Las Obras Completas de María Zambrano toman forman con un nuevo tomo

La filósofa María Zambrano./
La filósofa María Zambrano.

El volumen incluye los libros de la filósofa 'Notas de un método', 'Algunos lugares de la pintura' y 'Los bienaventurados'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Figura imprescindible de la filosofía española, María Zambrano (Velez-Málaga, 1904-Madrid, 1991) firmó una creación intelectual que el tiempo y las vicisitudes de su exilio tras la Guerra Civil hicieron que no estuviera tan bien editada como la calidad de los contenidos merecían. Pero desde hace diez años está en pie un proyecto que trata de recuperar su producción bajo el título de Obras Completas, de la mano de la editorial Galaxia Gutenberg y de la Fundación María Zambrano. Aparece ahora el segundo tomo del volumen IV, que incluye tres de los 23 libros de la filósofa, publicados en el periodo 1986-1990: 'Notas de un método', 'Algunos lugares de la pintura' y 'Los bienaventurados'. En el primer tomo de este volumen se habían publicado 'Claros del bosque', 'De la Aurora' y 'Senderos'.

«Los españoles hemos mirado en el pasado a la filosofía positivista y anglosajona, pero desde hace un tiempo estamos recuperando nuestra propia tradición, y ahí María Zambrano juega un papel clave», asegura el decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, Juan Antonio Valor, que destaca el creciente interés de universidades extranjeras por la autora malagueña.

Valor subraya cómo Zambrano supo hacer filosofía «desde su condición de mujer». «Su discurso no fue explícito, pero me parece más radical que muchos de los eslóganes que se escuchan actualmente. Tuvo su propio pensamiento original y eso es algo que le provocó consecuencias en sus relaciones personales y académicas», agrega Valor.

Discípula de José Ortega y Gasset, María Zambrano fue durante la República profesora en la Residencia de Señoritas, el equivalente femenino de la Residencia de Estudiantes. Tras la Guerra Civil marchó al exilio en Cuba, México, Italia y Francia, donde produjo gran parte de su obra y donde se instaló definitivamente.

Hasta 1984 no regresó a España. En democracia, ya rehabilitado su perfil intelectual, recibió los dos premios culturales más importantes del país: el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981) y el Cervantes (1988).

 

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