Mario Casas: «Antes iba en quinta y ahora en tercera»

Mario Casas: «Antes iba en quinta y ahora en tercera»

'Bajo la piel de lobo' convierte al intérprete más taquillero de nuestro cine en un trampero hosco y solitario que vive en las montañas

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

No queda ni rastro del galán adolescente en el protagonista de ‘Bajo la piel de lobo’, un trampero hosco y solitario que vive en lo alto de la montaña despreciando el contacto humano. Un salvaje en la España de los años 30, que se humanizará gracias a las dos mujeres con las que convivirá con desigual resultado. El documentalista Samu Fuentes debuta en el largo con un filme de aventuras rodado en espectaculares paisajes de Huesca y Asturias.

- Existe una tradición de personajes huraños en la montaña. ¿Qué destacaría de Martinón?

- Su soledad. En el siglo XXI nos parece inviable que un ser humano conviva consigo mismo y la naturaleza. Hoy la sociedad nos empuja a ir a trescientos por hora y a necesitar cosas todo el tiempo. Hay que parar y mirar hacia atrás. Crear este alimañero era un reto como actor.

- Un hombre hosco que se humaniza gracias a las mujeres.

- Entran dos mujeres en su vida y al final de la película las ve de otra manera, hasta entonces no se había dado cuenta de quiénes eran. Martinón reflexiona qué le está pasando, porque no conoce ese sentimiento. Yo al principio juzgaba al personaje, sobre todo en esas escenas de sexo que hoy casi serían una violación. El director me dijo que no le juzgara.

- ¿Rodar en esos parajes le contagió el ansia de soledad del personaje?

- Sí. Debe ser por la edad, porque me hago más mayor, pero los dos últimos personajes que he hecho, este y ‘El fotógrafo de Mauthausen’, me han marcado. También puede ser porque tengo más herramientas para componer personajes. Aprendí el oficio de alimañero durante dos meses con un cazador que vive solo en el monte. Sé colocar trampas, he dormido en un pajar, sé hacer fuego, poner lazos, cortar leña, que no es tan fácil... Caminé mucho con un pastor que me enseñó a reconocer olores y heces y pelo de animales. Cuando caminas por la montaña, si te fijas un poco está llena de pistas. Cuando vuelva al monte ya no volverá a ser lo mismo. Pero nunca colocaré un cepo para un animal, ¿eh? A lo mejor sí a un ser humano.

- Engordó para el personaje y después se puso a dieta para ‘El fotógrafo de Mauthausen’

- Cuando leí el guion me imaginé a un gran actor, a un Javier Bardem, para ese aura de hombre rudo y fuerte. Necesitaba la barba, hacerme más grande físicamente. Romper con la imagen que el público tiene de mí, el Mario más comercial. Después de engordar hice una dieta de cuatro meses que me ha cambiado psicológicamente. Subí a los ochenta y algo y me quedé en sesenta y cuatro. Me han variado las costumbres y hasta el metabolismo. Antes me despertaba tarde y comía ‘fast food’. Ahora madrugo a las seis y como mucha verdura. Me ha cambiado la vida.

«Ahora soy más hombre»

- Habla del «Mario comercial». ¿Es una presión que sus películas siempre sean éxitos de taquilla?

- Bueno, eso se debe al tipo de películas que he hecho. Esta sale con 50 copias, no con 200. Fíjate en ‘Contatiempo’, que no fue el superéxito que esperaba Antena 3. Pero en China ha arrasado y en internet se ha descargado muchísimo. ‘Bajo la piel de lobo’ entrará en Netlix después de los cines y se verá en ciento y pico países. El cine empieza a a tener otro recorrido aparte de las salas, donde ya pocas películas funcionan. Y el público que ha crecido conmigo ha variado y se ha hecho más cinéfilo.

- ¿A los 31 años afronta la vida de otra manera?

- Sí. Antes iba en quinta y ahora en tercera. Era más inconsciente, aunque cuando te haces mayor la pata la sigues metiendo hasta el fondo. Ahora soy más hombre, tanto en la vida, para hacerme cargo de mis problemas, como a la hora de preparar mis personajes. He tenido vivencias y eso se nota.

- ¿Qué le parece la marea feminista que ayer cristalizó en el 8-M?

- Si no hubiera tenido el estreno, habría ido a la manifestación.

La humanización de un salvaje

Mario Casas engordó 15 kilos para dar vida a un alimañero en un filme rodado en parajes naturales de Huesca y Asturias.

«Si no quieres un perro, ¿por qué no una mujer?», le pregunta el tabernero (Kandido Uranga) al trampero que encarna Mario Casas en ‘Bajo la piel de lobo’. Y este contesta: «No es un sitio fácil para una mujer. Y son más difíciles de domar». Hasta el minuto 17 de la ópera prima de Samu Fuentes no se escucha ni una palabra. Asistimos a la cotidianidad de un alimañero que sobrevive en la montaña nevada. Una suerte de Grizzly Adams que pasa el día procurándose alimento y calor. Forjado en el documental, Fuentes acierta al mostrar con detalle la rutina de un hombre que se comporta como un animal. Su respiración, sus gruñidos, sus sonidos al comer o al copular hacen que nos olvidemos de que detrás de las greñas y las pieles está el que hasta anteayer era ídolo de adolescentes.

Resulta loable el intento de Casas por trascender de los roles de galán juvenil. Y como sucedía en ‘La mula’ y ‘Toro’, vuelve a salir victorioso del empeño. Los parajes naturales de Asturias y el Pirineo oscense son el escenario de este drama que remite a otras películas de aventuras con personaje solitario y hosco, como ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’ y ‘El renacido’.

La fotografía de Aitor Mantxola y la música de Paloma Peñarrubia con sones de txalaparta poseen empaque atmosférico y sensibilidad. No se puede decir lo mismo de la tensión dramática de una cinta que se alarga casi hasta las dos horas, en la que asistiremos al proceso de humanización del personaje gracias a dos mujeres. Frente a la sumisa Ruth Díaz se contrapone la rebelde Irene Escolar, en un relato agrio y seco de la situación de la mujer en la España rural de los años 30. El animal más fiero que desfila por la pantalla, como ya sabemos desde el principio, no es el lobo, sino el hombre.