hoy serlo. Y no sólo los de antaño, como Lorca o Morente, también Ángeles Mora, que eleva Granada hasta lo más alto del quehacer poético actual.

Al comienzo una escenificación con el acertado título: Lorca en un tango, Buenos aires 1933. Un precioso recital de Carmen Huete como lectora y como personaje, junto a Ramón Maschio a la guitarra. Bellos instantes, plasmados por Carmen, con mesura y sin empalago, coronados por la emocionante lectura de esa carta de Federico a su familia desde Buenos Ares, mientras su firma persistía en la pantalla trasera de un escenario sólo habitado por ellos dos, su maleta y su guitarra.

Tras lo teatral, la historia, con un repasó bailado de 'La evolución del Tango', que hay un Darwin para cada arte. Carlos Guevara y Dévora Godoy en cinco instantes del tango bailado, dejando un muy grato sabor de boca con ese tango en vaqueros ajustados. Corrección sobre cualquier osadía por parecerse a los acróbatas del arte porteño.

Con más encanto que afinación, Carlos Andreoti cantó versos de Ángeles Mora, presente en la sala, con todos los sones de nuevo bien resueltos por el guitarrista de la velada y algún que otro fallo en la iluminación, otra constante de toda la noche.

Y de nuevo la memoria. Aquel encuentro entre Enrique Morente y Rubén Juárez, evocado con un átomo de cine y buena música en las muy sonoras gargantas de Lucila Juárez y Soleá Morente, su hija, voces con el filo de plata y la punta de nácar, junto al incombustible de la noche, el guitarrista Mashio, y el bandoneón de Fabián Carboné.

Noche de recuerdos hacia los granadinos que amaron y aman el tango, con más ternura que espectáculo y más cercanía entrañable que rutilo de singularidades. Primer destello, suave y calmo, del mucho arte que espera agazapado tras los telones del teatro. Que en Granada el tango se baila con toda la primavera por delante.