Maria Joao Pires, una actuación excepcional

Maria Joao Pires volvió, tocó y triunfó; Así de sencillo y así de grande en una noche memorable./ALFREDO AGUILAR
Maria Joao Pires volvió, tocó y triunfó; Así de sencillo y así de grande en una noche memorable. / ALFREDO AGUILAR

La gran pianista portuguesa deleitó con su interpretación exquisita a los aficionados, que han celebrado gozosos su retorno al Festival

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Uno de los verdaderos acontecimientos de la presente edición del Festival ha sido el regreso a Granada de la gran pianista portuguesa Maria Joao Pires. Las anteriores veces que ha estado en Granada sus actuaciones han tenido una extraordinaria categoría, consiguiendo hacer historia de cada una de sus apariciones en los escenarios granadinos. Es por lo que se la esperaba con verdadera expectación, es por lo que los buenos aficionados, los grandes amantes del piano, estaban interesadísimos en volver a disfrutar del arte, de la categoría musical de una de las grandes pianistas que ha marcado una época en la historia de los afortunados intérpretes de este instrumento.

El Festival granadino tiene una honda tradición, una rica tradición pianística. Por los sucesivos escenarios del Festival han ido desfilando los más grandes intérpretes de ese instrumento. No se trata de hacer aquí una relación exhaustiva de todos los que han contribuido con su arte, con su excepcional categoría, a elevar el nivel artístico de nuestra primera muestra musical. Desde españoles como Alicia de Larrocha, Rafael Orozco, Rosa Sabater, Joaquín Achúcarro y un largo etcétera, hasta los más míticos intérpretes, los más legendarios, que han conseguido éxitos extraordinarios. ¿Cómo olvidar aquel recital que ofreció en los Arrayanes Arturo Rubinstein con un programa enteramente dedicado a Chopin? ¿O la excepcional presencia de Claudio Arrau, o Daniel Barenboim, o Alfred Brendel, o Sviatoslav Richter? Sería muy prolijo y cansado para el hipotético lector, dar una relación acabada o aproximada de los que han escrito páginas de gloria con sus interpretaciones pianísticas en la historia de nuestro Festival.

Y a este selecto grupo está unida por méritos propios la portuguesa Maria Joao Pires. Una gran figura de la música, una pianista de altísimo nivel como ha tenido ocasión de mostrar sobradamente a lo largo de su ya dilatada carrera artística. En esta ocasión ha llegado a Granada con un programa lleno de atractivo donde se entrelazan los nombres de Beethoven y Schumann. Del genio de Bonn la hermosísima y bien conocida Sonata Patética, seguida -en el cierre del recital- por la formidable muestra pianística que es la Sonata nº 3, opus 111. En medio, el gran Robert Schumann: destacando una de las creaciones que me parecen más hermosas, intimistas, llenas de un desbordado contenido poético. Me estoy refiriendo a Kinderszenen, opus 15, que también aparece en castellano como Escenas de Niños y donde se ubica uno de los momentos más hermosos, sencillamente hermoso, pleno de belleza como es el Ensueño. El genio brillantísimo de Beethoven y la delicada belleza, llena a su vez de fuerza, de un extraordinario Schumann. Con estas credenciales se presentó de nuevo anoche, ante el público granadino, en el Palacio de Carlos V, Maria Joao Pires.

Y podríamos decir, parafraseando al gran Cayo Julio César: volvió, tocó y triunfó. Así de sencillo y así de grande en una noche memorable, terriblemente calurosa, en la que la belleza incuestionable de las partituras tenía la impresionante interpretación de esta pianista, cada vez más perfecta, con la técnica más depurada, más intensa desde el inicio hasta el final de un recital que fue verdaderamente memorable. Con la Sonata nº 8, opus 13, conocida como Patética, Maria Joao Pires ofreció una versión impresionante, por la delicadeza de su estilo, por la nitidez con que nos hacía escuchar cada compás beethoveniano, por la prodigiosa digitación y por el derroche de sensibilidad y buen gusto bien patente a lo largo de toda su actuación. Exquisita versión que nos conducía a una lectura de Schumann exquisitamente perfecta. Con esas Escenas de niños, donde toda la sensibilidad, toda la ternura del compositor alemán están presentes. Y ahí estaba Maria Joao Pires para ofrecernos todo el mundo emotivo, todo ese caudal de delicadeza, que está presente en Schumann y que fue expresado de forma excepcional por la pianista. Técnica perfecta, delicadeza, seguridad, capacidad de transmitir. Todo eso lo supo ofrecer, porque supo re-crear la obra, volverla a hacer vivir, porque la intensidad emocional, la delicadeza, la ternura, la poesía y el buen gusto fue perfectamente asumido por la pianista portuguesa y vuelvo a insistir en que nos recreó la obra, nos la volvió a crear, en un alarde de sensibilidad, de capacidad interpretativa. Por ejemplo, uno de los momentos que para mí son más emotivos de esta deliciosa serie de escenas: el Träumerei, o Ensueño, o Reverie, como ustedes quieran. De acuerdo que es un momento que no presenta grandes dificultades. Pero hay que tener esa sensibilidad, esa exquisitez, esa deliciosa ternura para que podamos saborear en toda su dimensión ese regalo del arte que tan bien supo expresar Schumann. Y eso, justamente eso es lo que ha hecho la señora Pires haciéndonos disfrutar, ofreciéndonos un espléndido regalo que hemos podido saborear en toda su dimensión.

Y tras Schumann un excepcional Beethoven cerrando el programa con su Sonata nº 32, opus 111. Ha sido el digno broche de oro, el punto final a un recital donde ha primado la emoción, donde la belleza de las partituras han servido para que Maria Joao Pires nos ofreciera un recital excepcional, uno de esos momentos que se constituyen en hitos dentro de la historia del Festival. Uno de esos momentos apasionantes que hacen buena esa frase que me ha dicho un espectador: esto es otra cosa. Pues eso