El viento cambia el paisaje y la vida del Conjuro

Los aerogeneradores se alzan sobre la 'cuerda' del Conjuro, visibles desde el extremo oriental de la costa granadina y principales protagonistas de las puestas de sol en Alborán. /J. E. GÓMEZ
Los aerogeneradores se alzan sobre la 'cuerda' del Conjuro, visibles desde el extremo oriental de la costa granadina y principales protagonistas de las puestas de sol en Alborán. / J. E. GÓMEZ

El crecimiento del parque eólico de los montes de Motril, Lújar y Gualchos altera las rutas migratorias del litoral de Alborán

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

La tradicional línea quebrada que desde la sierra de Lújar desciende hacia la de la Jara y el cerro del Conjuro, para caer de inmediato al mar de Alborán, ya no es de bosques y matorral mediterráneo. Desde hace una década, sobre la silueta de los montes han crecido grandes molinos de viento, estructuras para la generación de energía eólica, de enormes dimensiones que han creado una tupida red de postes que se extiende a través de la divisoria entre lo que se podría considerar la linde entre la costa oriental y occidental granadina. Es el parque eólico del Conjuro, que ocupa espacios de tres municipios, Motril, Gualchos, Lújar y Vélez de Benaudalla. Molinillos que para muchos se han convertido en un icono de las energías limpias y en un signo de progreso y futuro en verde. Pero en los últimos años se alzan voces que alertan de que el crecimiento de los parques eólicos no es realmente el mejor ejemplo de sostenibilidad a seguir, el impacto paisajístico es evidente y afectan de forma considerable a la biodiversidad que habita en los espacios donde se levantan.

36 Aerogeneradores con diámetros entre 52 y 58 metros, situados en dos parques, uno con 2,97 km lineales para 20 molinillos y otro con 16 aerogeneradores situados en un espacio de algo más de 600.000 metros y 1,3 km. lineales.

Observar la imagen del sol de poniente desde la costa oriental de Granada es toparse directamente con el bosque de molinillos del Conjuro. Cuando en 2007 comenzaron a levantarse sobre el alcornocal de Lújar (que en la actualidad intenta reponerse del gran incendio que lo destruyó en 2015) los molinos fueron recibidos casi con vítores, cuando el primer par de estructuras eólicas alzaron sus brazos sobre el alcornocal, no se podía pensar que en menos de diez años, serían 36 los molinos de viento que se ubicarían en un trazado de algo menos de 3 kilómetros lineales sobre la sierra de la Jara, en Lújar, y otros 1,3 kilómetros lineales y un círculo con alrededor de 600.000 metros cuadrados en la zona que desde las instalaciones militares caen hacia el mar. El primero de los parques alberga 20 molinos, mientras que sobre el Conjuro se alzan otros 16 gigantes que llegan a 73 metros de altura y pesan entre 70 y 150 toneladas, con brazos que abarcan un espacio de 52 y 58 metros de diámetro.

Los molinos del Conjuro no solo han cambiado el paisaje. Geólogos y biólogos afirman que el impacto va más allá de lo que podría considerarse una cuestión estética. Cada uno de los molinillos necesita de caminos y estructuras de servicios que han sido abiertas en el medio natural y que comunican los aerogeneradores con la carretera más cercana a través de una red de carriles trazados especialmente para este fin. A esta alteración de los ecosistemas hay que añadir el impacto acústico de las palas en movimiento y la alteración que generan al moverse a una velocidad de hasta 30 vueltas por minuto. El área de barrido de cada aerogenerador, provoca una alteración aérea en un círculo de más de 2.600 metros cuadrados en el caso de los molinos de 58 metros de diámetro (2.145 en los pequeños). Imagínese una barrera vertical, invisible, con 93.000 metros cuadrados de superficie, como si pusiéramos de pie 18 campos de fútbol, uno al lado del otro.

Los parques eólicos se han convertido, sobre todo los situados en zonas de paso de fauna, en barreras inexpugnables donde las aves que no chocan contra las aspas son derribadas, literalmente, por las alteraciones que las palas generan en el aire. Una situación que se ve agravada si están situados en territorio de migraciones. El cerro del Conjuro se encuentra en el camino de miles de aves que cada año, entre los meses de febrero y abril, realizan su migración prenupcial, un largo viaje entre el norte y el sur, entre Europa y África, que vuelven a recorrer a la inversa en el llamado paso postnupcial. Poco antes de la primavera entre 20.000 y 30.000 aves de más de 100 especies, desde los grandes flamencos a los pequeños insectívoros como golondrinas, vuelan junto al litoral de Alborán, para encontrar el lugar por donde realizar el salto al continente africano y viceversa. Muchas de estas aves, que han pasado el invierno en las costas andaluzas y del otro lado del mar, vuelan sobre la costa para localizar los pasos que les permitan superar las alturas de Sierra Nevada y volar hacia el norte en busca de lugares de reproducción. En septiembre y octubre, lo harán al contrario, tras superar la sierra, recorrerán el litoral en busca de sus lugares de invernada en humedales y zonas naturales de Andalucía y en África. Todas ellas, en cualquiera de sus viajes deberán volar sobre el mar para no toparse con la barrera del cerro del Conjuro.

El cabo de Sacratif, a solo unos cientos de metros del parque eólico, está considerado como uno de los principales puntos de observación de los pasos migratorios, que se realiza a través de una autovía invisible trazada sobre mar y tierra, en el Conjuro, el paisaje no solo ha cambiado, se ha levantado una trampa mortal.

Los beneficios

Datos sobre el parque eólico del Conjuro: 16 aerogeneradores situados entre Gualchos y Motril (Fuente: VyE Energía Renovable)

Inversión: _14,6 millones de euros.

Combustibles fósiles:_ Evita el consumo anual de 7.507 toneladas de petróleo.

Emisiones: _Evita la emisión de 23.000 toneladas de CO2.

Consumo: _Genera la electricidad necesaria para 5.213 hogares.

Energía: _Produce un total de 31,28 GW hora /año.