«El castellano fue el único regalo que me hizo Franco, y no pienso devolvérselo»

El poeta JoanMargarit, ayer en la Feria del Libro./ALFREDO AGUILAR
El poeta JoanMargarit, ayer en la Feria del Libro. / ALFREDO AGUILAR

Entrevista con el poeta Joan Margarit, que esta semana ha ganado el Premio Reina Sofía, y presenta hoy su última obra 'Para tener casa hay que ganar la guerra'

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Joan Margarit cumplió años ayer. 81, concretamente. Y los celebró en Granada, leyendo sus poemas dentro del programa 'Versos en libertad' que ampara el Instituto Cervantes. Hoy seguirá dando a conocer una obra donde conviven con igual fuerza los recuerdos y amores con la propia gozosa angustia de vivir. Arquitecto además de escritor, su más reciente obra es el ensayo 'Para tener casa hay que ganar la guerra' (Austral) que presenta esta mañana, a las 13.00 horas, en el Espacio Central de la Feria del Libro.

Muchos poetas miran mucho hacia fuera y poco hacia dentro. ¿Qué importancia tiene su familia en la conformación del poeta que es?

–Hay dos familias, la que ahora está en Barcelona, y la que está aquí, en Granada, en mi corazón. El poeta no puede mirar hacia fuera, porque fuera no hay nada. Eso, los prosistas. Es muy lógico. Si usted me cuenta su vida, y es digna de una novela, puedo escribirla. Pero para un poeta, no funciona. Lo de fuera va entrando dentro de mí, pero lo cojo cuando ya está dentro, nunca antes.

¿Hay en la arquitectura de edificios tanto ritmo como en la arquitectura del verso?

–El ritmo es algo universal. Todos los filósofos, desde la Antigüedad, han hablado del ritmo de las estrellas, del cielo, de la propia vida. Tú sigues oyendo a Beethoven aunque ya no esté. El artista, en general, trata de explicar, hablando de ese ritmo, lo inexplicable. Este parámetro que presuntamente alguien ha creado, según algunos, alguien, es una protección que nos creamos para consolarnos y protegernos de la intemperie en que nos encontramos. El único consuelo racional que tenemos es tratar la creación, y el azar, desde el punto de vista artístico.

¿Cuál es su opinión sobre el concepto de autoridad?

–Es un concepto animal. En cualquier rebaño de leones o de hormigas, hay un orden establecido para que todo no se vaya al carajo. No hay más que entrar en el vestuario masculino de un gimnasio –en los femeninos no me dejan entrar– para ver lo que somos. Monos gritando.

¿Añorar es volver a vivir?

–Añorar es el miedo al futuro. Cuando piensas que lo bueno está en el pasado, tienes un problema con el futuro. La nostalgia, en el fondo, no deja de ser un rincón apacible. El poema intenta dar algún recurso más al ser humano, sacando más agua del pozo de la persona, llegando a una capa más profunda del ser.

Entendimiento

Viene a la feria representando a la cultura catalana. Si los castellanohablantes entendemos bien el catalán cuando se nos habla despacio, ¿por qué no nos entendemos?

–El entenderse va mucho más allá que entender la lengua. Si no, yendo a clases de inglés entenderíamos a Trump. Quizá no nos estamos entendiendo porque, como todo, los sistemas políticos van cambiando, y se agotan. Cuando alguien sale de un error, hay una filosofía vital que no quiere líos, y le cuenta que de los errores se aprende. Y no se aprende nada. Cuando estás saliendo de un error estás presto para cometer otro. La realidad es que la convivencia se desgasta. Las revoluciones se iniciaron hace un siglo, y ahora estamos viviendo un periodo nuevo. Desde la Revolución Rusa hasta Gorbachov hubo en la URSS 100 millones de muertos. Entonces, se anunció el fin de la historia, y la historia no terminó. Han pasado los años, pero seguimos siendo los mismos: envidiosos, violentos, egoístas.

¿Los políticos yerran más ahora porque están más expuestos?

–Los políticos han perdido el halo que los mitificaba. Ahora, en los debates se escupen unos a otros, y el espectador a veces piensa qué está haciendo cuando los ve. La democracia tiene muchos goces, pero la llevamos gozando casi un siglo, se nos está empezando a estropear, y no tiene respuestas a muchas situaciones. El independentismo y su contrario son democráticos, y cortarle la cabeza a un político no sirve de nada, porque sale otro detrás. Cada vez me ilusiona más la época del Despotismo Ilustrado. Personalmente, agradecería que me mandara alguna persona ilustrada, que no te escupiera, que no te mintiera y no te largara discursos idiotas, y eso es muy difícil. Con todo, hay que seguir intentando entenderse. Es el único camino.

¿Quién piensa que la poesía es sentimiento y no reflexión, es un poeta demediado?

–Más bien es un romántico. El romanticismo tuvo muchos aspectos interesantes, porque descubrió el poder de la persona, pero en los descubrimientos y avances humanos no solo debe verse la ventaja, por mucho que deslumbre. El romanticismo trajo algunas ventajas, pero ha dejado un reguero fácil de mantras absurdos, como ese de querer es poder. No es así, ni por asomo. Hay quien quiere algo y nunca puede conseguirlo. Esto, trasladado al terreno de la poesía, nos ha dejado una serie de paradigmas trasnochados.

¿Para qué le han servido las mudanzas en la vida?

–Para aprender. Durante los primeros diez años de mi vida fui a la escuela dos semestres. Personas que me hayan enseñado algo en la vida ha habido tres. Creo que a gran parte de nosotros nos pasa. Aprendemos algo cuando lo relacionamos con la experiencia propia.

El Premio Reina Sofía, ¿ha sido el mejor regalo de cumpleaños?

–Sí, y el beso de mi mujer al enterarse, también.

¿Para qué sirve un premio?

–La poesía mediocre no sirve casi para nada. Tú intentas hacer grandes poemas, que ayuden y consuelen a la gente. Y lo logras, o no. Eso no lo vas a saber. Si de entrada, te envaneces de cómo te ha quedado un poema, es que eres tonto. Los premios son señales de que algo estás haciendo bien.

Escribe en paralelo en catalán y castellano.

–Claro, porque el castellano fue el único regalo que Franco me dio, y no pienso devolvérselo. Un regalo que me dio, además, a bofetadas. Esto me costó un buen lío, porque hay pocas lenguas en el mundo sin Estado y con cultura, como la catalana, que yo defendí. El catalán es mi lengua materna, y no existe en el mundo ningún poeta que no escriba en su lengua materna. Prosistas sí, poetas no. Por eso sigo escribiendo en ambas lenguas.

LO MÁS DESTACADO DE HOY 13.00 horas

'Viaje en el tiempo al Guadix de Pedro Antonio de Alarcón'. Con Jesús Lens y Gustavo Gómez. Sala Zaida de Fundación Caja Rural Granada.

18.00 horas

Presentación de 'Lista de locos y otros alfabetos', de Bernardo Atxaga. Sala Zaida de la Fundación Caja Rural Granada.

20.00 horas

Presentación de 'Vivir sin permiso y otras historias del oeste', de Manuel Rivas. Espacio Central.

21.00 horas

Conferencia sobre 'El sombrero de tres picos' de Pedro Antonio de Alarcón. Con Andrés Soria. Espacio Central.

Primera jornada con el pasado como gran protagonista

La primera jornada de la Feria del Libro se centró en el pasado más o menos remoto, y las vivencias que arrastra. A veces con humor, como en la muy divertida presentación de Nieves Concostrina y su 'Pretérito imperfecto' o con hipótesis muy deseables detrás, como la que expone Víctor Amela en 'Yo pude salvar a Lorca' que firmó por la mañana.

La tarde trajo también el primer contacto con la música y los libros, con la presentación que de Enric Montefusco y su 'Carne de cañón' hizo el crítico musical de IDEAL, Eduardo Tébar. También hubo espacio para los héroes locales, como el detective del Zaidín del granadino Alfonso Salazar y el faquir del hispanofrancés Romain Puértolas, una de las presentaciones más concurridas. Fernando Marías acercó a los lectores la colección de 20 relatos e ilustraciones por la igualdad 'Como tú', y Nativel Preciado firmó bastantes ejemplares de su más reciente obra 'El nobel y la corista'. La lectura a ocho manos 'Versos de la España diversa' puso fin al sábado.