'El Sombrero de Tres Picos', protagonista en el Generalife en el centenario de su estreno

Momento de la representación en el Generalife./Alfredo Aguilar
Momento de la representación en el Generalife. / Alfredo Aguilar

Fue un espectáculo bellísimo, netamente español, que abarcó un paseo musical desde el siglo XV al XX

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Dentro de unos días se cumplirá el centenario del estreno mundial en el Teatro Alhambra de Londres –bonita casualidad el nombre del teatro– de una de las obras más señeras, más atractivas e interesantes de toda la creación de don Manuel de Falla: 'El Sombrero de Tres Picos', en una versión que se hizo sobre la conocida narración de Pedro Antonio de Alarcón.

Creo que todo el mundo sabe todo sobre el estreno por lo que intentaremos no ser reiterativos, pero no podemos olvidar a los Ballets Rusos de Diaghilev, la coreografía de Masine, la adaptación literaria de María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra, la escenografía y vestuario de Pablo Picasso, sin olvidar la importancia de un director de absoluto prestigio como fue Ernest Ansermet al frente de la Orquesta de la Suisse Romande, elenco histórico que tanto hizo por difundir la obra de grandes autores como Falla, Strawinski, etc.

Por eso, anoche el Generalife, su hermoso teatro, tenía un aire de fiesta muy especial, un aire de conmemoración, un aire de efemérides centrándose en las deliciosas figuras de la Molinera, del Molinero y del Corregidor. Historia sencilla, cargada de significado, amable, encantadora, que parece tener como telón de fondo la entrañable Guadix. Historia andaluza por los cuatro costados pero que, sin embargo, trasciende, se convierte en universal gracias al genio de quien fuera vecino de Granada, gaditano de nacimiento y hombre universal como fue don Manuel.

La gracia, la exquisita fragancia de una música que tiene una raíz popular pero que él va revistiendo con las mejores galas de la más acabada técnica, con el refinamiento propio de su carácter artístico, con el profundo respeto y seriedad con que siempre acometía sus trabajos. Una historia simpática, agradable y llena de encanto se transforma, gracias a la música de Falla, en un verdadero hito, en un momento importante, trascendente, dentro de nuestra historia artística, dentro de nuestro acervo musical.

Por eso mismo, 'El Sombrero de Tres Picos' se convirtió en el gran protagonista de la noche en el Generalife. Por eso hubo añoranzas, recuerdos, revivir de efemérides que han venido marcando la historia del Festival. Por eso el recuerdo a Antonio, el gran Antonio y no solamente por su brillantes versiones de esta obra de Falla, sino también por esas Sonatas de Soler que también él interpretó con sus importantes coreografías. Y es que no solamente fue 'El sombrero' el gran protagonista. Compartió honores con una serie de sonatas de los dos grandes maestros del XVIII, Soler y Scarlatti, que escribieron obras fundamentales para el clave y que anoche llegaron hasta nosotros en la especial e interesante orquestación que ha llevado a cabo Alfredo Aracil.

Una orquestación llena de aciertos donde se potencia el efecto de estas creaciones que sirven de base para unas coreografías que se deben a la inspiración creativa del propio director del Ballet Nacional Español, Juan Carlos Martínez a lo que se añade la presentación de otra interesante aportación, la que hace Nacho Duato con su coreografía que titular 'Por vos muero' y que, sobre textos de Garcilaso de la Vega, utiliza música española de los siglos XV y XVI grabada por importantes intérpretes como Jordi Savall entre otros.

En definitiva, tuvimos la suerte de contemplar y disfrutar de un espectáculo bellísimo, netamente español, con un paseo musical que abarca un tiempo que se extiende entre los siglos XV, XVI, XVIII hasta llegar al siglo XX culminando con una obra de una importancia y que tanto llega al espectador de cualquier latitud y que simboliza la culminación de una etapa muy importante en la creación de don Manuel de Falla, una etapa que muchos han considerado como netamente andaluza, pero que es universal y que trasciende de fronteras. Noche pues de conmemoración que tuvo como principal protagonista el simpático enredo de la molinera bella, el molinero galán y el truhanesco corregidor.

Se inició la noche de danza, noche con muchas ráfagas de viento y con amago de lluvia –llegaron a caer unas cuantas gotas– con las ya aludidas Sonatas de Antonio Soler y Doménico Scarlatti. La orquestación, bellísima, a cargo de Alfredo Aracil que realizó una labor digna de elogio. La presentación en vestuario e iluminación muy ajustada, plena de plasticidad y belleza, consiguiéndose unos efectos muy interesantes. Bien todo el nutrido elenco de la Compañía Nacional de Danza y muy bonita y efectiva la coreografía de J.C.Martínez.

Y el gran acontecimiento. Una vez más, 'El Sombrero de Tres Picos' conmemorando la efemérides, con coreografía de Masine, con figurines de Picasso, con decorados del genial malagueño y con la hermosísima música de don Manuel de Falla. Rememorar un acontecimiento clave en la música española. Buena, muy buena, fue la actuación de la Compañía Nacional de Danza. Todo el elenco estuvo a gran altura y hay que destacar a los tres principales protagonistas. Ion Agirretxe fue un Molinero muy cabal, sin distorsionar para nada el personaje. Francamente bien en todo momento pero sobre todo en la danza del Molinero, momento cumbre en su actuación y en el dúo Las Uvas, con su pareja de danza. Aída Badía fue una deliciosa Molinera, llena de gracia, con flexibilidad, elegancia y dando el matiz de simpática picardía que requiere el personaje. Y muy en la línea del personaje Jesús Florencio, un adecuado Corregidor. Con ellos todo el cuerpo de baile, toda la compañía que nos hizo disfrutar de una noche de danza, una noche conmemorativa a pesar de la amenaza climatológica. Al acto asistió el ministro de Cultura en funciones.