La 'Granada zarrapastrosa' de Pío Baroja

El único documento gráfico que existe de la visita de Baroja (segundo por la izquierda) y Ortega (tercero) es esta foto./COLECCIÓN DE CARLOS SÁNCHEZ
El único documento gráfico que existe de la visita de Baroja (segundo por la izquierda) y Ortega (tercero) es esta foto. / COLECCIÓN DE CARLOS SÁNCHEZ

En diciembre de 1924, el literato acompañó a Ortega y Gasset en una 'movida' visita a la ciudad. La escritora María Bueno lo plasma en un libro.

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Pío Baroja era tanto una persona como un personaje muy especial. Ambas dimensiones eran absolutamente indivisibles en él. Y su perfil crítico, el mal carácter del que se le tachó en muchas ocasiones, formaban parte de su esencia. Pero quizá, pocas veces despotricó contra una ciudad como hizo con Granada. Estos y otros detalles de la visita que junto al pensador José Ortega y Gasset –auténtico protagonista de aquel viaje– hizo a la capital de la Alhambra, los desvela la escritora granadina María Bueno en su libro 'Un vasco en la corte nazarí', perteneciente a la colección 'Baroja & yo', editada por el sello navarro Ipso Ediciones.

El libro, comenta la autora, está dividido en dos partes. Una primera con tintes autobiográficos, donde relata el acercamiento al personaje a través de su pasión por la literatura vasca en el exilio. En este fragmento, tiene mucha importancia la figura del padre de María Bueno, Diego Bueno Molero, que hizo su 'mili' en San Sebastián, donde coincidió con Antonio Muñoz Molina, compartiendo una experiencia que este relata en su novela 'Ardor guerrero'. La autora comenta que «de la mili se volvía con algunos nombres, y yo heredé uno: San Sebastián, y lo he ido llenando de significados y de amigos. De ahí, también, mi interés por la cultura vasca».

En la segunda, mucho más voluminosa en proporción dentro del libro, se entra en los antecedentes, detalles y consecuencias de la visita barojiana. El literato llegó a la ciudad acompañando a Ortega y Gasset, que venía el día 12 de diciembre de 1924 a dar en el Teatro Cervantes una conferencia organizada por el Centro Artístico, con el título 'El Estado, la Juventud, el Carnaval'. En el mismo ciclo intervinieron el mejicano Francisco A. de Icaza, Gómez Moreno y el doctor Marañón. Les acompañaba Domingo Barnés, político y pedagogo que luego sería ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en la Segunda República. Baroja y Ortega tenían una profunda relación de amistad. De sus encuentros en torno a la Revista de Occidente surgió la posibilidad de hacer este viaje a Andalucía, que comenzó en Granada y terminó en Málaga.

La escritora granadina María Bueno, autora del libro.
La escritora granadina María Bueno, autora del libro. / J. A. M.

El interés de María Bueno por la visita barojiana comenzó con la lectura de 'La nave de los locos': «Mi primera lectura de Baroja fue 'El árbol de la ciencia', pero me enganchó el final de 'La nave de los locos', porque Alvarito, el protagonista, hablaba de Granada en términos no muy positivos».

Al ver que la novela estaba fechada en marzo de 1925, la autora asoció las pésimas impresiones que vertía el 'alter ego' barojiano a una carta de Federico García Lorca a Constantino Ruiz Carnero, donde el poeta se quejaba al periodista en los siguientes términos: «Me entero de que en Granada no se ha recibido como corresponde al insigne don José Ortega y Gasset y al genial novelista Baroja, y lamento con toda mi alma lo ocurrido, como buen granadino, ya que hoy en Madrid se habla de nuestra querida ciudad en términos desfavorables, pero desgraciadamente exactos». A partir de este texto, en el que explícitamente García Lorca comparte la impresión que da Baroja en sus círculos de amistad a propósito de Granada, María Bueno fue desenredando la madeja de esta visita en base a textos tanto periodísticos como epistolares.

En el libro, a Alvarito «Granada le dio la impresión de un pueblo muy provinciano, con gente irritada, reñidora y zarrapastrosa. Todo el mundo tenía una idea de superioridad sobre el resto de los mortales un poco cómica, y la gente de la clase rica una altivez de manchego, unida a la pretensión de ser gracioso del andaluz. Además, le parecieron las mujeres ásperas, y los chicos de la calle, descuidados, sucios y con aire de hospicianos». Tampoco deja en buen lugar a la Alhambra, a la que coloca por debajo de la Catedral de Sigüenza. El comentario del propio Baroja durante su visita al monumento fue que «los reyes de la Alhambra debieron quedar agradecidos cuando se fueron, por librarse del frío».

Una merienda y una broma

Desde que le mordiera un perro y tuviera que seguir una cura antirrábica, el literato vasco toleraba mal las heladas. Esa fama se había extendido, y un grupo de «arlequines», como los denomina el periodista Ruiz Carnero, cometieron la tropelía de enviarle un traje interior de lana y turba para el frío, que llamaban 'del Doctor Rasurel' y que se vendía en los Almacenes San José, en la calle Reyes Católicos, 25. La broma le debió sentar tan mal al literato que luego se vengaría largamente en el texto ya citado.

A pesar de lo dicho, la visita de Ortega y Baroja a Granada no fue tan mala. El diario 'El Sol' habló de que la conferencia fue largamente aplaudida, y tuvo mucho éxito. Además, una parte de los próceres culturales de la época se esmeraron para que se sintieran acogidos. Además de pasearles por la ciudad, organizaron una merienda, al parecer en la tarde del día 14, en el Carmen de San Antonio, a la que según el diario El Defensor de Granada, asistieron los catedráticos Palanco y Gallego Burín, José Murciano y Francisco García Lorca –hermano del poeta– entre otros muchos. El acto, «que transcurrió en medio de la mayor cordialidad y simpatía», contó además con un concierto de guitarra de Ángel Barrios.

Quizá, sin embargo, los intelectuales granadinos no lo entendieron así, porque tanto Lorca como Fernández Almagro, José Murciano y el propio Gallego Burín, le hicieron llegar sus disculpas a Ortega y a Baroja, de forma directa o indirecta, por el trato recibido. «La venganza se la tomó Baroja en caliente, dejando una imagen injusta e incompleta de aquella Granada», comenta Maria Bueno.