Una década de preguntas sin respuestas en torno al caso Lorca

Trabajos de excavación en la zona cercana al monolito dedicado al poeta y las víctimas de la guerra en Alfacar, en 2009./IDEAL
Trabajos de excavación en la zona cercana al monolito dedicado al poeta y las víctimas de la guerra en Alfacar, en 2009. / IDEAL

Desde 2009, tres campañas se han desarrollado entre Alfacar y Víznar para buscar a las víctimas del asesinato

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZ

Desde que el 12 de septiembre de 2008 los familiares de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, dos de las personas asesinadas junto a Federico García Lorca en agosto de 1936, pidieran al juez Garzón la exhumación de los restos de sus antepasados, tres campañas se han desarrollado en Alfacar y Víznar a lo largo de una década para encontrar respuesta a la incógnita del crimen más tristemente famoso de la Guerra Civil: ¿dónde yacen las víctimas?

Colegas e investigadores se interesaron bien pronto por el paradero de Federico. Desde el famoso telegrama de H.G. Wells enviado en octubre de 1936 pasando por las investigaciones, de todo tipo, realizadas por Gerald Brenan, Claude Couffon, Jean Louis Schonberg, Marcelle Auclair, Agustín Penón, Ian Gibson, José Luis Vila-San Juan, Eduardo Castro, Eduardo Molina Fajardo o Miguel Caballero, entre otros, han sido muchos los que han intentado resolver la cuestión.

Solo con el desarrollo de las primeras normativas memorialistas, ya en la España del nuevo siglo, ha sido cuando los esfuerzos se han traducido en campañas de excavaciones sobre el terreno a pesar del continuo llamado de la familia García Lorca –ya advertido por Isabel García Lorca en la carta en protesta por la construcción de un campo de fútbol en 1998, manifestado por los sobrinos del poeta en septiembre de 2003 y reiterado posteriormente en multitud de ocasiones– para convertir la zona que va desde los pozos de Víznar al parque de Alfacar en un «lugar de memoria».

Fases

La primera de las búsquedas se realizó en otoño de 2009 junto al monolito dedicado al poeta y a «todas las víctimas de la Guerra Civil». El punto, un área de 300 metros, se escogió a partir de la investigación de Ian Gibson, al que Manuel Castilla, enterrador de La Colonia de Víznar durante parte de la guerra, le señaló como el escogido para enterrar los restos de los cuatro desaparecidos. Aquel primer intento, liderado por la Junta de Andalucía, no contó con la participación activa del hispanista y resultó estéril.

A finales de 2014 se desarrolló la segunda de las campañas para encontrar a las víctimas. Protagonizada por el arqueólogo Javier Navarro y el investigador Miguel Caballero, que años antes había desvelado las identidades de los asesinos, la búsqueda se llevó a cabo a 400 metros del parque García Lorca, frente al antiguo cortijo Pepino. Se basaba en las tesis de Molina Fajardo y el propio Caballero, que apuntaban a unos pozos en el Peñón del Colorado como destino final de los restos. Los trabajos, que se desarrollaron en diferentes fases, tuvieron que cancelarse antes del final con resultado infructuoso.

Dos años después, a lo largo de un mes, el mismo equipo trabajó en un área cercana tras obtener nuevas pruebas del georradar. La excavación, financiada con aportaciones privadas, se cerró con un informe que valoraba la posibilidad de haber localizado el lugar de ejecución apoyándose en el hallazgo de un proyectil y un casquillo de bala con una deformación que podría ser causada al atravesar un cuerpo y restos de sustrato arcilloso antropizado, evidencias, según los investigadores, de que la zona había sido removida.

Sin restos localizados, la incógnita sobre el destino final de las víctimas impulsa ahora una nueva búsqueda en Alfacar, quien sabe si la definitiva.

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